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Acantilado

Tumbado boca arriba, iba moviendo las manos lentamente, separándolas y juntándolas a su cuerpo, dejando que sus dedos se dejaran acariciar por la hierba, que aquella noche estaba húmeda, fresca.

Mientras, su imaginación volaba unos cuantos meses atrás, durante el final del verano. En aquel mismo sitio, en la misma posición, pero, en aquella ocasión no estaba sólo. Le acompañaba Eva. La había conocido aquella noche, en el baile de las fiestas del pueblo. Le había cautivado su sonrisa, su larga melena morena y su forma de mover las caderas mientras bailaba.

Tras una charla y un par de copas, se descubrieron andando por la vieja carretera que llegaba al acantilado, cogidos de la mano, hablando con sonrisas y medias miradas. No hizo falta ninguna palabra, se tumbaron en la hierba, contemplando la luna, hasta que un breve roce hizo que saltara la chispa: primero un beso, tímido, tanteando, al que dio paso un roce con la lengua en los labios. A partir de ahí las manos entraron en acción.

Sus cuerpos, ya desnudos, se encontraron ávidos de calor, bailando al compás de la música de gemidos, susurros y respiraciones entrecortadas.

Sacudió su cabeza, para quitarse esa imagen de su mente y se levantó del suelo. Se quedo de pie y miró fijamente al horizonte, en el que la rectilínea que separaba el mar del cielo sólo se veía rota por el reflejo de la luna llena sobre el agua, calma en aquella madrugada tranquila.

Dio dos pasos hacia delante, hasta llegar al borde del acantilado y miró hacia abajo. La pared bajaba recta hasta las rocas, en las que relucía la espuma blanca que creaban las olas al chocar contra las piedras. Estuvo un buen rato mirando hacia ellas, intentando descubrir alguna pista, algún indicio, alguna imagen que pudiera lleva a alguien descubrir el bulto que minutos antes había dejado caer.

Sus sentidos no le devolvieron más que el rumor de las olas al chocar y el aroma salado del mar. Se había asegurado de que aquel pequeño bulto no saliera a la superficie una vez arrojado.

Asintió. Giró sobre sus talones y, mientras una lágrima recorría su cara, comenzó a andar de vuelta hacia el pueblo. Andaba lento, no quería llegar a aquella casa en la que sabía que una joven le esperaba llorando por la pérdida de un hijo que, desde un principio, ambos supieron que no debían tener.

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Fue @erfran72 quien vino de visita y nos propuso las tres palabras que han estimulado mi imaginación para este relato (carretera, agua, rectilínea).

Gracias, Fran, por tu visita y tus palabras. Espero que te haya gustado y vuelvas a esta casa de vez en cuando.

Pequeñas gotas

Pequeñas islas líquidas sobre una madera ávida de ellas a la que se le ha privado de la capacidad de absorber.

Lluvia, al fin y al cabo, sobre una mesa barnizada.

Cámara: Nikon D3100

Apertura: f/5,6

Velocidad: 1/125 s

Sensibilidad: ISO-400

Flash: NO

Photoshop: NO

Sed mortal

.. Deja que beba del agua de tu rocío. Prefiero morir con ella que vivir sin haberla probado.

Cámara: Nikon D3100

Apertura: f/8

Velocidad: 1/125 s

Sensibilidad: ISO-360

Flash: NO

Photoshop: SI. Recortada para mejorar el encuadre.

 

Rio

La vida fluye como el agua de un río.

Déjala correr y disfruta viendo su camino

 

Cámara: Nikon D3100

Abertura: f/18

Velocidad: 20 s

Sensibilidad: ISO-200

Flash: NO

Photoshop: NO



SIMPLEMENTE, VIDA

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Bueno, sólo es un árbol. Su tronco, sus ramas llenas de hojas verdes y frutos. Vale, también es vida.

Y bueno, sólo es agua. Cristalina, refrescante o cálida, liquida, escurridiza. Y vale, lo acepto, también es vida.

Y, al fin, y al cabo, sólo es aire. Gases transparentes moviéndose por la atmósfera, meciendo las ramas de los arboles, secando la ropa tendida, meciendo las olas del mar y alborotando las cabelleras. Y también tienes razón, es vida.

Y, por eso mismo, si cuando me separo un kilómetro de ti, me falta el aire, me muero de sed y los arboles pierden su color.

Imaginate ahora, que te tengo a 8.291 kilómetros de distancia. No es que me falte todo, es que me falta la vida.

Gotas de agua



 

Del mismo grifo, de diferentes.

Dulce, salada.

Da igual cómo sean las gotas de agua y de dónde procedan. Siempre es posible juntarlas para que hagan algo más grande.

¿Y si aprendiéramos de ellas?

 

Cámara: Nikon D3100

Apertura: f/5.6

Velocidad: 1/60 s

Sensibilidad: ISO-400

Flash: NO

Photoshop: NO