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Sé que esperas un “Te quiero”

Estimada Clara:

Por fin, tras mucho tiempo meditando y pensando, me he decidido a escribirte estas palabras. Tenía mis sinceras reservas, pero he llegado a la conclusión de que no debía tener miedo a escribirlas puesto que dudo mucho que las leas. Tú, con todos tus estudios, todas tus publicaciones, todas tus revistas científicas no vas a rebajarte en leer este blog de un pobre diablo que no hace más que dejar plasmadas aquellas ocurrencias que se le pasan por la cabeza. Y, ¡encima!, mentiras, cuentos y relatos inventados en los que el rigor científico y el estudio real y pausado no tienen cabida.

Por eso he tomado la decisión de dejar aquí plasmadas mis intenciones, no tengo ningún miedo a que las descubras y, mucho menos, a que las leas, dado que, de ser así, no serás capaz de dilucidar la certeza de las mismas.

Tú, la gran antropóloga, la gran erudita de la raza y el comportamiento humano, la gran conocedora de los entresijos por los que las personas se mueven, piensan y actúan siempre lo has tenido claro y, por ello, lo has explicado en las decenas de artículos publicados en libros y en revistas de rigor: La naturaleza humana no es poseedora, es conseguidora. No nos sirve el tener algo, el poseerlo, el ser dueños de lo más anhelado. En el momento en que cae en nuestras manos lo que ha sido objeto de deseo durante mucho tiempo pasamos página rápidamente, dando un salto más, buscando un punto más allá de ese objeto largamente buscado. No nos sirve con tener, la tenencia no es más que la consecución de una meta intermedia, aquello que sirve a nuestro ego para convencerlo que somos capaces de realizar lo que se propone, lo que nos propone.

Pero necesitamos más, no podemos parar ahí. Una vez alcanzado el objetivo, inmediatamente, pasamos a uno superior, otro que nos vuelva a hacer sentir vivos, a buscar el placer de obtener. De ahí que queramos un coche más grande, una casa más grande, más dinero en la cuenta.

Por eso nunca te declararé mi amor. Nunca dejaré que sepas que lo tienes, que es tuyo, que ya lo posees. Por mucho que sepa que hace tiempo que soy tuyo, desde lo más profundo de mi. Pero no escucharás dichas palabras pronunciadas por mi.

Eso te obligará a esforzarte, a superarte, a buscar la manera de alcanzar algo que no tienes, que sabes que está ahí, al alcance de tu mano, pero que no puedes agarrar. Eso te desesperará. Tú, que hasta ahora has conseguido todo aquello que te has propuesto, no serás capaz de tener algo tan simple como mi corazón. Tú, acostumbrada a ganar y desechar corazones no concebirás que haya uno que se te resista. Por eso pelearás.

Seré consciente que tendrás que divertirte por el camino. Que una tensión excesiva te puede llevar al hartazgo, por eso te iré dejando migajas de mi pasión, a ratos, a días, a meses. Haciéndote creer que estás a punto de alcanzar algo que ya tienes, pero que no sabes de su posesión, para, inmediatamente después, volver a alejarme, dejándote con la sensación de que lo pierdes, de que se te puede escapar, de que no puedes conseguirlo todo.

Sé, también, que eso hará que te sientas insegura, por lo que tendrás que reafirmarte en tu alma de cazadora y saldrás a por algún otro corazón. Corazón que, por supuesto, conseguirás, dadas tus altas dotes para la caza humana pero que, tal y como consigas, volverás a desechar en la búsqueda de más carnaza para tu colección.

Pero seguirá reconcomiéndote el no tener el mío, el que haya uno que se te resista. Por lo que no podrás resistir la tentación de volver a por él, de seguir tentando en su consecución.

Y yo, enamorado hasta la médula, me volveré a hacer el fuerte para no decirte que te quiero, que hace tiempo que me tienes, que no puedo sentir por ti más de lo que ya siento por miedo a que, una vez me consigas, me dejes para ir a conseguir algún otro corazón que se te antoje.

¿Soy un cobarde? Es posible. Pero es el miedo a perderte el que me lleva a escribir estas letras. Aún arriesgándome a que las leas, te convenzas y me dejes. También puedes tomar, si quieres, esta carta como nota de suicidio. Pero yo también necesito tomar aire de vez en cuando o mi corazón estallará.

Creo que vale la pena el riesgo.

Desde hace tiempo y, ahora ya, seguro, siempre tuyo.

M.