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En un pueblo alejado

 

Con el mando a distancia del equipo de música subió el volumen, dejando que las notas de Vivaldi inundaran toda la habitación.

Fuera, en la calle, se podían escuchar los primeros gritos de la chiquillería que había dejado atrás el curso y se afanaban por empezar a disfrutar de sus vacaciones de verano, como si éste se fuera a acabar al día siguiente, ávidos de aprovechar hasta el último minuto de ese período intermedio que llegaba hasta septiembre.

Hacía ya cinco años desde la noticia del traslado a aquel pueblo perdido de la meseta, cinco años que había llevado con resignación, aceptando por las satisfacciones que su trabajo en el mismo le reportaban.

La noticia del traslado le había caído como una losa cuando se enteró del destino. Ella era una mujer de ciudad, de bullicio, de gente. El trasladarse a un pueblo que se le antojaba lejano a cualquier abismo de civilización, apartándola de sus amistades, su familia, su entorno se le hizo demasiado duro. Por suerte pudo llevar consigo a Rufo, su pastor alemán, fiel compañero que siempre estaba dispuesto a acercarle la compañía que necesitaba, a sobrellevar la soledad a la que estaba sometida en aquel destino.

El invierno había sido duro, como todos: Largo, oscuro, frio, solitario, pero ahora el calor empezaba a colarse por cada rincón de la casa. Un calor seco pero penetrante. Un calor que todavía era soportable pero que sabía que conforme iba avanzando el verano se tornaba denso, asfixiante, llegando en agosto a ser irrespirable y que te hacía buscar desesperadamente los rincones más frescos de la casa para pasar el mayor tiempo posible en ellos.

Y ahora allí estaba ella, dispuesta a pasar otro verano infernal. Pero eso ya llegaría poco a poco. Mientras, desnuda sobre el sofá, arqueó el cuerpo sobre su espalda, cerró los ojos con fuerza y apretó con el puño la funda que cubría el cuero del asiento. Dejó que su cuerpo se llenara de pequeñas perlas de sudor mientras notaba cómo el hocico húmedo que tenía entre las piernas la iba llevando lejos de aquel entorno, como otras tantas veces hacía.

 

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La culpa de esta historia es de @BlancaUO

Gracias por tus tres palabras

Sal

Mar

Miró hacia el infinito. Cerró los ojos y tomó aire por la nariz. Cada milímetro de sus pulmones se llenaron de aroma a mar. Un olor profundo, intenso.

Avanzó.

Azul

Se lo imaginaba más azul. Nunca pensó que tendría aquel color oscuro, verdoso y marrón. Notó llenarse sus pulmones de mar.

Avanzó.

Luz

Poco a poco se fue apagando. Pasó de ser un todo a ser un punto sobre su cabeza. Luego se marchó. Era una oscuridad salada.

Ahora, ella también era mar.

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La culpa de esta historia es de @angelesbarc

Gracias por tus tres palabras

Venganza

De los nervios. En aquel momento su ofuscación era tal que hasta las gotas de sudor le corrían la frente al apretar los dientes.

Aquel profesor le tenía manía. Ese pensamiento no se le iba de la cabeza. Desde el primer momento en que levantó la mano para hacerle una pregunta en clase vio en su cara como la incomodidad daba paso a un desprecio. Le había dejado en evidencia delante de toda la clase y eso lo iba a pagar.

Mientras rascaba el filo del cuchillo con el afilador para dejarlo listo para su uso iba repasando con su mente cada una de las miradas, las respuestas, las burlas, los desprecios que le había ido haciendo a cada una de sus intervenciones en clase. Le había dado igual que fueran preguntas, dudas o aclaraciones: Había vomitado su respuesta con vehemencia, aprovechando el mínimo resquicio de la pregunta para dejar a “usted, alumno” ,como le gustaba nombrarle, bien claro quién mandaba allí.

Luego vino la primera época de exámenes. Esa nota injusta, totalmente subjetiva, junto a su cara de satisfacción en la revisión de la misma al dejar totalmente claro que el mismo no estaba para aprobar y que debía de aplicarse más para el siguiente.

Pero lo tenía decidido. Iba a dejarle claro quién era él y de lo que era capaz. Le iba a demostrar que tenía agallas, fuerza y determinación. Que no le temblaba el pulso por mucho que a él le pareciera lo contrario. Le iba a borrar de un plumazo esa estúpida sonrisa de la cara.

Comprobó una vez más el filo del cuchillo y, satisfecho, lo dejó junto al resto. Comprobó que todo estaba en orden y le dio al interruptor. El letrero luminoso que rezaba “Carnicería” se encendió dejando a la vista la carne sangrienta recién cortada para su consumo.

Atendió al primer cliente con su mejor sonrisa mientras en su mente se dibujaba la imagen de una vida mejor cuando consiguiera aprobar la carrera que estudiaba por las tardes y pudiera, al fin, cambiar de trabajo.

Lo conseguiría, por mucho que le pesara al inepto del profesor

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La culpa de esta historia es de @Goroji

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CAP. 60 – #1tx100d

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Éxito

Sentado en su flamante Porsche miraba hacia la fachada de su majestuosa casa. Enclavada en mitad de una de las urbanizaciones de lujo de las afueras de la gran ciudad tenía todo lo que cualquiera pudiera soñar.

Se la hizo construir cuando recogió su primer cheque con siete ceros. Rodeada de jardines idílicos, la piscina, la pista de pádel, su fuente central con sus chorros de agua, sus líneas rectas, minimalistas, resaltaban sobre el conjunto de la urbanización. Pese a la alta valla de metal que la rodeaba, el hecho de estar en el punto más alto de la colina le daba un aire de superioridad, como estando por encima del resto. La vista desde su terraza era envidiable, con el mar de fondo.

Suspiró.

Su primer negocio. Todavía recordaba cómo si fuera hoy: El padre de su novia del pueblo tenía un terreno en el que plantaba las viñas de las que producía el vino que mantenía a la familia. Se enteró por su amigo el concejal que se iba a realizar un desarrollo inmobiliario. Convenció a su futuro suegro de que lo mejor era hipotecar el terreno para ampliar la bodega con uva de otros productores. Sus estudios de administración de empresas lo convencieron. Su suegro se arruinó. Él se quedó con el terreno a precio de saldo a través de empresas fantasma. Su primer millón de euros, su primera huida, su primera ruptura y su primer juicio. Sus abogados lo ganaron.

Después vinieron negocios similares: primos, amigos, tios… en todos ellos fue capaz de ver el negocio allá dónde ellos no lo veían. Sólo que el negocio era sólo para él.

Su ansia le llevó a seguir adelante, buscando el próximo negocio, el próximo millón. Y así llegó a su hermana, a su hermano, y, finalmente, a sus padres.

Ahora lo tenía todo: todo lo que se podía comprar. Pero le faltaba todo: todo aquello para lo que el dinero no llegaba.

Y allí, contemplando todo lo que había sido capaz de alcanzar intentaba pensar en cuándo sus sueños se habían hecho fuertes para llegar a ser deseos reales. Pero los recuerdos no le dejaban.

Apretó el gatillo.

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La culpa de esta historia es de @jesterhanny

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Pendiente (y 11)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8 – Capítulo 9 – Pendiente 10

Lo primero que notó Nolo fue la sangre en su cara. Caliente, espesa. Le llegó de repente, mojando su rostro más de lo que lo hacía el sudor.

Después notó todo el peso del grandullón rubio sobre sus piernas al desplomarse. Rebotó en sus rodillas y cayó al suelo. Nolo miró su cara, le faltaba la parte de la mandíbula por la que le había salido la bala.

Levantó la cabeza lo justo para ver a Paco apuntando a la nuca de Pietr con una mano mientras con la otra le cogía las manos a la espalda para ponerle las esposas. Tras él, una puerta abierta de par en par por la que iban entrando policías, todos ellos con las pistolas por delante apuntando al resto de componentes del grupo de Pietr que se encontraban en la nave. Uno de ellos llevaba una manta que se la estaba poniendo a la chica sobre los hombros, con delicadeza. En una de las ventanas pudo ver el cañón de un rifle asomando, todavía atento. Supuso que de él había salido la bala que le había salvado la vida.

Vio a Paco acercarse a él. Ponerle la mano en el hombro y hablarle:

– ¿Estás bien?

Nolo simplemente asintió con la cabeza, lentamente. Todavía le dolían los oídos, supuso que del disparo. Se dio cuenta que eran las primeras palabras que escuchaba, aunque supo que anteriormente había habido mucho ruido y gritos, pese a que su cerebro no lo había registrado, quizá preocupado todavía en su propia existencia.

Notó como le desataban las manos de su espalda y de la silla. Cuando las tuvo sueltas, se frotó las muñecas para darse algo de calor en ellas y hacer que la sangre volviera a sus manos. Cogió y soltó aire lentamente y se levantó.

Se dirigió hacia la chica. Una vez a su lado le cogió la mano y notó cómo temblaba. Estaba llorando. La abrazó y le susurró al oido:

– Ya está, todo ha acabado.

Ella le puso la mano en la mejilla, apretó los labios y asintió con la cabeza, incapaz de soltar palabra.

Nolo se levantó. Caminó unos pasos hacia una de las esquinas de la nave, palpándose el pantalón hasta que encontró el móvil.

Lo sacó. Buscó en la agenda un número que había anotado una semana antes y llamó. Esperó tres tonos hasta que descolgaron desde la otra parte. Tomó aire y dijo, todo lo sereno que pudo.

– ¿Señor Ruiz? Soy Nolo… Me contrató hace tres años para localizar a su hija Julia, ¿lo recuerda?… Bien… Tengo buenas noticias… Hemos localizado a su hija, está viva… Se la paso.

Levantó la vista hacia la chica, se dirigió hacia ella y le dio el móvil. Ella sonrió al cogerlo, pero comenzó a llorar en el momento en que escuchó la voz que salía de él.

Nolo se giró y sonrió también, justo antes de que una lágrima cayera sobre su mejilla.

Lo decía en su tarjeta de visita: “Nunca dejo un caso PENDIENTE”

 

FIN

 

Pendiente (10)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8 – Capítulo 9

 


Nolo despertó al notar un fuerte golpe en la cara. No sabía si había sido el primero, pero por el dolor que sentía lo dudaba. Levantó lentamente la cabeza y miró alrededor.

Estaba sentado en una silla, atado con las manos a la espalda. La silla estaba en el centro de una nave industrial, de las típicas del puerto. La nave estaba totalmente vacía, salvo por su silla. Junto a él estaba el rubio alto de la taberna, que se masajeaba las manos; él debía haber sido el que le había dado los golpes.

Pietr se paseaba frente a él, de derecha a izquierda, y volver. Con las manos en la espalda. En una esquina, desnuda, con las manos atadas a la espalda, tirada en el suelo y con el cuerpo lleno de moratones, estaba Julia.

– Vaya, el bello durmiente por fin  ha despertado – Dijo Pietr.

– ¿Qué quieres de mi? – consiguió a decir Nolo

– Jajajaja – La risa sonó sarcástica y totalmente falsa – Quiero quitarte de enmedio.

– ¿Y de Julia?

– Que siga haciendo su trabajo.

Esto último lo dijo con total naturalidad, como si hablara de la becaria a la que se le encargan las fotocopias en la oficina o del secretario que te sube los cafés.

– Nolo – Continuó Pietr – Sabes que las niñas de 14 años dan mucho dinero. Hay verdaderos depravados capaces de pagar verdaderas fortunas por estar con ellas un rato.

– Por eso las secuestráis – Dijo Nolo – pero, ¿y luego?.

– Luego, las que son buenas y conservan su cuerpo de niñas, tienen mucho recorrido, hasta que cumplen una edad o se desarrollan, momento en el que “caducan”, y hay que deshacerse de ellas. Sin embargo, algunas se rebelan e intentan escapar. En ese caso, se las reúne y se les enseña que no deben hacerlo.

– ¿Qué eres capaz de hacer?

– Es rápido, un tiro en el sitio adecuado. Se acaba el problema y el resto vuelve al redil, más calmadas que de costumbre. La última que lo intentó estuvo a punto de jodernos el negocio, e hizo que tuviéramos que escondernos una temporadita. Creo que la conocías muy bien, ¿no?

– Hijo de puta. Mataste a mi hija.

– Y fue una verdadera pena, era muy buena en su trabajo. Al igual que Julia. Por eso ella debe aprender. Y lo hará viendo cómo mueres.

Hizo un gesto al rubio que estaba al lado de Nolo y éste sacó de su chaqueta un revolver. Lo amartilló y le puso el cañón en la sien a Nolo.

Nolo levantó lentamente la cabeza, miró a Julia a los ojos y no pudo más que susurrar: “Lo siento, te he fallado”.

El sonido del disparo rebotó en las paredes vacías de la nave, que lo devolvieron multiplicado haciendo vibrar los cristales de las ventanas.

……

(Continuará)

El próximo viernes. El final de la historia.

 

 

 

 

 

Pendiente (9)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8

 

Nolo echó el cigarrillo al suelo y lo pisó con la planta del zapato mientras miraba la fachada. El edificio estaba viejo, en parte por la salinidad del mar que tan cerca tenía y en parte por la dejadez en su mantenimiento. Aunque a aquellas horas de la noche no se apreciaba del todo, lo que veía estaba pidiendo una nueva mano de pintura a gritos. Algunas luces del neón azul de la puerta estaban fundidas, haciendo que entender el nombre del local: “La linterna apagada” fuera más un ejercicio de adivinación que de lectura.

Hacía ya una semana desde el entierro de La Puri y en ese tiempo había estado releyendo los apuntes y viendo las fotos del caso de las niñas desaparecidas. La reunión posterior a su llamada de teléfono le había confirmado algunas cosas y ya estaba en condiciones de averiguar el resto.

Entró al local. Estaba en penumbra. Algunas chicas bastante ligeras de ropa deambulaban alrededor de los pocos clientes que estaban en la barra, dejándose tocar la mercancía.

Buscó una mesa discreta en una esquina y se sentó. Siempre mirando hacia la puerta, como de costumbre.

No tardó en tener compañía. Frente a él se sentó un hombre de mediana edad, moreno, de mirada fría  y con una sonrisa burlona en unos labios que se notaban varias veces cosidos. Junto a él, pero de pie, un armario ropero de dos metros de alto, rubio, como la madre que lo debió traer al mundo y con una pinta de saber bien el oficio de obedecer, mejor que el de pensar.

– Parece ser que el mensaje del otro día no te llegó correctamente – dijo el que estaba sentado – Igual quieres que te lo repitamos.

– Lo que no quiero es charla – replicó Nolo con tranquilidad – quiero ver a Julia.

– Aquí no hay nadie con ese nombre.

– Pero lo hubo, aunque ahora la llamáis de otra forma. Igual Pietr sea el único que se acuerde de su verdadero nombre, ¿por qué no le preguntáis a él?

El hombrecillo abrió más los ojos que la boca. Se levantó y dirigió su mirada al que estaba de pie.

– Que no se mueva, ahora vuelvo.

Entró en la cocina, o lo que debía de ser, traspasando una pequeña puerta tras la barra. Salió al momento y desde allí gritó a Nolo.

– Pasa.

Nolo se levantó y se dirigió hacia la barra, siempre escoltado por el rubio, al que malamente le llegaba al pecho. Entró en la cocina y se encontró sentado tras un escritorio, con un portátil encendido y un móvil junto a él, a un viejo conocido.

– Pietr – dijo, a modo de saludo.

– Nolo. Cuánto tiempo, ¿no?. Siéntate por favor. Charlemos un rato.

Nolo cogió la silla que había frente a él y se sentó. Mirando fijamente a Pietr, pero tranquilamente.

– Demasiado – le dijo – pero siempre tuve la sensación la última vez que nos vimos que volvería a tenerte enfrente de mi. Creo que es el momento de que arreglemos algunas cuentas.

– Jaja… Pues yo pensé que no te volvería  a ver nunca, fíjate. ¿Cuánto hace ya?, ¿5?.. ¿6 años?… Y, tienes razón, es momento de arreglar viejas cuentas. Por cierto, siento lo de tu hija, no te lo pude decir.

– Hijo de pu…

“Nunca te sientes de espaldas a la puerta”, fue lo que le vino a la mente de repente, pero Nolo se dio cuenta de su infantil error demasiado tarde, justo en el momento en que la culata de una pistola le golpeaba con fuerza en la cabeza y su cuerpo caía sobre la mesa, inconsciente.

(Continuará)

……..

El próximo capítulo de la serie se publicará el dia 5, puesto que el 6 es fiesta (Y no es una inocentada).

 

Pendiente (8)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7

 

Nolo lloró, por desesperación, por pena, por impotencia, por desconocimiento, por haber perdido un amigo, por una vida pasada que quería olvidar, por una vida futura que no sabía que le iba a deparar, por culpa.

Lloró hasta que no pudo más, hasta que le dolieron los ojos y el corazón, hasta que vació los sentimientos guardados durante años y acentuados en la última semana.

Cuando acabó de llorar levantó lentamente la vista, para cerciorarse de que no había soñado, de que estaba despierto. La visión de su piso le devolvió a la cruda realidad. El desastre que sus ojos le devolvían le avisaban de que estaba en algo serio, había tocado alguna tecla que a alguien no le había sonado bien. Tuvo una sensación de recuerdo, de haberlo pasado anteriormente, una corazonada de investigador, del gran policía que había sido anteriormente, con olfato.

Se secó las últimas lágrimas con el dorso de las manos y se levantó lentamente. Se quitó la chaqueta y la tiró sobre la cama.

– Bueno, a por ello – Dijo en voz alta para concienciarse.

Y empezó a recoger todo. Empezó por la habitación. En ella tenía una mesa en la que trabajaba en los distinto casos y una estantería en la que dejaba todas las carpetas con la diferente documentación. Vio con resignación que estaban todas en el suelo, con los papeles y las fotos fuera de sus respectivos casos, mezcladas entre ellas y amontonadas.

Cada vez que cogía una y miraba lo que quedaba en ella recordaba el caso, las pesquisas, las fotos de Puri que tanto le ayudaban, las pistas, los informes. Cada uno distinto, pero todos iguales en cierto sentido.

De momento, al coger uno, su cuerpo se estremeció. El simple tacto de la carpeta, más grueso que los otros, más manoseado, más utilizado, le llenó la cabeza de recuerdos. Era el caso de las niñas desaparecidas, en el que perdió a su hija, el que le costó el puesto de policía y le llevó a su actual estado.

Lentamente la abrió. Dentro quedaban un puñado de papeles mezclados con unas fotos. Cogió las fotos y las empezó a pasar al azar, se las sabía de memoria de las veces que las había mirado. Sin embargo, en una de ellas algo le llamó la atención. Estaba en una esquina, un rostro conocido. Se centró en él, no le había llamado la atención hasta ese momento, pero ahora lo conocía. Sabía quién era.

Se dejó caer sentado en la cama, sin dejar de mirar la foto. Metió la mano en el bolsillo y sacó su móvil. Le dio a la tecla del historial de llamadas hasta que encontró la que buscaba.

Sonó varias veces, hasta que le contestaron. Cogió aire y dijo:

– Soy Nolo. Tenemos que vernos. Hoy mismo.

 

(Continuará)

No se puede votar, la historia ya tiene continuación, pero, ¿a quién creéis que ha llamado?

Me gustaría ver hasta qué punto estáis en la historia. Dejar en los comentarios vuestras impresiones. El viernes próximo veremos quién ha acertado.

 

 

 

 

Pendiente (7)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6

 

 

Nolo cerró el puño sobre las llaves con fuerza y se las metió al bolsillo. Dio un beso en la frente a Lola y la abrazó contra su pecho.

– Venga, Lola. Aquí ya no hay nada que hacer. Vámonos a casa.

Salieron del cementerio cogidos de la cintura, dándose calor y con la cabeza baja. Lentamente sentían que dejaban atrás a un gran amigo y una gran persona. Lola intentaba retener en su mente la última imagen de Puri, la madrugada que había dejado a Nolo en casa tras la paliza y posteriormente se había pasado por el bar a decírselo, para que lo cuidara. Nolo tenía la mente en otro sitio, buscando explicaciones.

Esa noche la cena fue frugal, un poco de caldo para calentar el espíritu y algo de pescado. Lo comieron mientras iban contando anécdotas sobre Puri en voz baja, como si fueran a despertarlo de un sueño. Riendo con ellas con gran dolor, pero con gran ternura. Posteriormente se fueron a la cama e hicieron el amor, como otras tantas veces, pero con mucha suavidad. Durmieron abrazados, sin soltarse por miedo a perder algo más ese día.

Cuando, a la mañana siguiente, Nolo despertó, Lola ya no estaba en la cama. Un intenso olor a café le llegaba de la cocina. Se levantó, se puso una bata de Lola y salió. Lola había preparado desayuno: café recién hecho, tostadas con aceite y magdalenas.

– Estás guapísima – Dijo Lola con una gran carcajada.

– No querrías que saliera en pelotas, con la ventana abierta y tus vecinas – replicó Nolo, también riéndose.

Nolo se sentó a desayunar. Lola sirvió el café y le dio un beso en la frente.

– Voy a abrir el bar, ¿te veo luego?

– Iré a casa un momento, antes de acercarme a casa de Puri y luego bajaré a comer.

– Te veo entonces.

Lola salió de casa cerrando con suavidad. Nolo acabó el desayuno, fregó y se metió en la ducha. Tras secarse se vistió y salió a la calle. Cogió el autobús y se dirigió hacia su casa. Estaba de buen humor, decidió subir andando a casa.

Al llegar al rellano y sacar las llaves para abrir la puerta algo llamó su atención, ésta estaba ligeramente entreabierta. Era un centímetro, pero alguien había entrado.

Abrió la puerta con cuidado, alerta, resguardando su cuerpo contra la pared del pasillo. Cuando estuvo abierta miró dentro y quedó desolado. Alguien había entrado y se había dedicado a tirarlo todo por los suelos: papeles, ropa, libros, enseres… Había hecho un trabajo a conciencia, parecía que por allí hubiera pasado un huracán.

Entró lentamente, mirando hacia todas partes, intentando no pisar nada. Se sentó en la cama, echó una última mirada al panorama que desde allí tenía. Se cubrió la cara con las manos y rompió a llorar.

 

(Continuará)