Archivo de la etiqueta: intriga

Negro sobre blanco (y X)

¿Te perdiste los capítulos anteriores?. Aquí los tienes: 

Fotos Sobre Nolo

Sara gritó, llevándose las manos  a la boca e, inmediatamente, se lanzó hacia el cuerpo de Nolo, que yacía inmóvil en el suelo.

Se agachó con miedo y le puso la mano sobre la cara. Nolo abrió los ojos encontrándose con los suyos. Su respiración era agitada, mezcla de la adrenalina y el cansancio de la lucha con Andrés.

Sara rompió a llorar, liberando todos los nervios que llevaba acumulados. Nolo se incorporó y miró hacia su lado izquierdo. Allí estaba el cuerpo de Andrés. Finalmente, había podido girar la pistola hacia su cuello y había apretado el gatillo. La bala había entrado justo por debajo de la barbilla, dejando un agujero considerable del que salía la sangre que iba tiñendo el suelo de color rojo brillante. La detonación le había manchado a Nolo la cara y la camisa de rojo, dejándole ésta como si estuviera totalmente rota, desfigurada, pero no tenía un rasguño.

Nolo giró su cara hacia el otro lado, allí estaba Sara, de rodillas junto a él. Tenía la cara tapada con sus manos, ocultando un llanto que le hacía hipar. Suavemente deslizó su mano hacia el rostro de Sara, haciendo que ésta descubriera su cara. Nolo puso su mano sobre la mejilla derecha de Sara, y empezó a acariciarle la cara con el pulgar, apartando las lágrimas que salían de sus ojos y mezclándolas con la sangre de su mano.

– ¿Estás bien? – Preguntó.

Sara no contestó, simplemente movió la cabeza arriba y abajo, lentamente, aspirando aire sonoramente por la nariz. Una leve presión de la mano de Nolo hizo que echara su cabeza hacia delante, al mismo tiempo que Nolo también acercaba la suya. Sus labios se encontraron a mitad del camino.

Fue un beso largo, suave y húmedo. La sal de las lágrimas acentuó el sabor metálico de la sangre y ambos líquidos, junto con la saliva, hicieron que los labios resbalaran uno sobre el otro, sin dejar ni un sólo milímetro de ambos sin probar el sabor de los otros.

Nolo separó lentamente su cabeza, y empezó a pasar su dedo pulgar sobre los labios de Sara, que se dejaron hacer, limpiando los restos de la sangre que había dejado. En todo momento, la miraba fijamente a los ojos.

Esbozó una sonrisa, que se contagió en los labios que acababa de dejar de besar.

– Deberías llamar a la policía – Dijo, en voz baja – Mejor que lo hagas tu, yo me implicaría demasiado.

Sara asintió y se levantó, dirigiéndose hacia el teléfono que estaba sobre la librería. Nolo la vio alejarse. Incluso en aquel momento, con la tensión y la escena que allí había, su porte era majestuoso, firme.

“Toda una señora”, pensó Nolo.

 

FIN

Negro sobre blanco (VII)

¿Te perdiste los capítulos anteriores?. Aquí los tienes: 

Fotos Sobre Nolo

No le hizo falta mirar el reloj, el suave ronroneo de un motor le avisó que la hora de la cita había llegado. Levantó la vista y vio acercarse por el camino un deportivo de gama alta. Su primera cita había llegado.

El coche giró al llegar a la casa y, lentamente, se dirigió hacia la parte de atrás, en la que se encontraban los garajes que Nolo había visto en su inspección anterior. Nolo se levantó del asiento y fue hacia allí, siguiendo con su vista el trayecto del coche.

Llegó al garaje justo cuando él estaba cerrando la puerta del coche. Nolo se acercó, pese a haberlo visto tantas veces, haberlo fotografiado, haberlo seguido, nunca había estado tan cerca de él. La verdad es que llenaba la estancia con su presencia. Era una de esas personas que transmiten confianza, aplomo y Nolo lo sintió. Su mirada, penetrante; su expresión, seria; su semblante, altivo hubieran intimidado a cualquiera. Nolo no se arrugó, estaba acostumbrado a tratar con gente de la peor calaña por muy bien vestidos que estuvieran. Sin embargo, aquel no era el caso. Su mirada, aunque fría, no denostaba maldad.

Nolo dio un paso al frente y se le acercó, con la mano estirada. Él le devolvió el saludo con un apretón también firme. No dio tiempo a preámbulos, sin soltar la mano preguntó:

– ¿Por qué debo creerle? Todavía no se porqué he venido.

– No tendrá que creerme a mi – Respondió Nolo – Lo podrá escuchar de primera mano en la voz de su mujer.

– ¿Ha quedado con ella?

– Sí, con la excusa del manuscrito he quedado aquí, en media hora. De ahí que también lo hiciera con usted un poco antes. Quería que lo escuchara.

– Comprenda mi incredulidad. Su acusación es muy grave, y más, haciéndola hacia mi mujer.

– Lo se. Se lo que hago. Confíe en mi. En un rato usted mismo lo podrá comprobar y podrá tomar sus propias decisiones.

– Entonces, su plan es que yo esté presente en la conversación.

– No. Lo mejor es que nos escuche sin que le veamos, dejando que su mujer confiese creyendo que nadie la escucha. Le he traído una grabadora, para que la pueda llevar y grabar la conversación. Le servirá de prueba en la policía.

Se miraron a los ojos, sosteniendo la mirada. Él suspiró, soltando, por fin, la mano de Nolo. Bajó la cabeza y la movió.

– Lo siento, me cuesta creer que ella fuera capaz de hacer tal cosa. Una parte de mi desea que sea verdad, para acabar con este calvario, pero la otra me impide pensar que sea como me lo ha contado. Todavía me debato entre creerle o irme por donde he venido. ¿Qué gana usted con todo ésto?

Nolo levantó el labio, una media sonrisa de complicidad, de comprensión, de acercamiento.

– Hace tiempo, mi hija desapareció. Al final la encontraron, había sido asesinada. Como policía no fui capaz de hacer nada por evitarlo. Simplemente me he puesto en el papel de los padres de esa chica. Me sobra con ahorrarles el sufrimiento de la espera, aún a costa de certificarles la muerte de su hija.

Él asintió, comprendiendo. Le puso la mano en el hombro y dijo:

– Lo lamento, mucho. De acuerdo, voy a confiar. Cuénteme su plan.

Salieron del garaje y se dirigieron hacia la casa. Durante el trayecto, Nolo le fue explicando los pormenores del plan que había trazado y que le llevarían a resolver el caso cerciorándose de lo que había leído.

Continuará…

Negro sobre blanco (V)

¿Te perdiste los capítulos anteriores?. Aquí los tienes: 

Fotos Sobre Nolo

Nunca se había desprendido de aquella placa. Siempre alegó que la había perdido en mitad de la persecución, pero no era así, la guardaba. Estaba anticuada, ya no se utilizaba, pero nadie fuera de los cuerpos de seguridad conocía la diferencia, todos la tomaban como buena.

Nolo lo sabía, y por eso la utilizaba cuando le interesaba. Sabía que le abría muchas puertas, como bien había sido aquel mismo día, en casa de ese matrimonio de gente mayor, destrozados por la pérdida de una hija, ansiosos de cualquier pista o detalle o noticia sobre ella y que le hubieran abierto la puerta hasta el mismísimo diablo con tal de tener la esperanza de recuperar a su niña.

En su propia desesperación, no les pareció raro que un inspector de policía se presentara en su casa a última hora de la tarde, ni que estuviera solo, ni que casi ni les hiciera preguntas sobre su hija y su desaparición, ni tan siquiera que les pidiera que le dejaran solo en la habitación de su hija “para buscar pistas”. Una habitación repleta de libros por todas partes, paredes llenas de estanterías con libros de todos los colores y condiciones, sólo interrumpidas por un pequeño escritorio en el que un portátil abierto, una libreta, un tarro con bolígrafos y un pequeño diccionario parecían esperar el momento para volver a la vida, ansiosos también de tener cerca a su dueña.

A cambio, sólo tuvo que aguantar la charla, las explicaciones y las preguntas ansiosas de respuesta de un matrimonio abatido, desesperado, que relataba con lágrimas en los ojos las últimas horas de su hija desaparecida junto a ellos, las bondades de ésta, la tranquila vida que llevaba entre sus libros y sus escritos y, al mismo tiempo, se lamentaba por la suerte que estaría corriendo en aquellos momentos su novio, un pobre diablo al que la policía había detenido y al que seguro estaban sometiendo en esos momentos a uno de los interrogatorios que Nolo tan bien conocía, sin parar de disculpar al chico, sin para de decir que no era capaz de poner un dedo encima de su hija, de no hacer daño a nadie, todo ello salpicado de ruegos y premuras de actuación por parte de la policía.

Pero la visita no había sido en vano. Entre la montaña de libros y papeles de la habitación encontró un manuscrito, un paquete de folios encuadernados con un simple espiral y una tapa de plástico transparente en la se podía ver una pegatina con un título y el nombre de su autor, un nombre que le sonaba bien por las señas que le habían dado meses atrás para poder seguirlo, hacerle fotos y pillarlo con su amante. Un nombre al que asociaba a una fotografía recibida en el bar de Lola, una imagen mil veces repasada  y que últimamente no salía de su mente. Un hombre al que esperaba destrozado pero del que le habían asegurado que estaba perfectamente.

Por eso, ahora, mientras tumbado en su cama leía el borrador del libro que había cogido de la habitación, Nolo pensaba que estaba cerca de conocer el paradero de la chica, que su intuición no le iba a fallar, que lo que leía se asemejaba mucho a una historia real y que, sin falta al día siguiente, tenía que conseguir hablar con el autor de dichas líneas, para saber de primera mano si lo escrito era mera fantasía o se podía trasladar a una situación actual.

Cerró el libro, tomó el último trago del vaso de whisky de la mesita y se quedó mirando al techo, pensando cómo abordar a la persona que pensaba clave en todo el caso y cuyas palabras escritas tanto habían sorprendido.

Continuará…

Descanso

Descansaba.

Tumbado en la cama sonreía, dejando que el tiempo pasara lentamente. Todavía sentía cómo le picaban las heridas, pero era un picor agradable, esa sensación de que se había hecho lo correcto, de que, por fin, la justicia había ganado.

Hacía muy poco tiempo desde que había llegado el desenlace y le gustaba saborear la victoria. Una victoria ansiada durante años y buscada. En el camino había dejado varias víctimas, entre ellas algún amigo muy querido. Su pena volvía al pensar que no podían disfrutar de aquello que habían buscado juntos.

Ahora por fin podía dejar vagar su mente tan maltrecha durante tantos años de búsqueda de una respuesta, una pista, un responsable a la atrocidad que le había marcado durante toda su vida. No había buscado venganza, sino justicia. Nada le devolvería aquello que había perdido, pero podía descansar sabiendo que no lo volverían a repetir aquellos que lo habían hecho en un principio.

Y en eso estaba. Descansando y disfrutando. Totalmente relajado. Pasando lentamente su mano por los rizos de la melena de Lola, que con tanta ternura le había tratado y se había ocupado de él y viendo desde la ventana abierta de la habitación el azul del cielo de la ciudad.

Por primera vez en mucho tiempo Nolo sonreía tranquilo, y descansaba.

…………………………………………………………………………………………………………….

La culpa de esta historia es de @Vitrubia

Gracias por tus tres palabras

 

Pendiente (y 11)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8 – Capítulo 9 – Pendiente 10

Lo primero que notó Nolo fue la sangre en su cara. Caliente, espesa. Le llegó de repente, mojando su rostro más de lo que lo hacía el sudor.

Después notó todo el peso del grandullón rubio sobre sus piernas al desplomarse. Rebotó en sus rodillas y cayó al suelo. Nolo miró su cara, le faltaba la parte de la mandíbula por la que le había salido la bala.

Levantó la cabeza lo justo para ver a Paco apuntando a la nuca de Pietr con una mano mientras con la otra le cogía las manos a la espalda para ponerle las esposas. Tras él, una puerta abierta de par en par por la que iban entrando policías, todos ellos con las pistolas por delante apuntando al resto de componentes del grupo de Pietr que se encontraban en la nave. Uno de ellos llevaba una manta que se la estaba poniendo a la chica sobre los hombros, con delicadeza. En una de las ventanas pudo ver el cañón de un rifle asomando, todavía atento. Supuso que de él había salido la bala que le había salvado la vida.

Vio a Paco acercarse a él. Ponerle la mano en el hombro y hablarle:

– ¿Estás bien?

Nolo simplemente asintió con la cabeza, lentamente. Todavía le dolían los oídos, supuso que del disparo. Se dio cuenta que eran las primeras palabras que escuchaba, aunque supo que anteriormente había habido mucho ruido y gritos, pese a que su cerebro no lo había registrado, quizá preocupado todavía en su propia existencia.

Notó como le desataban las manos de su espalda y de la silla. Cuando las tuvo sueltas, se frotó las muñecas para darse algo de calor en ellas y hacer que la sangre volviera a sus manos. Cogió y soltó aire lentamente y se levantó.

Se dirigió hacia la chica. Una vez a su lado le cogió la mano y notó cómo temblaba. Estaba llorando. La abrazó y le susurró al oido:

– Ya está, todo ha acabado.

Ella le puso la mano en la mejilla, apretó los labios y asintió con la cabeza, incapaz de soltar palabra.

Nolo se levantó. Caminó unos pasos hacia una de las esquinas de la nave, palpándose el pantalón hasta que encontró el móvil.

Lo sacó. Buscó en la agenda un número que había anotado una semana antes y llamó. Esperó tres tonos hasta que descolgaron desde la otra parte. Tomó aire y dijo, todo lo sereno que pudo.

– ¿Señor Ruiz? Soy Nolo… Me contrató hace tres años para localizar a su hija Julia, ¿lo recuerda?… Bien… Tengo buenas noticias… Hemos localizado a su hija, está viva… Se la paso.

Levantó la vista hacia la chica, se dirigió hacia ella y le dio el móvil. Ella sonrió al cogerlo, pero comenzó a llorar en el momento en que escuchó la voz que salía de él.

Nolo se giró y sonrió también, justo antes de que una lágrima cayera sobre su mejilla.

Lo decía en su tarjeta de visita: “Nunca dejo un caso PENDIENTE”

 

FIN

 

Pendiente (10)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8 – Capítulo 9

 


Nolo despertó al notar un fuerte golpe en la cara. No sabía si había sido el primero, pero por el dolor que sentía lo dudaba. Levantó lentamente la cabeza y miró alrededor.

Estaba sentado en una silla, atado con las manos a la espalda. La silla estaba en el centro de una nave industrial, de las típicas del puerto. La nave estaba totalmente vacía, salvo por su silla. Junto a él estaba el rubio alto de la taberna, que se masajeaba las manos; él debía haber sido el que le había dado los golpes.

Pietr se paseaba frente a él, de derecha a izquierda, y volver. Con las manos en la espalda. En una esquina, desnuda, con las manos atadas a la espalda, tirada en el suelo y con el cuerpo lleno de moratones, estaba Julia.

– Vaya, el bello durmiente por fin  ha despertado – Dijo Pietr.

– ¿Qué quieres de mi? – consiguió a decir Nolo

– Jajajaja – La risa sonó sarcástica y totalmente falsa – Quiero quitarte de enmedio.

– ¿Y de Julia?

– Que siga haciendo su trabajo.

Esto último lo dijo con total naturalidad, como si hablara de la becaria a la que se le encargan las fotocopias en la oficina o del secretario que te sube los cafés.

– Nolo – Continuó Pietr – Sabes que las niñas de 14 años dan mucho dinero. Hay verdaderos depravados capaces de pagar verdaderas fortunas por estar con ellas un rato.

– Por eso las secuestráis – Dijo Nolo – pero, ¿y luego?.

– Luego, las que son buenas y conservan su cuerpo de niñas, tienen mucho recorrido, hasta que cumplen una edad o se desarrollan, momento en el que “caducan”, y hay que deshacerse de ellas. Sin embargo, algunas se rebelan e intentan escapar. En ese caso, se las reúne y se les enseña que no deben hacerlo.

– ¿Qué eres capaz de hacer?

– Es rápido, un tiro en el sitio adecuado. Se acaba el problema y el resto vuelve al redil, más calmadas que de costumbre. La última que lo intentó estuvo a punto de jodernos el negocio, e hizo que tuviéramos que escondernos una temporadita. Creo que la conocías muy bien, ¿no?

– Hijo de puta. Mataste a mi hija.

– Y fue una verdadera pena, era muy buena en su trabajo. Al igual que Julia. Por eso ella debe aprender. Y lo hará viendo cómo mueres.

Hizo un gesto al rubio que estaba al lado de Nolo y éste sacó de su chaqueta un revolver. Lo amartilló y le puso el cañón en la sien a Nolo.

Nolo levantó lentamente la cabeza, miró a Julia a los ojos y no pudo más que susurrar: “Lo siento, te he fallado”.

El sonido del disparo rebotó en las paredes vacías de la nave, que lo devolvieron multiplicado haciendo vibrar los cristales de las ventanas.

……

(Continuará)

El próximo viernes. El final de la historia.

 

 

 

 

 

Pendiente (9)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8

 

Nolo echó el cigarrillo al suelo y lo pisó con la planta del zapato mientras miraba la fachada. El edificio estaba viejo, en parte por la salinidad del mar que tan cerca tenía y en parte por la dejadez en su mantenimiento. Aunque a aquellas horas de la noche no se apreciaba del todo, lo que veía estaba pidiendo una nueva mano de pintura a gritos. Algunas luces del neón azul de la puerta estaban fundidas, haciendo que entender el nombre del local: “La linterna apagada” fuera más un ejercicio de adivinación que de lectura.

Hacía ya una semana desde el entierro de La Puri y en ese tiempo había estado releyendo los apuntes y viendo las fotos del caso de las niñas desaparecidas. La reunión posterior a su llamada de teléfono le había confirmado algunas cosas y ya estaba en condiciones de averiguar el resto.

Entró al local. Estaba en penumbra. Algunas chicas bastante ligeras de ropa deambulaban alrededor de los pocos clientes que estaban en la barra, dejándose tocar la mercancía.

Buscó una mesa discreta en una esquina y se sentó. Siempre mirando hacia la puerta, como de costumbre.

No tardó en tener compañía. Frente a él se sentó un hombre de mediana edad, moreno, de mirada fría  y con una sonrisa burlona en unos labios que se notaban varias veces cosidos. Junto a él, pero de pie, un armario ropero de dos metros de alto, rubio, como la madre que lo debió traer al mundo y con una pinta de saber bien el oficio de obedecer, mejor que el de pensar.

– Parece ser que el mensaje del otro día no te llegó correctamente – dijo el que estaba sentado – Igual quieres que te lo repitamos.

– Lo que no quiero es charla – replicó Nolo con tranquilidad – quiero ver a Julia.

– Aquí no hay nadie con ese nombre.

– Pero lo hubo, aunque ahora la llamáis de otra forma. Igual Pietr sea el único que se acuerde de su verdadero nombre, ¿por qué no le preguntáis a él?

El hombrecillo abrió más los ojos que la boca. Se levantó y dirigió su mirada al que estaba de pie.

– Que no se mueva, ahora vuelvo.

Entró en la cocina, o lo que debía de ser, traspasando una pequeña puerta tras la barra. Salió al momento y desde allí gritó a Nolo.

– Pasa.

Nolo se levantó y se dirigió hacia la barra, siempre escoltado por el rubio, al que malamente le llegaba al pecho. Entró en la cocina y se encontró sentado tras un escritorio, con un portátil encendido y un móvil junto a él, a un viejo conocido.

– Pietr – dijo, a modo de saludo.

– Nolo. Cuánto tiempo, ¿no?. Siéntate por favor. Charlemos un rato.

Nolo cogió la silla que había frente a él y se sentó. Mirando fijamente a Pietr, pero tranquilamente.

– Demasiado – le dijo – pero siempre tuve la sensación la última vez que nos vimos que volvería a tenerte enfrente de mi. Creo que es el momento de que arreglemos algunas cuentas.

– Jaja… Pues yo pensé que no te volvería  a ver nunca, fíjate. ¿Cuánto hace ya?, ¿5?.. ¿6 años?… Y, tienes razón, es momento de arreglar viejas cuentas. Por cierto, siento lo de tu hija, no te lo pude decir.

– Hijo de pu…

“Nunca te sientes de espaldas a la puerta”, fue lo que le vino a la mente de repente, pero Nolo se dio cuenta de su infantil error demasiado tarde, justo en el momento en que la culata de una pistola le golpeaba con fuerza en la cabeza y su cuerpo caía sobre la mesa, inconsciente.

(Continuará)

……..

El próximo capítulo de la serie se publicará el dia 5, puesto que el 6 es fiesta (Y no es una inocentada).

 

Pendiente (8)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7

 

Nolo lloró, por desesperación, por pena, por impotencia, por desconocimiento, por haber perdido un amigo, por una vida pasada que quería olvidar, por una vida futura que no sabía que le iba a deparar, por culpa.

Lloró hasta que no pudo más, hasta que le dolieron los ojos y el corazón, hasta que vació los sentimientos guardados durante años y acentuados en la última semana.

Cuando acabó de llorar levantó lentamente la vista, para cerciorarse de que no había soñado, de que estaba despierto. La visión de su piso le devolvió a la cruda realidad. El desastre que sus ojos le devolvían le avisaban de que estaba en algo serio, había tocado alguna tecla que a alguien no le había sonado bien. Tuvo una sensación de recuerdo, de haberlo pasado anteriormente, una corazonada de investigador, del gran policía que había sido anteriormente, con olfato.

Se secó las últimas lágrimas con el dorso de las manos y se levantó lentamente. Se quitó la chaqueta y la tiró sobre la cama.

– Bueno, a por ello – Dijo en voz alta para concienciarse.

Y empezó a recoger todo. Empezó por la habitación. En ella tenía una mesa en la que trabajaba en los distinto casos y una estantería en la que dejaba todas las carpetas con la diferente documentación. Vio con resignación que estaban todas en el suelo, con los papeles y las fotos fuera de sus respectivos casos, mezcladas entre ellas y amontonadas.

Cada vez que cogía una y miraba lo que quedaba en ella recordaba el caso, las pesquisas, las fotos de Puri que tanto le ayudaban, las pistas, los informes. Cada uno distinto, pero todos iguales en cierto sentido.

De momento, al coger uno, su cuerpo se estremeció. El simple tacto de la carpeta, más grueso que los otros, más manoseado, más utilizado, le llenó la cabeza de recuerdos. Era el caso de las niñas desaparecidas, en el que perdió a su hija, el que le costó el puesto de policía y le llevó a su actual estado.

Lentamente la abrió. Dentro quedaban un puñado de papeles mezclados con unas fotos. Cogió las fotos y las empezó a pasar al azar, se las sabía de memoria de las veces que las había mirado. Sin embargo, en una de ellas algo le llamó la atención. Estaba en una esquina, un rostro conocido. Se centró en él, no le había llamado la atención hasta ese momento, pero ahora lo conocía. Sabía quién era.

Se dejó caer sentado en la cama, sin dejar de mirar la foto. Metió la mano en el bolsillo y sacó su móvil. Le dio a la tecla del historial de llamadas hasta que encontró la que buscaba.

Sonó varias veces, hasta que le contestaron. Cogió aire y dijo:

– Soy Nolo. Tenemos que vernos. Hoy mismo.

 

(Continuará)

No se puede votar, la historia ya tiene continuación, pero, ¿a quién creéis que ha llamado?

Me gustaría ver hasta qué punto estáis en la historia. Dejar en los comentarios vuestras impresiones. El viernes próximo veremos quién ha acertado.

 

 

 

 

Pendiente (6)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5

 

– Paco, te repito que no estábamos en nada y sabes muy bien que, si lo estuviéramos te lo diría. No por mi, por Puri.

Nolo se giró y se dirigió hacia la puerta. Cuando estaba a punto de salir oyó a su espalda.

– Nolo, no te voy a quitar el ojo de encima.

– Lo sé. Paco. Lo sé.

…..

Pese a que el sol estaba fuera, la tarde era fría. Muy fría. Las puntas de los cipreses se mecían al ritmo de un viento gélido que entraba por los pasillos del cementerio y se colaba en los corazones de los allí congregados.

Un pequeño grupo de gente esperaba bajo una fila de nichos. Se arremolinaban entre ellos como intentando que el aire no se colara y darse algo de calor, pero era imposible.

Allí estaban las compañeras de Puri, llorando a moco tendido. Eran unas cinco. Pese a que habían intentado vestirse para la ocasión, lo poco que tenían delataba su condición. Únicamente los pañuelos eran blancos, lo que contrastaba con sus ceñidos vestidos negros, de minifaldas imposibles y medias de rejilla. Con el rimel corrido, eran las únicas que rompían el silencio del momento.

A su lado, cuatro policías de paisano. Antiguos compañeros de Nolo y Alfredo. Cabizbajos la mayoría. Con caras de circunstancias. Alfredo siempre había sido un buen compañero y eso se notaba. El único que no perdía la compostura y estaba allí más por puesto que por gusto era Paco, cuya cabeza erguida sobresalía sobre el resto.

Lola estaba cogida a Nolo. Con la cabeza hundida en su hombro derecho. Llorando en silencio e hipando por lo bajo. Nolo le tenía pasado el brazo por su cuello, dándole calor, tanto físico como de alma. Pese a que lo reprimía, a Nolo le caían dos lágrimas por las mejillas. Sinceras. Rabiosas. Amargas.

Cuando el operario acabó de sellar el nicho con un poco de yeso se acercó a Nolo. Le dio la mano.

– Lo siento, Nolo. Se van los mejores – dijo.

Nolo asintió. Lola se aferró fuerte a su hombro, desconsolada. Los policías desfilaron hacia la salida cabizbajos. Nolo echó un último vistazo a Paco. Éste le aguantó la mirada un par de segundos y se dirigió hacia la puerta. Cuando Nolo volvió a girar la cabeza hacia el nicho se encontró con las compañeras de Puri.

– Toma – dijo una de ellas tendiéndole un manojo de llaves – Son las llaves de su casa, siempre dijo que, si le pasaba algo, te las diéramos a ti. Decía que lo que había dentro eran tan tuyo como suyo y que sabrías hacer buen uso de él.

Nolo cogió las llaves y las miró con extrañeza. Como si no fueran con él.

– Gracias – contestó – Iré a echar un vistazo.

– Ahora no, Nolo – Le dijo Lola – Por favor. Esta noche necesito un cuerpo al que abrazar. Quédate en casa conmigo.

…….

¿Qué debería hacer Nolo?

 -Por una parte, no sabe qué habrá dejado su amigo en casa para él. Y más, con un mensaje tan directo de sus compañeras. Le pica la curiosidad, y mucho. Igual es algo relacionado con la noche en que empezó todo.

 – Por otra parte, Lola lo necesita con ella, en la cama y él lo sabe. Un poco de calor humano con lo que está pasando será bueno. También para él y con Lola está a gusto.

Es vuestro turno para decidir.

 

 

 

 

 

 

Pendiente (4)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 Capítulo 2Capítulo 3

– Voy a ir. Debo ir. Lo sabes

– Lo tengo claro, pero te tengo que avisar. Esa gente no se va con pequeñeces. Sabes que conozco a la gente de la calle. Mucho cuidado.

– Sabes que lo tendré.

Puri le pasó la mano por la mejilla, lentamente. Con el cariño que siempre le mostraba. Nolo le cogió la mano, la besó y sonrió. Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia el parque.

Avanzó por la acera hacia la puerta del Este. Una vez alcanzada giró hacia la izquierda y entró al parque. Se detuvo y levantó la vista. Los vio.

Eran dos. Estaban sentados en un banco a unos cincuenta metros. Ellos también le vieron. El rubio le señaló con la barbilla y el moreno se levantó en el acto. Se metió la mano por la chaqueta, hacia la axila, hacia el sitio en el que se guardan las pistolas, como muy bien sabía Nolo.

No lo pensó. Dio media vuelta y empezó a correr. Ellos salieron disparados hacia él. Nada más salir del parque vio como en la otra acera un autobús urbano estaba a punto de salir. Corrió hacia él. Se puso delante obligándolo a parar y a abrir las puertas. Subió y deslizó un billete de 20 euros al conductor:

– Cierre y arranque. Rápido. No abra las puertas.

El conductor lo miró, cogió el billete y empezó la marcha. Nolo se giró justo para ver cómo llegaban sus perseguidores hasta la puerta del autobús y la golpeaban, pero éste ya se marchaba.

Pasó al fondo y se dejó caer en un asiento. Respiraba agitado. Al cabo de tres paradas pulsó el botón y se bajó del autobús. Cogió un taxi y le dio la dirección de su casa.

El taxi le llevó hasta su puerta. Pagó y se bajó. Cuando estaba metiendo la llave en la cerradura se le acercó un niño.

– ¿Señor Nolo?

– Umm.. si, ¿qué quieres?

– Me han dicho que le entregue esto – Llevaba un sobre en la mano y se lo tendía para que lo cogiera.

Nolo lo cogió. Leyó su nombre en el mismo y, cuando quiso levantar la vista, el niño ya no estaba. Lo vio girando por la esquina del final de la calle.

Acabó de abrir la puerta y subió a casa.

Una vez allí, se fue al congelador, puso hielo en un vaso y cogió la botella de Ron. Se sentó en la mesa con el sobre en la mano. No lo abrió hasta haber acabado el primer vaso y llenado el segundo.

“Nolo, debieron escuchar que hablaba contigo. Me pegaron hasta que tuve que decirles dónde había quedado contigo. Ahora me controlan todo lo que hago. Te he hecho llegar esta carta a través de una compañera que está como yo. Son peligrosos y no van a dejar cabos sueltos. Es mejor que lo dejemos, sobre todo para ti. Y, por favor, no vayas a la policía, seria peor. Gracias por todo. J.”

La leyó varias veces. Lentamente. Hasta que el sopor del alcohol le venció y se durmió sobre la mesa.

……

No supo cuántas veces había sonado el teléfono hasta que tuvo conciencia de ello. Con la boca pastosa del sueño y de la resaca lo cogió. Miró la pantalla y no conoció el número, pero si la hora. Eran las 6 de la mañana. Contestó.

– Dígame.

– Nolo, soy Paco. Paco Gómez.

– Coño. Algo gordo debe de ocurrir cuando el jefe de la pasma en persona te llama a tu móvil. ¿Alguna bomba?

– No me toques los huevos, que llevo una noche movidita.

– Va Paco. Que son las 6 de la mañana, ¿qué tripa se te ha roto?

– Esta noche han encontrado un cadáver. Le habían pegado una paliza y le habían rematado con un disparo. Yo no estaba de guardia, pero me han llamado, pues me tocaba de cerca…

– …¿y?

– Nolo…. Han asesinado a La Puri.

(Continuará)