Regarde-moi!

 

París

 

–       Todo va a ser perfecto – dijo él.

Hasta el momento, lo había sido. Por lo menos esa noche: cena con velas en un restaurante de mesas con manteles rojos y camareros que susurran, medias voces al hablar entre ellos, confesiones, risas, todo bañado con un Moët Chandon.

Ella levantó la vista del sobre con los billetes de avión a París y la detuvo en sus ojos,  unos ojos que suplicaban perdón, que anhelaban una vuelta atrás, al principio de todo, cuando el cielo brillaba completamente azul y todos los días las mariposas visitaban su estómago.

París siempre había sido su ciudad favorita, él lo sabía, pero por circunstancias de la vida, durante los años que vivió en Francia siempre que había viajado allí había sido en plan turismo cutre, con familiares y amigos, todo deprisa y corriendo.

–       Todo va a ser perfecto – repitió él, dibujando una media sonrisa en su cara, a la espera de una respuesta

–        Todo va a ser perfecto – repitió ella.

Merecía esa oportunidad, pensó. Se está esforzando tras los últimos errores.

 

Pero no lo fue.

 

En París hacía mucho frio en esa época, noviembre, un mes especial para ambos.

Ella soñaba con cenar en Bateau mouche, él señaló que era demasiado caro.

Ella quiso visitar un museo, él le dijo que no le apetecía.

Ella quiso pasear, él prefería coger un taxi.

Ella quería sentarse en el suelo, mirar a la gente, visitar a los bouquinistes, tomar café en plazas tranquilas, mirarle a los ojos, él estaba ausente, no la veía.

En el camino de vuelta al hotel, ella quiso caminar, él no, se perdieron, ella estaba feliz, perdida por las calles de París, él estaba enfadado, gritaba, no entendía porque ella se sentía tan bien y eso aún le enfadaba más.

 

Llegaron al Hotel, él enfurruñado con el mundo, soltando maldiciones, asustando hasta al recepcionista. Ella sonriendo: había tomado una decisión: Jamás volvería a París con él.

 

…..

 

–       ¿En qué piensas? – dijo él

Ella cerró los ojos, lentamente, dejando que sobre sus párpados se fijara el azul del cielo de París, traspasándolos hasta fundirse con el azul de sus pupilas, descansando sus rubios cabellos sobre el pecho de él, sintiendo su corazón, al igual que la media hora que así llevaban, sin hablar, simplemente escuchando el gentío que paseaba por los Campos de Marte, mientras ellos estaban tumbados en el césped.

–       En poca cosa, en lo poco que ha cambiado París en los años que no he venido, pero lo diferente que yo lo veo. – contestó.

Acercó sus labios a los de él, lo besó, disfrutando cada segundo con ello y sintiendo como las mariposas revoloteaban por su estómago, alegres.

 

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Este relato está basado en hechos reales, así que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o no.

Me gustaría agradecer a quien me suministró la información sobre el viaje y me proporcionó la verdadera historia, dejándome total libertad para modificarlo y dar rienda suelta a mi imaginación. En el texto podrá reconocer párrafos enteros suyos, salidos de su verdadero viaje.

Ha sido un verdadero placer el poder tener su punto de partida para este relato.

Un beso.

 

13 Respuestas a “Regarde-moi!

  1. Carlos, simplemente fantástico. Es genial empezar asi el dia. Gracias.
    Julián

    • Vaya, Julián.
      No te esperaba a ti por aquí. Gracias a ti por pasarte y dejar un comentario con esas palabras.
      Me alegro que te haya gustado.

      Un saludo.

  2. Me encanta. Sencillamente genial. Pero una duda, el del primer párrafo sigue siendo el mismo del último?

    • Gracias por tu comentario Laila.
      ¿Quién es el segundo?
      Jejej, eso lo dejo a vuestra elección, sólo te recuerdo que ella tomó una decisión. Probablemente la haya seguido a rajatabla.
      Besos.

  3. jejeje, eso me imaginaba!

  4. Hola
    Laila, yo también he pensado lo mismo que tú. He releído y ya me ha quedado claro.
    Ella prefería una cosa y él otra, pero solo era el reflejo de que ella quería mirarle a los ojos y él no la veía.

  5. o que nunca supo verla de verdad, no Blanca?

  6. Hay miradas que lo dicen todo y miradas que no dicen nada.
    Hay miradas que lo ven todo y miradas que no ven nada.
    Hay miradas llenas y miradas vacías.

    ¿Con qué ojos estáis mirando el relato?

    Gracias por comentar.

    Un beso, Blanca y Laila.

  7. Que bonito. Yo adoro París y esta historia es muy particular pq cada uno la puede interpretar a su manera :)

    • Gracias Olga.
      Me alegro que te guste el relato.
      Yo he estado dos veces en París y ambas han sido demasiado rápidas, espero volver algún día con más calma y verlo “con otros ojos”.
      Gracias por pasarte y comentar.
      Encantado de tenerte en esta casa.

  8. Puede ser Laila, no lo sé.
    Lo que sí creo es que las mariposas vienen, se van y si vuelven otra vez seguro que acaban marchándose de nuevo.

  9. No hay duda de cual va a ser la próxima ciudad que visite.
    Gracias Carlos, por regalarnos estas palabras, este relato.

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