Negro sobre blanco (I)

Fotos Sobre Nolo

No es belleza. No es el trabajo, ni un título, ni una carrera, ni es la pareja. Y, por supuesto, ni mucho menos es el dinero.

Son gestos, detalles, movimientos. Miradas de alguien que, sabiéndose que lo es, le sale natural no demostrarlo, descendiendo a la altura del resto de los mortales que no lo son de forma que estos últimos no se sientan incómodos.

Son miradas, bien directas o a través de unas maravillosas gafas de sol que se llevan cómo si hubieran caído ahí, o estuvieran ahí desde el principio de los días.

Son palabras, silencios. La forma de conversar, de escuchar, de asentir. De aseverar y exigir, de suplicar y pedir perdón.

Y, sobre todo, es elegancia: Desde la punta del pie hasta el último pelo de la melena. Elegancia al andar, al mirar, al vestirse. Elegancia para adaptarse al entorno, por muy fuera de su círculo que se esté. Elegancia para entablar conversación, presentarse, sentarse y pedir un café con leche.

Y es que hay muy pocas mujeres que puedan ser, realmente unas autenticas Señoras, con mayúscula. Con todo lo que la acepción de la palabra conlleva.

Nolo lo sabía y era capaz de identificarlas a la primera. En aquel caso no le costó más que el parpadeo al verla entrar al bar de Lola. Desde que la vio pararse a en la puerta, tras los cristales, coger aire y entrar. Le bastó un breve recorrido por la superficie del bar para reconocerlo a él y dirigirse hacia la barra para presentarse.

No había duda, toda una señora: de edad indefinida, pero ya pasados los 45, seguía conservando una belleza natural y un cuerpo perfectamente modelado pese al abrigo, como pudo comprobar cuando se lo quitó, al sentarse en la barra del fondo.

Elegancia a la hora de pedir un café con leche y remarcar: “Con azucar”, nada de medias tintas ni malas interpretaciones. Elegancia para verter el contenido del sobre, agitarlo y coger el tazón, llevárselo a los labios y soplar antes de probarlo.

Elegancia hasta para simular una lágrima en el momento en que sacó el sobre del bolso y lo dejó sobre la mesa, al alcance de la mano de Nolo.

Nolo lo cogió, sin quitar la vista de los ojos que lo miraban expectantes y lo empezó a abrir, aunque tenía muy claro lo que contenía sólo por el tacto sobre el papel, por la historia que ella le había contado y hasta por la forma en la que había contactado con él.

Metió la mano en el sobre y sacó cinco fotos, que fue pasando lentamente, sin perder detalle de lo que en ellas aparecía. Ella esperaba paciente, con su café con leche en la mano a que Nolo levantara la vista para continuar  el relato que la había llevado hasta allí. No tuvo que esperar mucho tiempo.

– Es él – Aseguró Nolo, al volver a mirarla a los ojos.

Ella asintió y se dispuso a seguir hablando.

(Continuará)

 

16 Respuestas a “Negro sobre blanco (I)

  1. Ha vueltooooooo! o por lo menos es la primera vez que lo leo y es que mi vida es asín de triste!!! pero es ÉL!!!!!!!

    • ¿No conocías a Nolo?
      ¿En serio?, pues yo creía que sí, pues pensaba que habías aterrizado en este blog antes de su aparición.
      Bueno, pues me alegro de que lo conozcas, cualquier momento es bueno.
      Y, si quieres, puedes leer la primera temporada en el blog… o esperar a que salga la película ;-)

      Gracias, como de costumbre, por pasarte y comentar.

      Besos.

  2. no, claro que conozco a Nolo, pero no estaba segura de si esta era su reaparición o simplemente es que se me había pasado algún post que leo cada viernes porque me llega al correo. (estoy suscrita, #yoconfieso) en fins, que CHUPIIIIIIIII, NOLO HA VUELTOOOOOOOOO

  3. Nolooooooooo!! Te hemos echado de menos!
    Gracias por traerlo de nuevo!

  4. ¿Cómo que la pelicula? Antes de eso tendrá que venir el libro, que ya veo que quieres escurrir el bulto, jajaja…

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