El escritor (Fragmento 2)

El dedo iba y venía del botón de encendido del móvil. Cada medio minuto lo miraba, veía su pantalla de inicio, sin notificaciones y lo volvía a apagar. Dos vueltas a la mesa, se volvía a sentar, lo volvía a mirar, se levantaba, iba al sofá, volvía, lo miraba…

Nada, ni una palabra.

– Mierda – dijo, sentándose de nuevo, mientras se llevaba las manos a la cabeza y se frotaba los ojos, cansado de una noche casi en vela.

Cogió el tazón, ya no quedaba café. Se levantó y se fue al armario que hacía de pequeña cocina, a prepararse un poco más. No sabía cuántos llevaba a lo largo de los dos días que estaba encerrado en el ático. La excusa de su nueva novela hacía que su familia no se preocupara, puesto que solía pasar temporadas largas encerrado buscando las palabras exactas para plasmar cuando tenía un proyecto delante, bajando al resto de la casa sólo lo necesario. Todos lo sabían y respetaban ese espacio, sin molestarlo.

Pero aquella vez había sido distinto. Buscaba soledad para pensar, repasar los hechos e intentar arreglarlo. Pero no encontraba salida ni explicación a la situación por mucho que lo pensaba.

– No ha sido para tanto – se repetía – No ha sido para tanto, joder.

Y, de hecho, así lo pensaba y así lo sentía.

Vale, le había gritado, zarandeado y, finalmente, golpeado. Pero luego le había pedido perdón. Había perdido la cabeza momentáneamente, pero es que no soportaba verla de la mano de aquel cantamañanas. Por mucho que ella dijera que era su novio, que le echara en cara que él también estaba casado, que era lo mismo. Pero no, él no lo veía así.

Su situación era distinta, tenía familia, hijos, responsabilidades. Ella podía dejarlo todo, él la mantendría, la cuidaría, la mimaría.

Se lo había explicado, entre lágrimas. Mientras ella se tapaba la cara, hipando y llorando también. Hasta que se levantó, lo miró fijamente a la cara y se marchó sin decir nada, dejándolo a él en el suelo, tirado como una colilla.

Desde ese momento había pasado una semana y él la había llamado más de veinte veces, dejando el mensaje en el contestador en cada una de esas llamadas, suplicando perdón, humillándose. Llevaba más de cien mensajes. El whatsapp, que tan buen aliado había sido de sus confidencias, se tornaba ahora en un tormento, un monólogo que expresaba todo el dolor de la soledad de la pérdida.

Pero estaba dispuesto a recuperarla, a que volviera a ser como antes, como al principio.

4 Respuestas a “El escritor (Fragmento 2)

  1. To be continued… :-)

  2. jajaja. Bona nit, Carlitos ;-)

  3. Yo solo he venido a decir, que he estado aqui, que te he leído y que me ha gustado.

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