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Negro sobre blanco (IV)

¿Te perdiste los capítulos anteriores?. Aquí los tienes: 

 

Fotos Sobre Nolo

 

Un tono… Dos tonos…
– ¿Dígame?
La voz era fría, distante. Intentaba ser neutra pero se le notaba que era forzada. Tenía ese timbre final que chirría, que denota alerta, como ese gato que ronronea con los ojos abiertos a la espera de que algo pueda ocurrir.
– Hola, soy Nolo.
-¿Perdón?, ¿Nolo?, ¿Le conozco?
Demasiado rápida en la respuesta, había faltado el silencio típico cuando intentas recordar algo, hacer memoria. En este caso, la respuesta había sido automática, preparada de antemano, esperada la pregunta.
– Si, nos conocemos, llevé el caso de la infidelidad de su marido.
Ahora si, silencio. A través del teléfono casi se podía escuchar el mecanismo de la mente de su interlocutora buscando una salida, decidiendo si admitía que se conocían o no.
“Me va a colgar”, pensó Nolo.
Le respuesta le llegó de inmediato.
-Ah, si. Por supuesto, Nolo. ¿Qué tal? Cuanto tiempo.
-Si, hacia bastante- llegó a contestar Nolo, casi de sorpresa, estaba más preparado para que le colgara.
– Y bien, ¿A qué debo su llamada?
– Es por la joven, a la que me encargó  que siguiera. Ha desaparecido, ¿No ha visto la noticia?
-Sí, lo leí. Una pena. Espero que la encuentren pronto.
– ¿Y su marido?
– Bien. Él no ha tenido nada que ver y, como comprenderá, no era un tema del que se hablaba en casa. Ahora, si me disculpa, tengo cosas que hacer. Un placer volver a hablar con usted, Nolo.
La comunicación de cortó, sin darle tiempo a Nolo a despedirse ni a formular ninguna otra pregunta.
Dejó el teléfono sobre la mesa y empezó a mover la cucharilla sobre el carajillo, mecánicamente, mientras su mirada seguía fija, aunque perdida, sobre el periódico abierto en la página de la noticia de la desaparición y en su mente resonaba una frase que no podía borrar: “Él no ha tenido nada que ver”
Una explicación gratuita, directa, hecha sin pregunta anterior y dejada caer como si nada.
Lola se le acercó por detrás, mientras limpiaba la mesa que unos clientes acababan de abandonar. Le puso la mano en su hombro y le movió con la otra su cabeza, obligando a Nolo a mirarla.
– Olvídalo. Tu trabajo acabó. Cumpliste y ahora no es asunto tuyo.
Nolo la miró y esbozó una media sonrisa.
– Lola…
– Eres incorregible – lo interrumpió ella – Y un capullo. Te dije que esa mujer no me gustaba. Ya eres mayorcito. Pero quiero que sepas que me preocupo por ti. Y mucho.
– Lo sé, Lola. Pero tendré cuidado. Simplemente haré un par de preguntas. Te prometo no involucrarme mucho.
Lola no respondió, se dio la vuelta y se fue hacia la barra. Nolo la miró alejarse. Le gustaba, le había dado estabilidad y lo había sacado de un pozo del que pensó que nunca saldría. Le debía mucho y no quería preocuparla.
Pero su mente estaba ya pensando en la próxima visita que iba a realizar.

 

Continuará…

Negro sobre blanco (III)

¿Te perdiste los capítulos anteriores?. Aquí los tienes: 

Fotos Sobre Nolo

Había pasado casi medio año. Nolo lo recordaba bien, puesto que conservaba una memoria privilegiada para todos sus casos. Su olfato de policía le había enseñado a recordar cada prueba, cada gesto, cada foto, cada mirada, letra o conversación por si en el futuro le pudiera valer. Y ahora, que se dedicaba a investigar por su cuenta conservaba esa memoria, ese recuerdo, esa rutina.

Además, ese caso había sido especial. No por la complejidad ni por la originalidad del mismo, al fin y al cabo, no era más que una infidelidad más, una de las que últimamente ocupaban su tiempo y que le ayudaban a continuar con su vida. Una infidelidad que se había saldado con poco más de un mes de seguimiento, un par de carretes de fotos, un micro escondido bajo una mesa de un restaurante y un par de pinchazos telefónicos.

Ni tan siquiera la pareja a seguir había sido original; él, un hombre atractivo, pasados los 40, con dinero y algo de fama; ella, una joven de poco más de 20 años, atraída por un hombre maduro y rico, al que idolatraba más que amaba y con el que veía un futuro prometedor.

Pero a Nolo quien le había marcado había sido ella, la mujer que le había realizado el encargo, la esposa del adúltero. Desde el primer momento en que empezó a hablar con ella, su personalidad y maduro atractivo lo había cautivado, descubriéndose más de una vez buscando una excusa para quedar con ella durante el caso, más de lo estrictamente necesario, sólo por compartir un rato juntos.

Por eso ahora, casi seis meses después de haber entregado el dossier del caso y cobrado lo pactado, en la misma mesa del bar de Lola en el que habían estado hablando por primera vez y ella le había hecho el encargo, no podía dejar de mirar el periódico del día, abierto por la página de sucesos en la que aparecía la noticia de una joven desaparecida junto a una foto que mostraba una cara conocida por estudiada, por seguida, por fotografiada, como podría demostrar en los negativos que todavía conservaba en su casa. Una cara que había dejado de ver hacía casi seis meses pero que no había olvidado.

Por eso, en esa misma mesa, en la misma en la que había empezado el caso, en la misma en la que había conocido a aquella mujer, se preguntaba si debía llamarla para conocer de primera mano sus impresiones sobre la desaparición o debía dar por cerrado el caso una vez ya entregado y cobrado.

(Continuará)

 

 

Negro sobre blanco (I)

Fotos Sobre Nolo

No es belleza. No es el trabajo, ni un título, ni una carrera, ni es la pareja. Y, por supuesto, ni mucho menos es el dinero.

Son gestos, detalles, movimientos. Miradas de alguien que, sabiéndose que lo es, le sale natural no demostrarlo, descendiendo a la altura del resto de los mortales que no lo son de forma que estos últimos no se sientan incómodos.

Son miradas, bien directas o a través de unas maravillosas gafas de sol que se llevan cómo si hubieran caído ahí, o estuvieran ahí desde el principio de los días.

Son palabras, silencios. La forma de conversar, de escuchar, de asentir. De aseverar y exigir, de suplicar y pedir perdón.

Y, sobre todo, es elegancia: Desde la punta del pie hasta el último pelo de la melena. Elegancia al andar, al mirar, al vestirse. Elegancia para adaptarse al entorno, por muy fuera de su círculo que se esté. Elegancia para entablar conversación, presentarse, sentarse y pedir un café con leche.

Y es que hay muy pocas mujeres que puedan ser, realmente unas autenticas Señoras, con mayúscula. Con todo lo que la acepción de la palabra conlleva.

Nolo lo sabía y era capaz de identificarlas a la primera. En aquel caso no le costó más que el parpadeo al verla entrar al bar de Lola. Desde que la vio pararse a en la puerta, tras los cristales, coger aire y entrar. Le bastó un breve recorrido por la superficie del bar para reconocerlo a él y dirigirse hacia la barra para presentarse.

No había duda, toda una señora: de edad indefinida, pero ya pasados los 45, seguía conservando una belleza natural y un cuerpo perfectamente modelado pese al abrigo, como pudo comprobar cuando se lo quitó, al sentarse en la barra del fondo.

Elegancia a la hora de pedir un café con leche y remarcar: “Con azucar”, nada de medias tintas ni malas interpretaciones. Elegancia para verter el contenido del sobre, agitarlo y coger el tazón, llevárselo a los labios y soplar antes de probarlo.

Elegancia hasta para simular una lágrima en el momento en que sacó el sobre del bolso y lo dejó sobre la mesa, al alcance de la mano de Nolo.

Nolo lo cogió, sin quitar la vista de los ojos que lo miraban expectantes y lo empezó a abrir, aunque tenía muy claro lo que contenía sólo por el tacto sobre el papel, por la historia que ella le había contado y hasta por la forma en la que había contactado con él.

Metió la mano en el sobre y sacó cinco fotos, que fue pasando lentamente, sin perder detalle de lo que en ellas aparecía. Ella esperaba paciente, con su café con leche en la mano a que Nolo levantara la vista para continuar  el relato que la había llevado hasta allí. No tuvo que esperar mucho tiempo.

– Es él – Aseguró Nolo, al volver a mirarla a los ojos.

Ella asintió y se dispuso a seguir hablando.

(Continuará)

 

Descanso

Descansaba.

Tumbado en la cama sonreía, dejando que el tiempo pasara lentamente. Todavía sentía cómo le picaban las heridas, pero era un picor agradable, esa sensación de que se había hecho lo correcto, de que, por fin, la justicia había ganado.

Hacía muy poco tiempo desde que había llegado el desenlace y le gustaba saborear la victoria. Una victoria ansiada durante años y buscada. En el camino había dejado varias víctimas, entre ellas algún amigo muy querido. Su pena volvía al pensar que no podían disfrutar de aquello que habían buscado juntos.

Ahora por fin podía dejar vagar su mente tan maltrecha durante tantos años de búsqueda de una respuesta, una pista, un responsable a la atrocidad que le había marcado durante toda su vida. No había buscado venganza, sino justicia. Nada le devolvería aquello que había perdido, pero podía descansar sabiendo que no lo volverían a repetir aquellos que lo habían hecho en un principio.

Y en eso estaba. Descansando y disfrutando. Totalmente relajado. Pasando lentamente su mano por los rizos de la melena de Lola, que con tanta ternura le había tratado y se había ocupado de él y viendo desde la ventana abierta de la habitación el azul del cielo de la ciudad.

Por primera vez en mucho tiempo Nolo sonreía tranquilo, y descansaba.

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La culpa de esta historia es de @Vitrubia

Gracias por tus tres palabras

 

Pendiente (y 11)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8 – Capítulo 9 – Pendiente 10

Lo primero que notó Nolo fue la sangre en su cara. Caliente, espesa. Le llegó de repente, mojando su rostro más de lo que lo hacía el sudor.

Después notó todo el peso del grandullón rubio sobre sus piernas al desplomarse. Rebotó en sus rodillas y cayó al suelo. Nolo miró su cara, le faltaba la parte de la mandíbula por la que le había salido la bala.

Levantó la cabeza lo justo para ver a Paco apuntando a la nuca de Pietr con una mano mientras con la otra le cogía las manos a la espalda para ponerle las esposas. Tras él, una puerta abierta de par en par por la que iban entrando policías, todos ellos con las pistolas por delante apuntando al resto de componentes del grupo de Pietr que se encontraban en la nave. Uno de ellos llevaba una manta que se la estaba poniendo a la chica sobre los hombros, con delicadeza. En una de las ventanas pudo ver el cañón de un rifle asomando, todavía atento. Supuso que de él había salido la bala que le había salvado la vida.

Vio a Paco acercarse a él. Ponerle la mano en el hombro y hablarle:

– ¿Estás bien?

Nolo simplemente asintió con la cabeza, lentamente. Todavía le dolían los oídos, supuso que del disparo. Se dio cuenta que eran las primeras palabras que escuchaba, aunque supo que anteriormente había habido mucho ruido y gritos, pese a que su cerebro no lo había registrado, quizá preocupado todavía en su propia existencia.

Notó como le desataban las manos de su espalda y de la silla. Cuando las tuvo sueltas, se frotó las muñecas para darse algo de calor en ellas y hacer que la sangre volviera a sus manos. Cogió y soltó aire lentamente y se levantó.

Se dirigió hacia la chica. Una vez a su lado le cogió la mano y notó cómo temblaba. Estaba llorando. La abrazó y le susurró al oido:

– Ya está, todo ha acabado.

Ella le puso la mano en la mejilla, apretó los labios y asintió con la cabeza, incapaz de soltar palabra.

Nolo se levantó. Caminó unos pasos hacia una de las esquinas de la nave, palpándose el pantalón hasta que encontró el móvil.

Lo sacó. Buscó en la agenda un número que había anotado una semana antes y llamó. Esperó tres tonos hasta que descolgaron desde la otra parte. Tomó aire y dijo, todo lo sereno que pudo.

– ¿Señor Ruiz? Soy Nolo… Me contrató hace tres años para localizar a su hija Julia, ¿lo recuerda?… Bien… Tengo buenas noticias… Hemos localizado a su hija, está viva… Se la paso.

Levantó la vista hacia la chica, se dirigió hacia ella y le dio el móvil. Ella sonrió al cogerlo, pero comenzó a llorar en el momento en que escuchó la voz que salía de él.

Nolo se giró y sonrió también, justo antes de que una lágrima cayera sobre su mejilla.

Lo decía en su tarjeta de visita: “Nunca dejo un caso PENDIENTE”

 

FIN

 

Pendiente (10)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8 – Capítulo 9

 


Nolo despertó al notar un fuerte golpe en la cara. No sabía si había sido el primero, pero por el dolor que sentía lo dudaba. Levantó lentamente la cabeza y miró alrededor.

Estaba sentado en una silla, atado con las manos a la espalda. La silla estaba en el centro de una nave industrial, de las típicas del puerto. La nave estaba totalmente vacía, salvo por su silla. Junto a él estaba el rubio alto de la taberna, que se masajeaba las manos; él debía haber sido el que le había dado los golpes.

Pietr se paseaba frente a él, de derecha a izquierda, y volver. Con las manos en la espalda. En una esquina, desnuda, con las manos atadas a la espalda, tirada en el suelo y con el cuerpo lleno de moratones, estaba Julia.

– Vaya, el bello durmiente por fin  ha despertado – Dijo Pietr.

– ¿Qué quieres de mi? – consiguió a decir Nolo

– Jajajaja – La risa sonó sarcástica y totalmente falsa – Quiero quitarte de enmedio.

– ¿Y de Julia?

– Que siga haciendo su trabajo.

Esto último lo dijo con total naturalidad, como si hablara de la becaria a la que se le encargan las fotocopias en la oficina o del secretario que te sube los cafés.

– Nolo – Continuó Pietr – Sabes que las niñas de 14 años dan mucho dinero. Hay verdaderos depravados capaces de pagar verdaderas fortunas por estar con ellas un rato.

– Por eso las secuestráis – Dijo Nolo – pero, ¿y luego?.

– Luego, las que son buenas y conservan su cuerpo de niñas, tienen mucho recorrido, hasta que cumplen una edad o se desarrollan, momento en el que “caducan”, y hay que deshacerse de ellas. Sin embargo, algunas se rebelan e intentan escapar. En ese caso, se las reúne y se les enseña que no deben hacerlo.

– ¿Qué eres capaz de hacer?

– Es rápido, un tiro en el sitio adecuado. Se acaba el problema y el resto vuelve al redil, más calmadas que de costumbre. La última que lo intentó estuvo a punto de jodernos el negocio, e hizo que tuviéramos que escondernos una temporadita. Creo que la conocías muy bien, ¿no?

– Hijo de puta. Mataste a mi hija.

– Y fue una verdadera pena, era muy buena en su trabajo. Al igual que Julia. Por eso ella debe aprender. Y lo hará viendo cómo mueres.

Hizo un gesto al rubio que estaba al lado de Nolo y éste sacó de su chaqueta un revolver. Lo amartilló y le puso el cañón en la sien a Nolo.

Nolo levantó lentamente la cabeza, miró a Julia a los ojos y no pudo más que susurrar: “Lo siento, te he fallado”.

El sonido del disparo rebotó en las paredes vacías de la nave, que lo devolvieron multiplicado haciendo vibrar los cristales de las ventanas.

……

(Continuará)

El próximo viernes. El final de la historia.

 

 

 

 

 

Pendiente (9)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8

 

Nolo echó el cigarrillo al suelo y lo pisó con la planta del zapato mientras miraba la fachada. El edificio estaba viejo, en parte por la salinidad del mar que tan cerca tenía y en parte por la dejadez en su mantenimiento. Aunque a aquellas horas de la noche no se apreciaba del todo, lo que veía estaba pidiendo una nueva mano de pintura a gritos. Algunas luces del neón azul de la puerta estaban fundidas, haciendo que entender el nombre del local: “La linterna apagada” fuera más un ejercicio de adivinación que de lectura.

Hacía ya una semana desde el entierro de La Puri y en ese tiempo había estado releyendo los apuntes y viendo las fotos del caso de las niñas desaparecidas. La reunión posterior a su llamada de teléfono le había confirmado algunas cosas y ya estaba en condiciones de averiguar el resto.

Entró al local. Estaba en penumbra. Algunas chicas bastante ligeras de ropa deambulaban alrededor de los pocos clientes que estaban en la barra, dejándose tocar la mercancía.

Buscó una mesa discreta en una esquina y se sentó. Siempre mirando hacia la puerta, como de costumbre.

No tardó en tener compañía. Frente a él se sentó un hombre de mediana edad, moreno, de mirada fría  y con una sonrisa burlona en unos labios que se notaban varias veces cosidos. Junto a él, pero de pie, un armario ropero de dos metros de alto, rubio, como la madre que lo debió traer al mundo y con una pinta de saber bien el oficio de obedecer, mejor que el de pensar.

– Parece ser que el mensaje del otro día no te llegó correctamente – dijo el que estaba sentado – Igual quieres que te lo repitamos.

– Lo que no quiero es charla – replicó Nolo con tranquilidad – quiero ver a Julia.

– Aquí no hay nadie con ese nombre.

– Pero lo hubo, aunque ahora la llamáis de otra forma. Igual Pietr sea el único que se acuerde de su verdadero nombre, ¿por qué no le preguntáis a él?

El hombrecillo abrió más los ojos que la boca. Se levantó y dirigió su mirada al que estaba de pie.

– Que no se mueva, ahora vuelvo.

Entró en la cocina, o lo que debía de ser, traspasando una pequeña puerta tras la barra. Salió al momento y desde allí gritó a Nolo.

– Pasa.

Nolo se levantó y se dirigió hacia la barra, siempre escoltado por el rubio, al que malamente le llegaba al pecho. Entró en la cocina y se encontró sentado tras un escritorio, con un portátil encendido y un móvil junto a él, a un viejo conocido.

– Pietr – dijo, a modo de saludo.

– Nolo. Cuánto tiempo, ¿no?. Siéntate por favor. Charlemos un rato.

Nolo cogió la silla que había frente a él y se sentó. Mirando fijamente a Pietr, pero tranquilamente.

– Demasiado – le dijo – pero siempre tuve la sensación la última vez que nos vimos que volvería a tenerte enfrente de mi. Creo que es el momento de que arreglemos algunas cuentas.

– Jaja… Pues yo pensé que no te volvería  a ver nunca, fíjate. ¿Cuánto hace ya?, ¿5?.. ¿6 años?… Y, tienes razón, es momento de arreglar viejas cuentas. Por cierto, siento lo de tu hija, no te lo pude decir.

– Hijo de pu…

“Nunca te sientes de espaldas a la puerta”, fue lo que le vino a la mente de repente, pero Nolo se dio cuenta de su infantil error demasiado tarde, justo en el momento en que la culata de una pistola le golpeaba con fuerza en la cabeza y su cuerpo caía sobre la mesa, inconsciente.

(Continuará)

……..

El próximo capítulo de la serie se publicará el dia 5, puesto que el 6 es fiesta (Y no es una inocentada).

 

Pendiente (8)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7

 

Nolo lloró, por desesperación, por pena, por impotencia, por desconocimiento, por haber perdido un amigo, por una vida pasada que quería olvidar, por una vida futura que no sabía que le iba a deparar, por culpa.

Lloró hasta que no pudo más, hasta que le dolieron los ojos y el corazón, hasta que vació los sentimientos guardados durante años y acentuados en la última semana.

Cuando acabó de llorar levantó lentamente la vista, para cerciorarse de que no había soñado, de que estaba despierto. La visión de su piso le devolvió a la cruda realidad. El desastre que sus ojos le devolvían le avisaban de que estaba en algo serio, había tocado alguna tecla que a alguien no le había sonado bien. Tuvo una sensación de recuerdo, de haberlo pasado anteriormente, una corazonada de investigador, del gran policía que había sido anteriormente, con olfato.

Se secó las últimas lágrimas con el dorso de las manos y se levantó lentamente. Se quitó la chaqueta y la tiró sobre la cama.

– Bueno, a por ello – Dijo en voz alta para concienciarse.

Y empezó a recoger todo. Empezó por la habitación. En ella tenía una mesa en la que trabajaba en los distinto casos y una estantería en la que dejaba todas las carpetas con la diferente documentación. Vio con resignación que estaban todas en el suelo, con los papeles y las fotos fuera de sus respectivos casos, mezcladas entre ellas y amontonadas.

Cada vez que cogía una y miraba lo que quedaba en ella recordaba el caso, las pesquisas, las fotos de Puri que tanto le ayudaban, las pistas, los informes. Cada uno distinto, pero todos iguales en cierto sentido.

De momento, al coger uno, su cuerpo se estremeció. El simple tacto de la carpeta, más grueso que los otros, más manoseado, más utilizado, le llenó la cabeza de recuerdos. Era el caso de las niñas desaparecidas, en el que perdió a su hija, el que le costó el puesto de policía y le llevó a su actual estado.

Lentamente la abrió. Dentro quedaban un puñado de papeles mezclados con unas fotos. Cogió las fotos y las empezó a pasar al azar, se las sabía de memoria de las veces que las había mirado. Sin embargo, en una de ellas algo le llamó la atención. Estaba en una esquina, un rostro conocido. Se centró en él, no le había llamado la atención hasta ese momento, pero ahora lo conocía. Sabía quién era.

Se dejó caer sentado en la cama, sin dejar de mirar la foto. Metió la mano en el bolsillo y sacó su móvil. Le dio a la tecla del historial de llamadas hasta que encontró la que buscaba.

Sonó varias veces, hasta que le contestaron. Cogió aire y dijo:

– Soy Nolo. Tenemos que vernos. Hoy mismo.

 

(Continuará)

No se puede votar, la historia ya tiene continuación, pero, ¿a quién creéis que ha llamado?

Me gustaría ver hasta qué punto estáis en la historia. Dejar en los comentarios vuestras impresiones. El viernes próximo veremos quién ha acertado.

 

 

 

 

Pendiente (7)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6

 

 

Nolo cerró el puño sobre las llaves con fuerza y se las metió al bolsillo. Dio un beso en la frente a Lola y la abrazó contra su pecho.

– Venga, Lola. Aquí ya no hay nada que hacer. Vámonos a casa.

Salieron del cementerio cogidos de la cintura, dándose calor y con la cabeza baja. Lentamente sentían que dejaban atrás a un gran amigo y una gran persona. Lola intentaba retener en su mente la última imagen de Puri, la madrugada que había dejado a Nolo en casa tras la paliza y posteriormente se había pasado por el bar a decírselo, para que lo cuidara. Nolo tenía la mente en otro sitio, buscando explicaciones.

Esa noche la cena fue frugal, un poco de caldo para calentar el espíritu y algo de pescado. Lo comieron mientras iban contando anécdotas sobre Puri en voz baja, como si fueran a despertarlo de un sueño. Riendo con ellas con gran dolor, pero con gran ternura. Posteriormente se fueron a la cama e hicieron el amor, como otras tantas veces, pero con mucha suavidad. Durmieron abrazados, sin soltarse por miedo a perder algo más ese día.

Cuando, a la mañana siguiente, Nolo despertó, Lola ya no estaba en la cama. Un intenso olor a café le llegaba de la cocina. Se levantó, se puso una bata de Lola y salió. Lola había preparado desayuno: café recién hecho, tostadas con aceite y magdalenas.

– Estás guapísima – Dijo Lola con una gran carcajada.

– No querrías que saliera en pelotas, con la ventana abierta y tus vecinas – replicó Nolo, también riéndose.

Nolo se sentó a desayunar. Lola sirvió el café y le dio un beso en la frente.

– Voy a abrir el bar, ¿te veo luego?

– Iré a casa un momento, antes de acercarme a casa de Puri y luego bajaré a comer.

– Te veo entonces.

Lola salió de casa cerrando con suavidad. Nolo acabó el desayuno, fregó y se metió en la ducha. Tras secarse se vistió y salió a la calle. Cogió el autobús y se dirigió hacia su casa. Estaba de buen humor, decidió subir andando a casa.

Al llegar al rellano y sacar las llaves para abrir la puerta algo llamó su atención, ésta estaba ligeramente entreabierta. Era un centímetro, pero alguien había entrado.

Abrió la puerta con cuidado, alerta, resguardando su cuerpo contra la pared del pasillo. Cuando estuvo abierta miró dentro y quedó desolado. Alguien había entrado y se había dedicado a tirarlo todo por los suelos: papeles, ropa, libros, enseres… Había hecho un trabajo a conciencia, parecía que por allí hubiera pasado un huracán.

Entró lentamente, mirando hacia todas partes, intentando no pisar nada. Se sentó en la cama, echó una última mirada al panorama que desde allí tenía. Se cubrió la cara con las manos y rompió a llorar.

 

(Continuará)

 

Pendiente (6)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5

 

– Paco, te repito que no estábamos en nada y sabes muy bien que, si lo estuviéramos te lo diría. No por mi, por Puri.

Nolo se giró y se dirigió hacia la puerta. Cuando estaba a punto de salir oyó a su espalda.

– Nolo, no te voy a quitar el ojo de encima.

– Lo sé. Paco. Lo sé.

…..

Pese a que el sol estaba fuera, la tarde era fría. Muy fría. Las puntas de los cipreses se mecían al ritmo de un viento gélido que entraba por los pasillos del cementerio y se colaba en los corazones de los allí congregados.

Un pequeño grupo de gente esperaba bajo una fila de nichos. Se arremolinaban entre ellos como intentando que el aire no se colara y darse algo de calor, pero era imposible.

Allí estaban las compañeras de Puri, llorando a moco tendido. Eran unas cinco. Pese a que habían intentado vestirse para la ocasión, lo poco que tenían delataba su condición. Únicamente los pañuelos eran blancos, lo que contrastaba con sus ceñidos vestidos negros, de minifaldas imposibles y medias de rejilla. Con el rimel corrido, eran las únicas que rompían el silencio del momento.

A su lado, cuatro policías de paisano. Antiguos compañeros de Nolo y Alfredo. Cabizbajos la mayoría. Con caras de circunstancias. Alfredo siempre había sido un buen compañero y eso se notaba. El único que no perdía la compostura y estaba allí más por puesto que por gusto era Paco, cuya cabeza erguida sobresalía sobre el resto.

Lola estaba cogida a Nolo. Con la cabeza hundida en su hombro derecho. Llorando en silencio e hipando por lo bajo. Nolo le tenía pasado el brazo por su cuello, dándole calor, tanto físico como de alma. Pese a que lo reprimía, a Nolo le caían dos lágrimas por las mejillas. Sinceras. Rabiosas. Amargas.

Cuando el operario acabó de sellar el nicho con un poco de yeso se acercó a Nolo. Le dio la mano.

– Lo siento, Nolo. Se van los mejores – dijo.

Nolo asintió. Lola se aferró fuerte a su hombro, desconsolada. Los policías desfilaron hacia la salida cabizbajos. Nolo echó un último vistazo a Paco. Éste le aguantó la mirada un par de segundos y se dirigió hacia la puerta. Cuando Nolo volvió a girar la cabeza hacia el nicho se encontró con las compañeras de Puri.

– Toma – dijo una de ellas tendiéndole un manojo de llaves – Son las llaves de su casa, siempre dijo que, si le pasaba algo, te las diéramos a ti. Decía que lo que había dentro eran tan tuyo como suyo y que sabrías hacer buen uso de él.

Nolo cogió las llaves y las miró con extrañeza. Como si no fueran con él.

– Gracias – contestó – Iré a echar un vistazo.

– Ahora no, Nolo – Le dijo Lola – Por favor. Esta noche necesito un cuerpo al que abrazar. Quédate en casa conmigo.

…….

¿Qué debería hacer Nolo?

 -Por una parte, no sabe qué habrá dejado su amigo en casa para él. Y más, con un mensaje tan directo de sus compañeras. Le pica la curiosidad, y mucho. Igual es algo relacionado con la noche en que empezó todo.

 – Por otra parte, Lola lo necesita con ella, en la cama y él lo sabe. Un poco de calor humano con lo que está pasando será bueno. También para él y con Lola está a gusto.

Es vuestro turno para decidir.