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Bloque Siete (IV): Aceite

Ayer estaba tranquilamente en casa, “estudiando” mientras veía un capítulo de “Padre de familia” que tenía grabado y hacia buena cuenta de esas galletitas que tanto me gustan cuando sonó el teléfono. Era Eva, una compañera de clase, que tenía una duda sobre la clase de matemáticas financieras de antes de ayer, que si podía venir a ver si las aclarábamos.

Dicho y hecho. En media hora la tenía en casa. Apuntes en mano y dispuesta a aclarar todo lo que tenía en duda. No llegó a ser una clase magistral, pero entre los dos, aclaramos la situación. Como la cosa se alargaba, llamamos al pizzero, en un plis plas teníamos una carbonara encima la mesa que regamos con un par de cervezas.

Tras el café y una copilla de ponche con hielo.. mi debilidad… seguimos avanzando.

Total, lo normal.

Acabamos en la cama.

Eva no es una chica espectacular, no va llamando la atención en clase con su cuerpo ni con su forma de ser. Discreta hasta en el vestir y el hablar, me dejó grátamente sorprendido cuando la despojé de su ropa.

Un cuerpo muy bien perfilado, con unos senos proporcionados. Vamos, que con un poco que pusiera de su parte todos los dias al vestir tendría a media clase babeando. O igual era la situación. No se. El caso es que, a partir de ahora, la miraré con otros ojos.

La noche ha sido redonda. Besos, caricias, toqueteos varios.. vamos, completita. Para repetir.

Hasta que hemos caido rendidos los dos.

Por la mañana, al levantarme porque no quería perderme la clase de estadística (me revienta perderme las clases, mira, soy así), la he destapado, he observado su suave piel y la he besado en el hombro, mientras dormitaba. Su única respuesta ha sido un beso al aire con los ojos cerrados. Dulce, muy dulce.

Al entrar al ascensor me he encontrado con el Sr. Juan y su esposa, los vecinos de abajo.

Ella me ha mirado de arriba a abajo, con cara de desaprobación total. Para después girar la cara y mirar al frente. Él, al abrirse la puerta del ascensor, me ha guiñado un ojo, me ha dado la mano y me ha dado la enhorabuena.

Obviamente, no he ido a clase.

Al salir del edificio me he encaminado directo a la ferretería que hay dos calles más abajo, he comprado un bote de aceite para engrasar y me he pasado toda la mañana engrasando el somier y aprentando los tornillos de la cama.

Mañana pediré los apuntes de la clase de estadística, lo malo es que no puedo pedírselos a Eva, que no ha ido… ¿Marisa?, ¿Judith?…

Habrá que hacer pruebas hasta el ajuste perfecto de la cama, ¿no?

Decadencia

Edificio en la calle castellanos de Segorbe

En un momento, en un instante, algo ocurre en tu vida, algo cambia, algo que te obliga a cambiar.

Entonces lo dejas, te dejas, te vas, lo abandonas.

Empieza la decadencia. Cada vez te cuesta más volver, hay más para arreglar, se amontona el trabajo por hacer.

Hasta que no puedes más.

Es el momento del fin.

 

Cámara: Nikon D3100

Abertura: f/5,6

Velocidad: 1/125 s

Sensibilidad: ISO-100

Flash: NO

Photoshop: SI, retocados niveles de brillo y saturación.