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Negro sobre blanco (VIII)

¿Te perdiste los capítulos anteriores?. Aquí los tienes: 

Fotos Sobre Nolo

 

No tuvo que esperar mucho tiempo. Puntual, tal y como se esperaba, entró por el camino con su coche, un todo terreno impecable, nuevo. Esta vez conducía ella, sin chófer, no como en la última vez que la había visto.

Aparcó frente a la puerta y bajó. Nolo suspiró, estaba espectacular. Pantalón vaquero, ceñido pero sin exagerar; botas de media caña, son un poco de tacón, el justo para marcar sus largas piernas; camisa blanca de seda, con una caída que marcaba su pecho y que le pasaba de la cintura y el pelo suelo, sobre los hombros.

Cerró el coche y se dirigió hacia el porche. No había acabado de subir cuando, mirando directamente a los ojos de Nolo preguntó:

– ¿Has traído el manuscrito?

– Yo también me alegro de volver a verte. Buenas noches – Contestó Nolo.

– Déjate de idioteces. Lo que me has contado por teléfono es muy grave. ¿Lo tienes?

– ¿Pasamos y te lo cuento dentro?

Ella lo miró fijamente y sacó un llavero de su bolsillo. Se acercó a la puerta y la abrió.

– Por favor, si me hace el honor – dijo con una media sonrisa.

Nolo le devolvió la sonrisa y entró. Ella siguió sus pasos y le indicó el salón. Al llegar Nolo dejó sobre la mesa el manuscrito. Ella lo cogió y leyó lentamente el título de la portada: “El escritor”.

– Ahí lo tienes. ¿Te cuento la historia?, aunque no creo que te haga falta, te la conoces de memoria. Es la coartada perfecta para deshacerte de la amante de tu marido. ¿Cuándo pensabas dársela a la policía?

– ¿Qué coño dices? – Dijo – ¿De qué estás hablando?

– No te hagas la tonta conmigo – Respondió Nolo – He conocido muchas como tu en mi vida de policía. Una venganza por celos, la culpa al marido, se quedan con su fortuna. Tu, además, tenías el libro. Jugada redonda.

– Te has vuelto loco, Nolo. Yo no he matado a nadie. ¿Han encontrado a esa chica muerta?

– Todavía no, hasta que tú digas dónde la escondiste. Que, supongo, será dónde dice ahí, no muy lejos de mi.

– Escúchame, Nolo, no se de qué hablas.

– ¿No?, Si quieres te lo resumo. Aprovechas un viaje de tu marido para, haciéndote pasar por él, invitar a la chica a esta casa. Ella se piensa que será como muchas otras veces que ha venido aquí, una cena con velas, una noche romántica. Pero aquí no la espera tu marido, sino tu. ¿Cómo la mataste?, eso no lo sé, espero que me lo digas. Luego la escondes dónde dice el libro y, pasados unos días llamas a la policía y le cuentas que has encontrado el manuscrito y que crees que tu marido se ha basado en él para matarla. Todo cuadra.

– Te has vuelto loco – dijo ella, lentamente – Completamente loco. ¿Tienes alguna prueba de lo que dices?

– Yo no, pero igual tu marido quiere preguntarte algo más.

Se abrió la puerta de la cocina, a espaldas de Nolo, y por ella apareció su marido. Ella se echó las manos a la boca, ahogando un grito.

Nolo la observaba, sin quitar la vista de su cara, quería ver su reacción, quería ver cómo se desmoronaba, interpretando el grito como una muestra de ello. Por eso, no había visto cómo el marido avanzaba hacia ellos, lentamente, sosteniendo una pistola en su mano derecha.

Ella lo señaló, pero para cuando Nolo se giró, el cañón ya apuntaba directamente a la cabeza de su acompañante.

Continuará…

Negro sobre blanco (IV)

¿Te perdiste los capítulos anteriores?. Aquí los tienes: 

 

Fotos Sobre Nolo

 

Un tono… Dos tonos…
– ¿Dígame?
La voz era fría, distante. Intentaba ser neutra pero se le notaba que era forzada. Tenía ese timbre final que chirría, que denota alerta, como ese gato que ronronea con los ojos abiertos a la espera de que algo pueda ocurrir.
– Hola, soy Nolo.
-¿Perdón?, ¿Nolo?, ¿Le conozco?
Demasiado rápida en la respuesta, había faltado el silencio típico cuando intentas recordar algo, hacer memoria. En este caso, la respuesta había sido automática, preparada de antemano, esperada la pregunta.
– Si, nos conocemos, llevé el caso de la infidelidad de su marido.
Ahora si, silencio. A través del teléfono casi se podía escuchar el mecanismo de la mente de su interlocutora buscando una salida, decidiendo si admitía que se conocían o no.
“Me va a colgar”, pensó Nolo.
Le respuesta le llegó de inmediato.
-Ah, si. Por supuesto, Nolo. ¿Qué tal? Cuanto tiempo.
-Si, hacia bastante- llegó a contestar Nolo, casi de sorpresa, estaba más preparado para que le colgara.
– Y bien, ¿A qué debo su llamada?
– Es por la joven, a la que me encargó  que siguiera. Ha desaparecido, ¿No ha visto la noticia?
-Sí, lo leí. Una pena. Espero que la encuentren pronto.
– ¿Y su marido?
– Bien. Él no ha tenido nada que ver y, como comprenderá, no era un tema del que se hablaba en casa. Ahora, si me disculpa, tengo cosas que hacer. Un placer volver a hablar con usted, Nolo.
La comunicación de cortó, sin darle tiempo a Nolo a despedirse ni a formular ninguna otra pregunta.
Dejó el teléfono sobre la mesa y empezó a mover la cucharilla sobre el carajillo, mecánicamente, mientras su mirada seguía fija, aunque perdida, sobre el periódico abierto en la página de la noticia de la desaparición y en su mente resonaba una frase que no podía borrar: “Él no ha tenido nada que ver”
Una explicación gratuita, directa, hecha sin pregunta anterior y dejada caer como si nada.
Lola se le acercó por detrás, mientras limpiaba la mesa que unos clientes acababan de abandonar. Le puso la mano en su hombro y le movió con la otra su cabeza, obligando a Nolo a mirarla.
– Olvídalo. Tu trabajo acabó. Cumpliste y ahora no es asunto tuyo.
Nolo la miró y esbozó una media sonrisa.
– Lola…
– Eres incorregible – lo interrumpió ella – Y un capullo. Te dije que esa mujer no me gustaba. Ya eres mayorcito. Pero quiero que sepas que me preocupo por ti. Y mucho.
– Lo sé, Lola. Pero tendré cuidado. Simplemente haré un par de preguntas. Te prometo no involucrarme mucho.
Lola no respondió, se dio la vuelta y se fue hacia la barra. Nolo la miró alejarse. Le gustaba, le había dado estabilidad y lo había sacado de un pozo del que pensó que nunca saldría. Le debía mucho y no quería preocuparla.
Pero su mente estaba ya pensando en la próxima visita que iba a realizar.

 

Continuará…

Negro sobre blanco (II)

¿Te perdiste el primer capítulo?. Aquí lo tienes: Capítulo 1

 Fotos Sobre Nolo

– Es mi marido. Tiene una putita.

Escupió las palabras, una a una, dejando bien claro su opinión.

– ¿Y quiere saber si es así?, confirmar que su esposo tiene una amante. – Dijo Nolo.

– No – Respondió ella – Lo quiero saber todo: quién es, a qué se dedica, por qué está con mi marido, qué le da… Todo.

Nolo fijó su vista sobre la foto que más le había llamado la atención. En ella, un hombre de mediana edad, guapo, sonreía distraído a la cámara. Se le podía ver despreocupado, feliz. La foto sólo mostraba la cara, un primer plano, pero se pudo imaginar el resto: atlético; de cuerpo cuidado, horas de gimnasio, pero sin pasarse; bien vestido, de marca, con la ropa impecablemente conjuntada. Todo un caballero acorde con la dama que tenía delante.

Le sonaba la cara, aunque no sería capaz de ubicarla con seguridad. Quizá se trataba de una cara estereotipada en revistas del corazón y en los programas de cotilleo que tenía Lola a todas horas en el bar. O quizá lo conocía de algo más, no estaba seguro. Pero pronto lo averiguaría, pensó.

– Eso le costará dinero – Dijo Nolo.

– El dinero no será problema. Quiero un buen trabajo, cueste lo que cueste. Todos los detalles: cuándo se ven, dónde…

– Tranquila – La interrumpió Nolo – Sé hacer mi trabajo.

– Eso me han dicho – Dijo ella, esbozando una media sonrisa – Por eso lo quiero a usted.

A partir de ahí, la charla discurrió por los términos reglamentarios: Precio total, forma de pago, plazo, contacto, entrega de documentación…

Al finalizar ella se levantó y le tendió la mano: una mano firme, decidida, acostumbrada a estrechar otras. Nolo la acompañó a la puerta del bar y se despidió allí de ella, viendo cómo entraba de nuevo en el coche que le esperaba a la puerta. Volvió a entrar al bar en cuanto el coche desapareció por la primera esquina.

Se dirigió a la barra, dónde Lola ya lo esperaba con su carajillo en la mano, dispuesta a dárselo antes de que él lo pidiera.

– No me gusta esa mujer – le dijo a Nolo. – No es de fiar. No me gusta nada.

(Continuará)