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Pendiente (6)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5

 

– Paco, te repito que no estábamos en nada y sabes muy bien que, si lo estuviéramos te lo diría. No por mi, por Puri.

Nolo se giró y se dirigió hacia la puerta. Cuando estaba a punto de salir oyó a su espalda.

– Nolo, no te voy a quitar el ojo de encima.

– Lo sé. Paco. Lo sé.

…..

Pese a que el sol estaba fuera, la tarde era fría. Muy fría. Las puntas de los cipreses se mecían al ritmo de un viento gélido que entraba por los pasillos del cementerio y se colaba en los corazones de los allí congregados.

Un pequeño grupo de gente esperaba bajo una fila de nichos. Se arremolinaban entre ellos como intentando que el aire no se colara y darse algo de calor, pero era imposible.

Allí estaban las compañeras de Puri, llorando a moco tendido. Eran unas cinco. Pese a que habían intentado vestirse para la ocasión, lo poco que tenían delataba su condición. Únicamente los pañuelos eran blancos, lo que contrastaba con sus ceñidos vestidos negros, de minifaldas imposibles y medias de rejilla. Con el rimel corrido, eran las únicas que rompían el silencio del momento.

A su lado, cuatro policías de paisano. Antiguos compañeros de Nolo y Alfredo. Cabizbajos la mayoría. Con caras de circunstancias. Alfredo siempre había sido un buen compañero y eso se notaba. El único que no perdía la compostura y estaba allí más por puesto que por gusto era Paco, cuya cabeza erguida sobresalía sobre el resto.

Lola estaba cogida a Nolo. Con la cabeza hundida en su hombro derecho. Llorando en silencio e hipando por lo bajo. Nolo le tenía pasado el brazo por su cuello, dándole calor, tanto físico como de alma. Pese a que lo reprimía, a Nolo le caían dos lágrimas por las mejillas. Sinceras. Rabiosas. Amargas.

Cuando el operario acabó de sellar el nicho con un poco de yeso se acercó a Nolo. Le dio la mano.

– Lo siento, Nolo. Se van los mejores – dijo.

Nolo asintió. Lola se aferró fuerte a su hombro, desconsolada. Los policías desfilaron hacia la salida cabizbajos. Nolo echó un último vistazo a Paco. Éste le aguantó la mirada un par de segundos y se dirigió hacia la puerta. Cuando Nolo volvió a girar la cabeza hacia el nicho se encontró con las compañeras de Puri.

– Toma – dijo una de ellas tendiéndole un manojo de llaves – Son las llaves de su casa, siempre dijo que, si le pasaba algo, te las diéramos a ti. Decía que lo que había dentro eran tan tuyo como suyo y que sabrías hacer buen uso de él.

Nolo cogió las llaves y las miró con extrañeza. Como si no fueran con él.

– Gracias – contestó – Iré a echar un vistazo.

– Ahora no, Nolo – Le dijo Lola – Por favor. Esta noche necesito un cuerpo al que abrazar. Quédate en casa conmigo.

…….

¿Qué debería hacer Nolo?

 -Por una parte, no sabe qué habrá dejado su amigo en casa para él. Y más, con un mensaje tan directo de sus compañeras. Le pica la curiosidad, y mucho. Igual es algo relacionado con la noche en que empezó todo.

 – Por otra parte, Lola lo necesita con ella, en la cama y él lo sabe. Un poco de calor humano con lo que está pasando será bueno. También para él y con Lola está a gusto.

Es vuestro turno para decidir.

 

 

 

 

 

 

Pendiente (5)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4

 

La sala estaba fría. Nolo se ajustó el cuello de la chaqueta al entrar. Un chorro de vaho salió de su boca la primera vez que soltó aire, más para volver a coger que para respirar. No le gustaba el trago que tenía que pasar.

Había luz, mucha luz. Una luz blanca que dolía a los ojos y penetraba en el alma. Una luz que dejaba al descubierto algo más que los cuerpos. Esencial para poder ver las entrañas de los crímenes, de las injusticias, de los maltratos. Pero una luz que dejaba a la vista las miserias, los dramas, la realidad al fin y al cabo.

Al fondo estaba una camilla. Una sábana blanca servía para cubrir lo que se adivinaba como un cuerpo inerte. Un ser humano al que le habían quitado toda la humanidad en un instante.

Nolo se acercó. Lentamente. Arrastrando los pies y el alma hacia la camilla. Una vez allí levantó la parte de la sábana que cubría la cabeza de Alfredo, La Puri, se obligó a pensar. Estaba acostumbrado a la muerte. Tanto en su paso por la policía como después de ella, en los numerosos casos que había llevado como investigador privado había visto muchas veces los cuerpos sin vida de víctimas. Pero no estaba preparado para aquello.

La bala le había entrado por la parte derecha de la cabeza y le había salido por la parte posterior, que prácticamente no existía. Sin embargo, la cara estaba relajada. Todavía quedaban restos de la paliza, pero a Nolo casi le pareció que llegaba a sonreir.

Estuvo mirando un rato, hasta que notó que las uñas estaban a punto de hacerle sangre en la parte interna de la mano de la fuerza con la que apretaba los puños. Lentamente dejó caer la sábana otra vez sobre la cabeza de su amigo, como despidiéndose.

– Hijos de puta – murmuró.

Notó la calidez de la mano de Paco en su hombro y se giró hacia él.

– Lo siento, Nolo – dijo en voz baja, como si fuera a despertar a alguien que dormía cerca.

– No hay derecho. Siempre se van los mejores. Era una de esas personas que sabes que siempre están. En la sombra, pero con toda la luz. No merecía este final.

Paco asintió con la cabeza. Él también lo conocía desde hacía tiempo y sabía que se hacía querer con facilidad. Amable, siempre sonriendo y siempre dispuesto a ayudar. Tragó saliva con dificultad, tosió para aclararse la voz y se obligó a hablar más allá de sus sentimientos.

– Nolo. Siento que sea el momento. Pero necesito que me cuentes que ha pasado. Es mejor que me digas aquí en qué estabais metidos. No será oficial. Como amigo. Me servirá para posteriores investigaciones. Repito, no será oficial.

– No estábamos en nada – respondió Nolo – y hace tiempo que no somos amigos.

– Nolo, olvídate del pasado en este momento y ayuda a Alfredo.

– Jamás podré olvidar, Paco. Lo sabes. Y si estoy aquí es por Alfredo, no por ti, eso lo sabes de sobra – escupió con rencor Nolo – Y, repito, no estábamos en nada. Me ayudaba en algunos casos, pero últimamente no teníamos ninguno.

– El estado de tu cara dice lo contrario. Serías de gran ayuda si me contaras lo que piensas que puede haber pasado. Lo que sea. Sabes cómo funciona ésto.

………………

Bueno, ¿Le cuenta lo que ha pasado?

Por una parte, es posible que le ayude a esclarecer el caso o, por lo menos, a dar algo de luz.

Pero por otra, lo que ocurrió entre ellos hace tiempo le hace que desconfíe. Además de que en la carta J. le decía que no acudiera a la policía.

¿Qué creéis que debe hacer?, ¿se lo cuenta?, ¿o no?

 

 

 

Noche de pasión

Bajo las sábanas, dos cuerpos se movían al compás. Piel sobre piel se exploraban, se buscaban, se rozaban, se amaban.

Al pie de la cama, un gran crucifijo de madera sobre una tela negra arrugada, dejada caer con las prisas sobre la que sobresalía la esquina blanca, impoluta de un alzacuellos.

– Padre, ¿usted me ama?- Dijo ella.
– Hermana – contestó él sacando la cabeza de entre sus delicados pechos – Sabes que mi amor únicamente puede estar dirigido a Dios.
– Pero Padre – replicó – sin amor, sólo sexo es muy triste.

– Ya, hija mia, pero más triste es el sexo solo.

– …. Joder, Paco, tenías que decirlo.

– ¿qué pasa?, sólo te seguía el juego.

– ¿el juego?, pues ahora no me quito de la cabeza la imagen tuya, ale, dale que dale.

– Maruja, por Dios….

– Nada, que se me ha cortado.

– Te recuerdo que la idea del jueguecito éste del cura y la monja fue tuya, por el rollo de innovar y todo eso, que desde que viste el pájaro espino estás que no eres tu.

– Mira, no me eches ahora en cara eso… que tu muy activo no eres.

 – No, si encima la culpa de que todas las noches estés cansada será mía.

– Mamaaaaa !!!! quiero agua.

– La leche, ya se ha despertado el niño, lo que faltaba.
– Claro, con tanto ruido, no me extraña… Juan, tienes agua en tu mesita.
– Bueno, ¿y ahora que?
– Pues a dormir, que mañana madrugamos.
– Joder, Maruja, otra noche en blanco.
…..
– Paco.
– ¿qué tripa se te ha roto ahora?
– ¿tu me amas?
– Vete a la porra.
– ppfffff, jajajajajaj
– jajajajajja, anda, duérmete no se despierte otra vez el niño. Buenas noches.
– Buenas noches

 

Esta historia viene por los posts y comentarios de Olga (@tekuidamos) en su blog 

Confesiones

 

La luz del atardecer resaltaba su silueta sobre el azul turquesa del mar, que se encontraba en calma, al igual que el resto de la paradisíaca isla de playas blancas.

Él la miraba desde una hamaca, con ternura. Ella giró la cara y se encontró con sus ojos. Empezó a caminar hasta llegar a su altura. Momento en que sonrió, una sonrisa que iluminó más sus delicados rasgos.

– Cásate conmigo – Dijo él.

– Jajaja

Su sonrisa sonó franca, dulce, sincera. Como la de la niña que había sido.

– Se me ocurren, por lo menos, tres leyes que quebrantaríamos con dicho matrimonio – Le dijo ella.

– Se te veía preciosa – continuó él – ahí, en la playa, con la luz del sol. Cada día te pareces más a tu madre.

– ¿La echas de menos?

– Cada hora de cada día. No se me va de la cabeza.

– ¿Por qué lo hiciste?

– Fue una decisión dura. Ella estaba, pero ya no estaba. Me destrozaba el corazón el ver como la enfermedad se la estaba llevando poco a poco, sin poder hacer nada y haciéndola sufrir cada minuto que pasaba. No podía soportar su dolor, su angustia. Se me traspasaban a mi todas sus dolencias. No me quedó más remedio. Simplemente quise que dejara de sufrir.

– Pero después huiste.

– Ya sabes cómo es tu abuelo. Nunca me quiso. Siempre me vio como un buitre que no buscaba más que su dinero. Jamás me tuvo en consideración, de él solo conseguí desprecio. Hasta en el funeral, que se presentó con la denuncia. Es fuerte y tiene recursos. Le dará la vuelta a todo.

– ¿Volverás?

– Quizá. Mi intención es hacerlo. Al fin y al cabo allí estás tu y está mi hogar. Supongo que cuando muera tu abuelo se acabará la guerra.

Ella acercó sus labios hasta la mejilla de él y le dio un beso. Tierno, suave y largo.

– Papá, me he de ir – dijo

– Lo sé – le respondió él.

– Una última cosa. Encima de la cama de tu habitación he dejado un sobre con la autopsia. En ella se demuestra que la enfermedad estaba provocada por un veneno que se le fue dando sistemáticamente y en bajas dosis con la intención de que no fuera detectado. Y, por cierto, por favor, no vuelvas nunca. Aunque muera el abuelo. Porque si vuelves seré yo la encargada de matarte con mis propias manos.

Dio media vuelta y se alejó, lentamente.

El sol se acabó de apagar, reflejando sobre la espalda de su camisa blanca su último rayo.

 

 

MÚSICA


Con un ligero roce, Miguel le dio al botón de ON. El aparato de música se llenó de colores en cada uno de los rincones de la pantalla y en sus botones. Apretó un segundo botón y se abrió el compartimento del cd.

Seguidamente se acercó a la torre en la que un sinfín de colores presentaban todas aquellas cajas que guardaban la música que tanto adoraba. La música siempre había sido su vida, desde muy pequeño se había acercado a ella con curiosidad, dejándose llevar por el ritmo de aquellas notas.

Pasó el dedo con suavidad por las distintas cajas hasta que se decidió por una de ellas: Confetti. Hacía tiempo que no escuchaba ese disco, y recordó cuando llegó a ser uno de sus favoritos, pasando horas enteras hasta que se aprendió la melodía de memoria.

Sacó el cd de la caja y lo puso sobre la bandeja. Cerró ésta y se puso los auriculares. Hacía poco que se  los había comprado. Eran grandes, de forma que ocupaban todas sus orejas, para poder sentir mejor la música.

Giró la rueda del volumen hasta que pudo notar en sus oídos la vibración de los bajos al salir por los altavoces diminutos. Su madre siempre le decía que bajara el volumen, pero a él le gustaba mucho más así. Se sentó y empezó a mover la cabeza al compás de las vibraciones que le llegaban.

Mientras, en la cocina, su madre cogía una cápsula de café para meterla en la máquina. También suavemente le dio al botón de encendido y empezó a ver cómo el café tomaba consistencia a través del humo que desprendía. Le puso dos terrones de azúcar y cogió la taza con dos manos. Se sentó en la mesa mirando a su hijo mover la cabeza al compás de una melodía que ella alcanzaba a oír mientras recordaba con angustia la tarde en que aquel hijo de puta borracho se saltó el semáforo en rojo llevándose a su hijo por delante y dejándolo totalmente sordo para el resto de su vida.

 

La culpa de esta historia es de @manyez

TU VOZ

Pasará el tiempo, inexorablemente. Más rápido de lo que imaginas.

Pasarán las ideas, llegarán nuevas que dejarán obsoletas las anteriores.

Pasará la tecnología. Siempre más pequeño, siempre más rápido.

Pero pase lo que pase, que siempre estés ahí para contarlo.

Que nada, ni nadie.. nunca

Pueda callar tu voz.

BLOQUE SIETE: “Es clavadita a su padre”


Ayer, cuando salia del ascensor camino del bar, a por mi obligado café, me crucé en el rellano a la pareja del quinto izquierda.
Siempre me ha llamado la atención esa pareja, desde que me mudé al piso nuevo.
Es una de esas parejas que han surgido últimamente con el fenómeno de la inmigración. Sigue leyendo