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El silencio es miedo

Que, en los tiempos que corren, alguien se dedique a editar una revista en papel, gratuita y literaria es para pensar que aún quedan locos románticos que hacen de este mundo un lugar mejor.

Que, además, te den la oportunidad de participar en ella y formar parte de este maravilloso proyecto es todo un placer y un gran honor.

“Un mal día” es el relato con el que participo en este número y que podréis leer si os descargáis la revista.

Por todo eso no puedo dejar de compartir desde aquí este proyecto para difundirlo e intentar poner mi pequeño grano de arena para que crezca y se consolide.

Podéis conseguir la revista en formato digital en estos enlaces:

Versión digital

Versión PDF para imprimir

Pero, si estáis por Palencia, hay varios sitios en los que se puede conseguir físicamente y de forma gratuita. Corred a por ellos.

Y, por supuesto, no dejéis de visitar el blog “El silencio es miedo”. Ahí encontraréis más información sobre este número 2 de la revista, todos los que en ellos hemos colaborado y muchos otros textos que vale la pena leer.

 

 

Septiembre

Todo empezó con una mirada, mientras paseaba por el lateral de la piscina del apartamento, camino de la ducha.

Había algo en esa mirada: especial, misterioso, atractivo… Algo que le sedujo al instante y que nunca podría olvidar.

Luego vinieron otras miradas, acercamientos, sonrisas encontradizas… hasta que una noche, mientras en el local social la misma pareja de músicos con su órgano eléctrico tocaba las mismas canciones ya sabidas por todos y que sólo los más mayores del lugar bailaban llegó el saludo.

Fue un “hola”, sincero, sin pretensiones, seguido de una sonrisa franca y una mirada intensa. La cercanía de esa mirada fijada en la suya le hizo temblar las piernas como hacía tiempo que no sentía.

Luego, todo se precipitó. Una copa, una charla banal, un roce, una caricia y un beso robado en las escaleras junto al ascensor, camino cada uno de su respectivo apartamento.

Los días posteriores fueron como estar en una nube. Cada lunes se volvían a ver ávidos de encuentros fugaces, rezando para que el fin de semana, momento en el que tenían que separarse, no llegara nunca. Del ascensor se pasó al apartamento, de ahí a la cama y de ahí al cielo.

Y ahí estaban ahora, los dos en la playa, revolcados sobre la arena, tapando con besos el miedo a no poder volverse a ver, ahora que empezaba septiembre y el marido de ella cogía vacaciones y se instalaba todo el mes en el apartamento.

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La culpa de esta historia es de @anler7

Gracias por tus tres palabras

INVENCIBLE

 

Abrió la ventana. Respiró hondo llenando sus pulmones de la fragancia fresca que le devolvían los pinos que rodeaban la cabaña de madera. Al principio le costó abrir los ojos, pero cuando éstos se acostumbraron a la luz descubrió maravilloso cielo que el despuntar del alba le ofrecía. Desde que tomó la decisión dos días antes le parecía que el cielo estaba de un azul más intenso.

Se dio la vuelta y se dirigió hacia la cocina. Mientras la cafetera humeaba llenando la estancia de un aroma a café recién hecho, abrió la nevera y cogió una ciruela. Siempre le había apasionado el tomar fruta a primera hora de la mañana.

Se sentó tranquilamente a desayunar mientras pensaba que la decisión conllevaba un cambio drástico, dejar atrás familia, trabajo, amistades, momentos… desaparecer, simplemente. Pero ya no había marcha atrás.

Tras el desayuno volvió a la habitación, a por su maleta. A última hora había decidido añadir al poco equipaje que llevaba sus botes de acuarela y sus pinceles, pintar le ayudaría a relajarse y olvidar lo que dejaba atrás.

Cerró la maleta y se dirigió a la puerta.

Se giró por última vez a mirar el cadáver de su marido que reposaba en el suelo sobre un charco de sangre que empezaba a coagularse. Sonrió.

Salió de la casa y cerró la puerta, dejando atrás broncas, gritos, alientos a alcohol a altas horas de la noche, días enteros sin salir con los ojos hinchados y el cuerpo lleno de hematomas.

Pero sobre todo dejaba atrás miedo, mucho miedo, a ése, lo había conseguido vencer. Ahora, ella era la invencible.

 

La culpa de esta historia es de @vimartiz: