BLOQUE SIETE (II): “Sin noticias del frente”

Todos los dias, a la misma hora, cuando llego del trabajo a mediodia me encuentro a la señora Vicenta. Es la madre de Carmen, la del segundo izquierda. Una pobre señora que, desde que se vino a vivir con su hija el año pasado ha envejecido mas de quince. Su hija se la trajo del pueblo el día que el dueño de la casa en la que estaba alquilada y por la que pagaba 100 pesetas “de las de antes, que con Franco tenían valor, y no ahora” le dijo que la casa estaba en ruinas, y que tenia que irse. En ruinas…, hasta que la arregló y la puso como casa rural, pero en fin, esa es otra historia.

 

El caso es que hoy, igual que ayer y que anteayer, la señora Vicenta ha bajado al patio, me ha saludado con el acostumbrado “hola joven, hay que ver, que altos son ahora los jovenes. ¿le importaría ayudarme?” y me señala el buzón, al que no llegan sus brazos. “Por supuesto, señora Vicenta, faltaría más”. Le cojo la llave, abro el buzón y miro dentro. Vacio. “Nada, que noy no tiene correo”. “Es por mi pobre Julio”, me comenta, “el pobre está atrapado en Teruel, los nacionales los tienen ya varios dias acorralados y no me puede escribir como antes, que me llegaba una carta casi cada dia, yo solo le rezo a Dios para que esta guerra absurda acabe y vuelva conmigo, aqui, a cuidar las cabras, que falta le hacen”, seguidamente me sonríe, me guiña un ojo y me dice “pero que la ganemos los rojos, eh?”.

Y baja la cabeza, para que no pueda ver su cara de tristeza y de preocupación por la vuelta de su marido, ni esa lágrima reprimida mientras sube por las escaleras.. “yo en ese trasto no me meto, que a saber dónde va”, agarrada a la barandilla y con las piernas temblorosas.

Pero hoy no. Cuando he llegado a casa estaba cambiada, sonriente, resplandeciente. La he encontrado sentada en la escalera y se ha puesto de pie en un salto. Ha venido hacia mi mostrando una sonrisa amplia, que le cubria toda la casa. Me ha cogido del brazo y estirándome para que la acompañara a subir la escalera me ha comentado, en un susurro, “me ha escrito, por fin me han llegado noticias suyas. Ay, mi Julio, que preocupada me tenía. Me cuenta que está bien, que han roto el cerco de los nacionales y que se están recuperando. Que no me había podido escribir porque se ha roto un dedo haciendo una trinchera, el pobre. De hecho la letra no es suya, es de un compañero del frente, el bachiller, le llaman. Y se nota, porque su letra es mucho mejor”. Y se ha puesto a llorar, la pobre, de la emoción. Esas lágrimas contenidas tanto tiempo, que desbordan en el momento que se libera la tension.

 

Esta vez he sido yo el que he bajado la cara, sonriendo y reprimiendo una lágrima de alegría en mi cara.

 

Es lo que tiene el ser filatélico, que siempre tienes sellos de la república guardados en un álbum. Y, ¿qué más da?, ya conseguiré otro igual en un mercadillo. Por supuesto, jamás tendrá el valor que ahora tiene éste.

Una respuesta a “BLOQUE SIETE (II): “Sin noticias del frente”

  1. Hummmmm, me gusta esta versión tierna y melancólica tuya, mucha más que la versión Charles Masón, que tenías en la anterior temporada.

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