Negro sobre blanco (V)

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Fotos Sobre Nolo

Nunca se había desprendido de aquella placa. Siempre alegó que la había perdido en mitad de la persecución, pero no era así, la guardaba. Estaba anticuada, ya no se utilizaba, pero nadie fuera de los cuerpos de seguridad conocía la diferencia, todos la tomaban como buena.

Nolo lo sabía, y por eso la utilizaba cuando le interesaba. Sabía que le abría muchas puertas, como bien había sido aquel mismo día, en casa de ese matrimonio de gente mayor, destrozados por la pérdida de una hija, ansiosos de cualquier pista o detalle o noticia sobre ella y que le hubieran abierto la puerta hasta el mismísimo diablo con tal de tener la esperanza de recuperar a su niña.

En su propia desesperación, no les pareció raro que un inspector de policía se presentara en su casa a última hora de la tarde, ni que estuviera solo, ni que casi ni les hiciera preguntas sobre su hija y su desaparición, ni tan siquiera que les pidiera que le dejaran solo en la habitación de su hija “para buscar pistas”. Una habitación repleta de libros por todas partes, paredes llenas de estanterías con libros de todos los colores y condiciones, sólo interrumpidas por un pequeño escritorio en el que un portátil abierto, una libreta, un tarro con bolígrafos y un pequeño diccionario parecían esperar el momento para volver a la vida, ansiosos también de tener cerca a su dueña.

A cambio, sólo tuvo que aguantar la charla, las explicaciones y las preguntas ansiosas de respuesta de un matrimonio abatido, desesperado, que relataba con lágrimas en los ojos las últimas horas de su hija desaparecida junto a ellos, las bondades de ésta, la tranquila vida que llevaba entre sus libros y sus escritos y, al mismo tiempo, se lamentaba por la suerte que estaría corriendo en aquellos momentos su novio, un pobre diablo al que la policía había detenido y al que seguro estaban sometiendo en esos momentos a uno de los interrogatorios que Nolo tan bien conocía, sin parar de disculpar al chico, sin para de decir que no era capaz de poner un dedo encima de su hija, de no hacer daño a nadie, todo ello salpicado de ruegos y premuras de actuación por parte de la policía.

Pero la visita no había sido en vano. Entre la montaña de libros y papeles de la habitación encontró un manuscrito, un paquete de folios encuadernados con un simple espiral y una tapa de plástico transparente en la se podía ver una pegatina con un título y el nombre de su autor, un nombre que le sonaba bien por las señas que le habían dado meses atrás para poder seguirlo, hacerle fotos y pillarlo con su amante. Un nombre al que asociaba a una fotografía recibida en el bar de Lola, una imagen mil veces repasada  y que últimamente no salía de su mente. Un hombre al que esperaba destrozado pero del que le habían asegurado que estaba perfectamente.

Por eso, ahora, mientras tumbado en su cama leía el borrador del libro que había cogido de la habitación, Nolo pensaba que estaba cerca de conocer el paradero de la chica, que su intuición no le iba a fallar, que lo que leía se asemejaba mucho a una historia real y que, sin falta al día siguiente, tenía que conseguir hablar con el autor de dichas líneas, para saber de primera mano si lo escrito era mera fantasía o se podía trasladar a una situación actual.

Cerró el libro, tomó el último trago del vaso de whisky de la mesita y se quedó mirando al techo, pensando cómo abordar a la persona que pensaba clave en todo el caso y cuyas palabras escritas tanto habían sorprendido.

Continuará…

5 Respuestas a “Negro sobre blanco (V)

  1. No te das cuenta que nos dejas siempre con las ganas de mas? Ya te vale!!!! Escribelo todo de una vez, que me quedo sin uñas!!!

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