Necesidad

Marisa abre la ventana, en busca de una ráfaga de aire fresco que sabe que no va a encontrar, pero lo intenta. Este verano aprieta el calor, pero no han encendido el aire acondicionado. La familia lo mitiga como puede a base de cerrar persianas para mantener la casa fresca y de los abanicos improvisados con los catálogos del super, que se acumulan en el cubo llenos de anotaciones sobre comparaciones de precios entre ellos.

Se da la vuelta en la cocina y se dirige al fregadero. Abre el grifo y espera a que el agua caiga un poco, para tenerla más fresca. Coge una poca con las manos y se la lleva a la nuca, con cuidado de que no le toque la cara, recién maquillada y apartando la melena oscura, peinada para la ocasión.

Los sonidos que le llegan desde el comedor hacen que asome la cabeza por la puerta. Allí está Pedro, en calzoncillos para no pasar calor, jugando con la caja de botones. Ha construido un campo de fútbol y recrea en él los partidos que sus ídolos juegan sobre el césped. Marisa lo mira, tierna y sonríe al verlo feliz, en su mundo lleno de ilusiones, juegos y fantasías.

Vuelve a la cocina y mira el frigorífico. No le hace falta abrirlo, sabe de memoria lo que contiene: un brick de leche, dos manzanas, media docena de huevos y un tomate al que le falta un gajo, el que ella le ha quitado para comer hoy. Todo sobre el mismo estante, el resto está vacío.

El viejo reloj que hay sobre la campana de la cocina marca las 8 de la tarde cuando Marisa escucha cómo se abre la puerta de casa. Se pone en pie y sale al recibidor. Juan llega en ese momento, cierra la puerta lentamente. Se miran a los ojos. Marisa vuelve a ver la derrota en ellos justo en el momento en que Juan niega con la cabeza mientras la baja.

Marisa da un paso hacia su marido y lo abraza. Él se deja hacer, cogiéndola con fuerza por la cintura y hundiendo la cabeza en su hombro. Le cuesta respirar, está haciendo un esfuerzo por no llorar. Marisa lo nota. Se separa lentamente, le sube la cara poniéndole los dedos en la barbilla y le da un beso. Sonríe mientras le quita el carmín de los labios, intentando que él también lo haga. Juan le devuelve una sonrisa amarga, forzada, haciéndose el fuerte.

Están un instante así, mirándose y forzándose a sonreír, hasta que Marisa se separa y avanza hasta el armario. Saca los zapatos de tacón y se los pone. Mientras, escucha como Juan abre el grifo y se pone un vaso de agua.

Una última mirada en el espejo, un último retoque con el pintalabios, un último arreglo al vestido y Marisa se dirige hacia la puerta de casa. Al abrirla se gira, en el cristal de la puerta de la cocina ve reflejado a Juan, que está sentado en una silla, ha dejado el vaso sobre la mesa y hunde su cara entre sus manos, dando rienda suelta a aquello que no ha querido hacer mientras ella estaba delante.

Marisa coge aire y gira sobre sus talones, apartando esa imagen de su vista. No le queda más remedio, tiene una familia a la que dar de comer y sabe que en la calle siempre hay gente dispuesta a pagar por un rato de amor, aunque el suyo, el verdadero, lo deba dejar en casa para ello.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Fue @BlancaUsoz quien vino de visita y nos propuso las tres palabras que han estimulado mi imaginación para este relato (Vacío, amor, verano). 

Gracias, Blanca, por tu visita y tus palabras. Espero que te haya gustado y vuelvas a esta casa de vez en cuando.

2 Respuestas a “Necesidad

  1. Muchas gracias, es un honor que hagas un relato tan bonito con mis palabras.
    Hace poco ví un programa sobre este tema. Mujeres reales como Marisa : buenas, inteligentes, cotidianas y valiosas . Algunas lloraban amarga y resignadamente. Explicaron por qué no hacían otros trabajos y qué les había empujado a éste.
    Me impactó verlas, me llegaron.
    Un beso

    .

    • Gracias, Blanca, por tus palabras y tu comentario.
      Lamentablemente, la necesidad lleva a muchos extremos, éste es uno de ellos pero, seguro que los hay peores.
      Un beso.

Deja un comentario