Dolor por el amor perdido

“Menudo fin de semana les esperaba”, recordaba que había pensado. Y es que era así: dos parejas de mejores amigos; en una casa rural perdida en la sierra, rodeados de naturaleza; con tiempo para charlar, beber, comer y disfrutar; momentos de amistad sincera, él, su novia, su mejor amigo y la novia de éste.

Y es que era así, llevaban planeándolo mucho tiempo: cenas de planificación, quedadas para discutir destinos, comidas para ver alojamientos, reuniones para decidir responsables de comprar, de reservar.

Pero todo se había truncado, casi desde el momento en que llegaron a la casa, al principio del viaje. No recuerda el momento exacto ni qué fue lo que le llevó a sospechar. Quizá una mirada, un comentario, un roce, una sonrisa…

El caso es que algo vio, intuyó. La forma de comportarse de su novia y su amigo no eran normales. Primero lo negó: “no puede ser, estaré equivocado”. Luego lo sospechó con más fuerza: “dos veces no puede ser casualidad”.

Pero fue en la cena de la primera noche cuando lo descubrió. Su amigo fue a la cocina a hacer café, su novia se ofreció a sacar las tazas. Lo normal en tantas y tantas reuniones que habían tenido. Sin embargo, él se levantó para ir al baño y, al pasar por la puerta de la cocina vio en el escaso hueco que dejaba ésta al estar entreabierta un beso con pasión, dos labios chocando con furia, sabiendo que el encuentro era fugaz y tenían que aprovecharlo.

Entró al baño y se lavó la cara con agua fría, incrédulo. Nunca lo había sospechado, nunca lo había imaginado, jamás se le hubiera ocurrido.

La noche transcurrió sin más, acabaron de tomar café y se retiraron a su habitación. Allí ocurrió lo normal: hicieron el amor, como tantas otras veces, pero él no lo notó igual, se descubrió buscando algún signo que le delatara la mentira, la actuación en ese momento. Pero no lo descubrió, todo parecía normal. Al finalizar, con la luz apagada lloró en silencio. Lloró por la amistad perdida, por el tiempo perdido, pero, sobre todo, por el amor perdido.

El día siguiente, por la tarde, seguía en la habitación, pero ahora sólo. Ahí su llanto ya no fue en silencio. Fue un llanto desgarrador, sincero, por un futuro que se sabía incierto.

Iba a echar mucho en falta esa amistad, esas reuniones, esas risas, esos momentos compartidos, esas confidencias, ese cuerpo. Pero, sobre todo, iba a echar en falta ese amor que ya nunca tendría.

Pero no había tenido más remedio. No debían quedar testigos.

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Fue Silvia quien vino de visita y nos propuso las tres palabras que han estimulado mi imaginación para este relato (amigos, viaje, pasión). 

Gracias, Ana Belén, por tu visita y tus palabras. Espero que te haya gustado y vuelvas a esta casa de vez en cuando.

2 Respuestas a “Dolor por el amor perdido

  1. mmmm…está muy bien. Pero a mi me falta el por qué. ¿Por qué van de viaje los cuatro juntos? ¿Insistió mucho él? Ellos no querrían ni de coña….

    • Moli,
      Planteatelo como un grupo de amigos que llevan muchos años juntos y hacen muchas cosas juntos. Lo raro hubiera sido negarse.
      Ellos ya estaban liados, pero él no lo sabía. Se confiaron.

      Cuídate (o que te cuiden, mejor).

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