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La cacería

Se apoyó contra el tronco de un árbol. Jadeaba. La respiración, agitada, le subía y bajaba el pecho con fuerza. Los latidos de su corazón asustado retumbaban en sus oídos.

Miró hacia arriba, hacia la copa del árbol sobre el que se había apoyado a tomar aire. Más allá de las ramas y las hojas pudo ver un cielo azul, libre de nubes. Suspiró, anhelando esa libertad.

Bajó la mirada hacia el resto de los árboles, no vio más que un frondoso bosque de ramas y hojas. Una maraña de vegetación en la que se había escondido, confiando en que allí no podrían encontrarle o, por lo menos, podría tomar el aliento necesario para acabar de escapar.

Porque iban a por él, lo tenía claro. Querían matarle y no abandonarían la idea hasta conseguirlo. El primer tiro falló por poco, pero pudo oler la pólvora al pasar la bala junto a él. El segundo no logró esquivarlo. Por suerte iba ligeramente desviado y le rozó, dejando una herida superficial de la que todavía salía un hilo de sangre. Sangre roja que iba dejando un pequeño charco bajo él.

De pronto los sonidos de sus voces lo despertaron de sus pensamientos. Estaban llegando hasta donde él estaba. Sus perros los precedían, como siempre, adiestrados para olisquear el rastro de la presa perseguida e indicar el camino a seguir, listos para rematar la faena si hiciera falta.

Pero esta vez no les iba a dejar ganar, no podrían con él, lograría escapar.

Miró su ala derecha, la que el perdigón había rozado, arrancando un par de plumas y dejando otras marcadas de rojo. La batió con ligereza. No era una herida importante, podría moverla sin dificultad.

Cogió aire un par de veces y saltó de la rama en la que se había cobijado, sus alas le respondieron al instante alzándole sobre la copa del pino. Miró atrás, los perros habían alcanzado el árbol y ladraban con furia. No tardarían en llegar a su altura los cazadores. Pero él ya estaría lejos, volando hacia el oeste, buscando el infinito en aquel cielo azul que ya casi le parecía tocar con su pico curvado.

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Fue @anler7 quien vino de visita y nos propuso las tres palabras que han estimulado mi imaginación para este relato (ala, oeste, infinito).

Gracias, Elena, por tu visita y tus palabras. Espero que te haya gustado y vuelvas a esta casa de vez en cuando. Este es tu relato.

 

 

Infinito

 

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Muchas veces sueño que te cojo de la mano y recorremos juntos el camino infinito de la vida.

Me gusta despertar y ver que ya llevamos más de medio recorrido.