Negro sobre blanco (VII)

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Fotos Sobre Nolo

No le hizo falta mirar el reloj, el suave ronroneo de un motor le avisó que la hora de la cita había llegado. Levantó la vista y vio acercarse por el camino un deportivo de gama alta. Su primera cita había llegado.

El coche giró al llegar a la casa y, lentamente, se dirigió hacia la parte de atrás, en la que se encontraban los garajes que Nolo había visto en su inspección anterior. Nolo se levantó del asiento y fue hacia allí, siguiendo con su vista el trayecto del coche.

Llegó al garaje justo cuando él estaba cerrando la puerta del coche. Nolo se acercó, pese a haberlo visto tantas veces, haberlo fotografiado, haberlo seguido, nunca había estado tan cerca de él. La verdad es que llenaba la estancia con su presencia. Era una de esas personas que transmiten confianza, aplomo y Nolo lo sintió. Su mirada, penetrante; su expresión, seria; su semblante, altivo hubieran intimidado a cualquiera. Nolo no se arrugó, estaba acostumbrado a tratar con gente de la peor calaña por muy bien vestidos que estuvieran. Sin embargo, aquel no era el caso. Su mirada, aunque fría, no denostaba maldad.

Nolo dio un paso al frente y se le acercó, con la mano estirada. Él le devolvió el saludo con un apretón también firme. No dio tiempo a preámbulos, sin soltar la mano preguntó:

– ¿Por qué debo creerle? Todavía no se porqué he venido.

– No tendrá que creerme a mi – Respondió Nolo – Lo podrá escuchar de primera mano en la voz de su mujer.

– ¿Ha quedado con ella?

– Sí, con la excusa del manuscrito he quedado aquí, en media hora. De ahí que también lo hiciera con usted un poco antes. Quería que lo escuchara.

– Comprenda mi incredulidad. Su acusación es muy grave, y más, haciéndola hacia mi mujer.

– Lo se. Se lo que hago. Confíe en mi. En un rato usted mismo lo podrá comprobar y podrá tomar sus propias decisiones.

– Entonces, su plan es que yo esté presente en la conversación.

– No. Lo mejor es que nos escuche sin que le veamos, dejando que su mujer confiese creyendo que nadie la escucha. Le he traído una grabadora, para que la pueda llevar y grabar la conversación. Le servirá de prueba en la policía.

Se miraron a los ojos, sosteniendo la mirada. Él suspiró, soltando, por fin, la mano de Nolo. Bajó la cabeza y la movió.

– Lo siento, me cuesta creer que ella fuera capaz de hacer tal cosa. Una parte de mi desea que sea verdad, para acabar con este calvario, pero la otra me impide pensar que sea como me lo ha contado. Todavía me debato entre creerle o irme por donde he venido. ¿Qué gana usted con todo ésto?

Nolo levantó el labio, una media sonrisa de complicidad, de comprensión, de acercamiento.

– Hace tiempo, mi hija desapareció. Al final la encontraron, había sido asesinada. Como policía no fui capaz de hacer nada por evitarlo. Simplemente me he puesto en el papel de los padres de esa chica. Me sobra con ahorrarles el sufrimiento de la espera, aún a costa de certificarles la muerte de su hija.

Él asintió, comprendiendo. Le puso la mano en el hombro y dijo:

– Lo lamento, mucho. De acuerdo, voy a confiar. Cuénteme su plan.

Salieron del garaje y se dirigieron hacia la casa. Durante el trayecto, Nolo le fue explicando los pormenores del plan que había trazado y que le llevarían a resolver el caso cerciorándose de lo que había leído.

Continuará…

8 Respuestas a “Negro sobre blanco (VII)

  1. La mala sombra…. asi que fue ella!!!!

  2. A ver…unas cuantas cosas.

    “Me cuesta de creerla a ella”..no,no,no. “Me cuesta creer que ella”

    “Me debato entre creerle e irme” no, no, no. E sustituye a y, y no te debates con una y, te debates con una o. “Me debato entre creerle o irme”.

    Y no me mates..eh…XD

  3. De nada. Ha sido un placer.

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