Archivo de la etiqueta: chicle

Deuda pendiente

En el local estaba sonando “La chica de ayer”. Le gustaba aquel pub por el tipo de música. Cogió el vaso de la barra y se giró hacia la sala.

Allí se encontró de frente con una mirada asombrada, una mirada que, al cruzar los ojos con los suyos, se sumió en un mar de preguntas, y que le transportó a otra similar quince años atrás.

Como cada tarde de aquel caluroso verano entró a la sala de recreativos en la que había quedado con sus amigos. El local estaba, como de costumbre, impregnado de un aroma a gominolas y chicles, lleno del sonido del “bomb jack”, el “bubble bobble” y “out run”, junto con los de las bolas de billar al chocar y el de las palas de ping pong.

Se dirigía hacia el billar a tres bandas del fondo, donde esperaban sentados todos sus amigos cuando un sonido le hizo girarse. Allí la vio. Apoyada sobre una máquina de pinball. Llevaba una camiseta ajustada de rayas horizontales rojas y blancas con un escote cuadrado que dejaba a la imaginación la continuación del perfecto principio que mostraban. Mas arriba se encontraba su media melena negra lisa que le llegaba un poco mas abajo de las orejas y que dejaba al aire un cuello liso, terso. Bajo unos ojos grandes y vivos, de pestañas infinitas, estaban unos labios suaves que se movían rítmicamente al son de un chicle que masticaba lentamente y que, de cuando en cuando, estiraba con la lengua y hacía reventar al aspirar aire, emitiendo el sonido seco que le había llamado la atención.

Masticó un par de veces mas el chicle que también él llevaba en la boca y lo hizo reventar conta su paladar, lo que llamó la atención de ella, que levantó la vista hacia él. Sus moradas se encontraron y sonrieron, haciendo reventar sus chicles una vez mas.

A partir de ese momento, ese sonido se convirtió en una contraseña entre ambos, cada vez que se veían o creían que el otro estaba cerca, repetían el ritual hasta que sus ojos se cruzaban.

Acabó el verano y ella desapareció. Él se quedó con el alma desesperada por todos aquellos dias que se había propuesto el dirigirle la palabra y que nunca había sido capaz de realizar.

Cuando volvió del recuerdo todavía sus miradas se cruzaban en el pub, pero estaban a escasos centimetros de distancia. No sabia quien se había acercado a quien, pero allí la tenía. Sin mediar palabra cogió su barbilla con el dedo pulgar e indice y la subió hasta que sus labios se tocaron. Fue un beso cálido, suave, húmedo. Un beso que cancelaba una deuda pendiente durante muchos años.

Despertó. Se sentó al borde de la cama y se giró hacia atrás, comprobando que la otra parte de la cama estaba vacía. Lentamente se pasó la lengua por la boca. Tenia los labios húmedos, con sabor a chicle de fresa acida y el alma desesperada.