Negro sobre blanco (III)

¿Te perdiste los capítulos anteriores?. Aquí los tienes: 

Fotos Sobre Nolo

Había pasado casi medio año. Nolo lo recordaba bien, puesto que conservaba una memoria privilegiada para todos sus casos. Su olfato de policía le había enseñado a recordar cada prueba, cada gesto, cada foto, cada mirada, letra o conversación por si en el futuro le pudiera valer. Y ahora, que se dedicaba a investigar por su cuenta conservaba esa memoria, ese recuerdo, esa rutina.

Además, ese caso había sido especial. No por la complejidad ni por la originalidad del mismo, al fin y al cabo, no era más que una infidelidad más, una de las que últimamente ocupaban su tiempo y que le ayudaban a continuar con su vida. Una infidelidad que se había saldado con poco más de un mes de seguimiento, un par de carretes de fotos, un micro escondido bajo una mesa de un restaurante y un par de pinchazos telefónicos.

Ni tan siquiera la pareja a seguir había sido original; él, un hombre atractivo, pasados los 40, con dinero y algo de fama; ella, una joven de poco más de 20 años, atraída por un hombre maduro y rico, al que idolatraba más que amaba y con el que veía un futuro prometedor.

Pero a Nolo quien le había marcado había sido ella, la mujer que le había realizado el encargo, la esposa del adúltero. Desde el primer momento en que empezó a hablar con ella, su personalidad y maduro atractivo lo había cautivado, descubriéndose más de una vez buscando una excusa para quedar con ella durante el caso, más de lo estrictamente necesario, sólo por compartir un rato juntos.

Por eso ahora, casi seis meses después de haber entregado el dossier del caso y cobrado lo pactado, en la misma mesa del bar de Lola en el que habían estado hablando por primera vez y ella le había hecho el encargo, no podía dejar de mirar el periódico del día, abierto por la página de sucesos en la que aparecía la noticia de una joven desaparecida junto a una foto que mostraba una cara conocida por estudiada, por seguida, por fotografiada, como podría demostrar en los negativos que todavía conservaba en su casa. Una cara que había dejado de ver hacía casi seis meses pero que no había olvidado.

Por eso, en esa misma mesa, en la misma en la que había empezado el caso, en la misma en la que había conocido a aquella mujer, se preguntaba si debía llamarla para conocer de primera mano sus impresiones sobre la desaparición o debía dar por cerrado el caso una vez ya entregado y cobrado.

(Continuará)

 

 

2 Respuestas a “Negro sobre blanco (III)

  1. Pingback: Negro sobre blanco (VIII) | M e l m a s t i a

  2. Pingback: Negro sobre blanco (IX) | M e l m a s t i a

Deja un comentario