Medicina moderna

 

–        Espectacular, soberbio, inconmensurable. Y no sólo por la forma, que es perfecta, tal y como se puede apreciar en su simetría, en cómo una parte se complementa perfectamente a la otra, haciendo del conjunto una armonía placentera a la vista, que atrae la mirada y no deja que ésta se distraiga, sino que invita a recorrer con los ojos cada centímetro. Pero es que, además, está el volumen. Ni mucho, ni poco. En su justa medida. Lo que hace que no hayan partes caídas, ni excesivamente levantadas. No es grande, lo que podría desagradar tanto a la vista como a ciertos cánones hoy aceptados, ni pequeño, que no llamaría la atención que éste despierta. Atención que te lleva a querer palparlo con tus propias manos. Que es, precisamente, otro de sus puntos fuertes, puesto que, al rozar los dedos con cualquier punto de su superficie, notas como tu propia piel se eriza al sedoso contacto, que te lleva a tener que seguir deslizando tus dedos, sintiendo que sería un verdadero crimen el dejar sin recorrer un solo centímetro del mismo. Todo eso sin olvidar que dicho roce hace que se ericen también sus poros, por lo que el tacto se hace, si cabe, más placentero al ver cómo responde al estímulo de la regregadura, tensándose, atirantándose, ratificando esa firmeza que se intuía a primera vista y que acaba de redondear el círculo de la maravilla que me ha presentado. Es, sinceramente y sin miedo a equivocarme, el mejor culamen que he podido observar en mi más que dilatado currículum.

–        Ejem, doctor, le recuerdo que se trata de mi mujer. Y que estamos aquí por anginas…

–        ¿Angina?, ¿de pecho?, magnífico, porque desde que le he visto entrar me ha apetecido el verle también el pecho. Esto va a ser orgásmico.

–        Pero, pero…

–        Nada, nada, amigo… esto es medicina, medicina moderna. El dospuntocero ese que llaman…

 

 

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Fue @Goroji quien vino de visita y nos propuso las tres palabras que han estimulado mi imaginación para este relato (Culamen, orgásmico, currículum).

Gracias, Iñaki, por tu visita y tus palabras. Espero que te haya gustado y vuelvas a esta casa de vez en cuando. Este relato se publica al unísono en el blog de Iñaki, www.sobrevivirrhhe.com, dentro de su sección “Sábado, sabadete”. Un honor, como de costumbre, el estar en su casa.

 

PD: Sirva también esta entrada como un guiño a todos aquellos fantásticos profesionales de la salud que se pasan por este blog y que, con seguridad, tienen un gran sentido del humor.

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