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Descanso

Descansaba.

Tumbado en la cama sonreía, dejando que el tiempo pasara lentamente. Todavía sentía cómo le picaban las heridas, pero era un picor agradable, esa sensación de que se había hecho lo correcto, de que, por fin, la justicia había ganado.

Hacía muy poco tiempo desde que había llegado el desenlace y le gustaba saborear la victoria. Una victoria ansiada durante años y buscada. En el camino había dejado varias víctimas, entre ellas algún amigo muy querido. Su pena volvía al pensar que no podían disfrutar de aquello que habían buscado juntos.

Ahora por fin podía dejar vagar su mente tan maltrecha durante tantos años de búsqueda de una respuesta, una pista, un responsable a la atrocidad que le había marcado durante toda su vida. No había buscado venganza, sino justicia. Nada le devolvería aquello que había perdido, pero podía descansar sabiendo que no lo volverían a repetir aquellos que lo habían hecho en un principio.

Y en eso estaba. Descansando y disfrutando. Totalmente relajado. Pasando lentamente su mano por los rizos de la melena de Lola, que con tanta ternura le había tratado y se había ocupado de él y viendo desde la ventana abierta de la habitación el azul del cielo de la ciudad.

Por primera vez en mucho tiempo Nolo sonreía tranquilo, y descansaba.

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La culpa de esta historia es de @Vitrubia

Gracias por tus tres palabras

 

Pendiente (y 11)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8 – Capítulo 9 – Pendiente 10

Lo primero que notó Nolo fue la sangre en su cara. Caliente, espesa. Le llegó de repente, mojando su rostro más de lo que lo hacía el sudor.

Después notó todo el peso del grandullón rubio sobre sus piernas al desplomarse. Rebotó en sus rodillas y cayó al suelo. Nolo miró su cara, le faltaba la parte de la mandíbula por la que le había salido la bala.

Levantó la cabeza lo justo para ver a Paco apuntando a la nuca de Pietr con una mano mientras con la otra le cogía las manos a la espalda para ponerle las esposas. Tras él, una puerta abierta de par en par por la que iban entrando policías, todos ellos con las pistolas por delante apuntando al resto de componentes del grupo de Pietr que se encontraban en la nave. Uno de ellos llevaba una manta que se la estaba poniendo a la chica sobre los hombros, con delicadeza. En una de las ventanas pudo ver el cañón de un rifle asomando, todavía atento. Supuso que de él había salido la bala que le había salvado la vida.

Vio a Paco acercarse a él. Ponerle la mano en el hombro y hablarle:

– ¿Estás bien?

Nolo simplemente asintió con la cabeza, lentamente. Todavía le dolían los oídos, supuso que del disparo. Se dio cuenta que eran las primeras palabras que escuchaba, aunque supo que anteriormente había habido mucho ruido y gritos, pese a que su cerebro no lo había registrado, quizá preocupado todavía en su propia existencia.

Notó como le desataban las manos de su espalda y de la silla. Cuando las tuvo sueltas, se frotó las muñecas para darse algo de calor en ellas y hacer que la sangre volviera a sus manos. Cogió y soltó aire lentamente y se levantó.

Se dirigió hacia la chica. Una vez a su lado le cogió la mano y notó cómo temblaba. Estaba llorando. La abrazó y le susurró al oido:

– Ya está, todo ha acabado.

Ella le puso la mano en la mejilla, apretó los labios y asintió con la cabeza, incapaz de soltar palabra.

Nolo se levantó. Caminó unos pasos hacia una de las esquinas de la nave, palpándose el pantalón hasta que encontró el móvil.

Lo sacó. Buscó en la agenda un número que había anotado una semana antes y llamó. Esperó tres tonos hasta que descolgaron desde la otra parte. Tomó aire y dijo, todo lo sereno que pudo.

– ¿Señor Ruiz? Soy Nolo… Me contrató hace tres años para localizar a su hija Julia, ¿lo recuerda?… Bien… Tengo buenas noticias… Hemos localizado a su hija, está viva… Se la paso.

Levantó la vista hacia la chica, se dirigió hacia ella y le dio el móvil. Ella sonrió al cogerlo, pero comenzó a llorar en el momento en que escuchó la voz que salía de él.

Nolo se giró y sonrió también, justo antes de que una lágrima cayera sobre su mejilla.

Lo decía en su tarjeta de visita: “Nunca dejo un caso PENDIENTE”

 

FIN

 

Pendiente (10)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8 – Capítulo 9

 


Nolo despertó al notar un fuerte golpe en la cara. No sabía si había sido el primero, pero por el dolor que sentía lo dudaba. Levantó lentamente la cabeza y miró alrededor.

Estaba sentado en una silla, atado con las manos a la espalda. La silla estaba en el centro de una nave industrial, de las típicas del puerto. La nave estaba totalmente vacía, salvo por su silla. Junto a él estaba el rubio alto de la taberna, que se masajeaba las manos; él debía haber sido el que le había dado los golpes.

Pietr se paseaba frente a él, de derecha a izquierda, y volver. Con las manos en la espalda. En una esquina, desnuda, con las manos atadas a la espalda, tirada en el suelo y con el cuerpo lleno de moratones, estaba Julia.

– Vaya, el bello durmiente por fin  ha despertado – Dijo Pietr.

– ¿Qué quieres de mi? – consiguió a decir Nolo

– Jajajaja – La risa sonó sarcástica y totalmente falsa – Quiero quitarte de enmedio.

– ¿Y de Julia?

– Que siga haciendo su trabajo.

Esto último lo dijo con total naturalidad, como si hablara de la becaria a la que se le encargan las fotocopias en la oficina o del secretario que te sube los cafés.

– Nolo – Continuó Pietr – Sabes que las niñas de 14 años dan mucho dinero. Hay verdaderos depravados capaces de pagar verdaderas fortunas por estar con ellas un rato.

– Por eso las secuestráis – Dijo Nolo – pero, ¿y luego?.

– Luego, las que son buenas y conservan su cuerpo de niñas, tienen mucho recorrido, hasta que cumplen una edad o se desarrollan, momento en el que “caducan”, y hay que deshacerse de ellas. Sin embargo, algunas se rebelan e intentan escapar. En ese caso, se las reúne y se les enseña que no deben hacerlo.

– ¿Qué eres capaz de hacer?

– Es rápido, un tiro en el sitio adecuado. Se acaba el problema y el resto vuelve al redil, más calmadas que de costumbre. La última que lo intentó estuvo a punto de jodernos el negocio, e hizo que tuviéramos que escondernos una temporadita. Creo que la conocías muy bien, ¿no?

– Hijo de puta. Mataste a mi hija.

– Y fue una verdadera pena, era muy buena en su trabajo. Al igual que Julia. Por eso ella debe aprender. Y lo hará viendo cómo mueres.

Hizo un gesto al rubio que estaba al lado de Nolo y éste sacó de su chaqueta un revolver. Lo amartilló y le puso el cañón en la sien a Nolo.

Nolo levantó lentamente la cabeza, miró a Julia a los ojos y no pudo más que susurrar: “Lo siento, te he fallado”.

El sonido del disparo rebotó en las paredes vacías de la nave, que lo devolvieron multiplicado haciendo vibrar los cristales de las ventanas.

……

(Continuará)

El próximo viernes. El final de la historia.

 

 

 

 

 

Pendiente (9)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8

 

Nolo echó el cigarrillo al suelo y lo pisó con la planta del zapato mientras miraba la fachada. El edificio estaba viejo, en parte por la salinidad del mar que tan cerca tenía y en parte por la dejadez en su mantenimiento. Aunque a aquellas horas de la noche no se apreciaba del todo, lo que veía estaba pidiendo una nueva mano de pintura a gritos. Algunas luces del neón azul de la puerta estaban fundidas, haciendo que entender el nombre del local: “La linterna apagada” fuera más un ejercicio de adivinación que de lectura.

Hacía ya una semana desde el entierro de La Puri y en ese tiempo había estado releyendo los apuntes y viendo las fotos del caso de las niñas desaparecidas. La reunión posterior a su llamada de teléfono le había confirmado algunas cosas y ya estaba en condiciones de averiguar el resto.

Entró al local. Estaba en penumbra. Algunas chicas bastante ligeras de ropa deambulaban alrededor de los pocos clientes que estaban en la barra, dejándose tocar la mercancía.

Buscó una mesa discreta en una esquina y se sentó. Siempre mirando hacia la puerta, como de costumbre.

No tardó en tener compañía. Frente a él se sentó un hombre de mediana edad, moreno, de mirada fría  y con una sonrisa burlona en unos labios que se notaban varias veces cosidos. Junto a él, pero de pie, un armario ropero de dos metros de alto, rubio, como la madre que lo debió traer al mundo y con una pinta de saber bien el oficio de obedecer, mejor que el de pensar.

– Parece ser que el mensaje del otro día no te llegó correctamente – dijo el que estaba sentado – Igual quieres que te lo repitamos.

– Lo que no quiero es charla – replicó Nolo con tranquilidad – quiero ver a Julia.

– Aquí no hay nadie con ese nombre.

– Pero lo hubo, aunque ahora la llamáis de otra forma. Igual Pietr sea el único que se acuerde de su verdadero nombre, ¿por qué no le preguntáis a él?

El hombrecillo abrió más los ojos que la boca. Se levantó y dirigió su mirada al que estaba de pie.

– Que no se mueva, ahora vuelvo.

Entró en la cocina, o lo que debía de ser, traspasando una pequeña puerta tras la barra. Salió al momento y desde allí gritó a Nolo.

– Pasa.

Nolo se levantó y se dirigió hacia la barra, siempre escoltado por el rubio, al que malamente le llegaba al pecho. Entró en la cocina y se encontró sentado tras un escritorio, con un portátil encendido y un móvil junto a él, a un viejo conocido.

– Pietr – dijo, a modo de saludo.

– Nolo. Cuánto tiempo, ¿no?. Siéntate por favor. Charlemos un rato.

Nolo cogió la silla que había frente a él y se sentó. Mirando fijamente a Pietr, pero tranquilamente.

– Demasiado – le dijo – pero siempre tuve la sensación la última vez que nos vimos que volvería a tenerte enfrente de mi. Creo que es el momento de que arreglemos algunas cuentas.

– Jaja… Pues yo pensé que no te volvería  a ver nunca, fíjate. ¿Cuánto hace ya?, ¿5?.. ¿6 años?… Y, tienes razón, es momento de arreglar viejas cuentas. Por cierto, siento lo de tu hija, no te lo pude decir.

– Hijo de pu…

“Nunca te sientes de espaldas a la puerta”, fue lo que le vino a la mente de repente, pero Nolo se dio cuenta de su infantil error demasiado tarde, justo en el momento en que la culata de una pistola le golpeaba con fuerza en la cabeza y su cuerpo caía sobre la mesa, inconsciente.

(Continuará)

……..

El próximo capítulo de la serie se publicará el dia 5, puesto que el 6 es fiesta (Y no es una inocentada).

 

Pendiente (8)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7

 

Nolo lloró, por desesperación, por pena, por impotencia, por desconocimiento, por haber perdido un amigo, por una vida pasada que quería olvidar, por una vida futura que no sabía que le iba a deparar, por culpa.

Lloró hasta que no pudo más, hasta que le dolieron los ojos y el corazón, hasta que vació los sentimientos guardados durante años y acentuados en la última semana.

Cuando acabó de llorar levantó lentamente la vista, para cerciorarse de que no había soñado, de que estaba despierto. La visión de su piso le devolvió a la cruda realidad. El desastre que sus ojos le devolvían le avisaban de que estaba en algo serio, había tocado alguna tecla que a alguien no le había sonado bien. Tuvo una sensación de recuerdo, de haberlo pasado anteriormente, una corazonada de investigador, del gran policía que había sido anteriormente, con olfato.

Se secó las últimas lágrimas con el dorso de las manos y se levantó lentamente. Se quitó la chaqueta y la tiró sobre la cama.

– Bueno, a por ello – Dijo en voz alta para concienciarse.

Y empezó a recoger todo. Empezó por la habitación. En ella tenía una mesa en la que trabajaba en los distinto casos y una estantería en la que dejaba todas las carpetas con la diferente documentación. Vio con resignación que estaban todas en el suelo, con los papeles y las fotos fuera de sus respectivos casos, mezcladas entre ellas y amontonadas.

Cada vez que cogía una y miraba lo que quedaba en ella recordaba el caso, las pesquisas, las fotos de Puri que tanto le ayudaban, las pistas, los informes. Cada uno distinto, pero todos iguales en cierto sentido.

De momento, al coger uno, su cuerpo se estremeció. El simple tacto de la carpeta, más grueso que los otros, más manoseado, más utilizado, le llenó la cabeza de recuerdos. Era el caso de las niñas desaparecidas, en el que perdió a su hija, el que le costó el puesto de policía y le llevó a su actual estado.

Lentamente la abrió. Dentro quedaban un puñado de papeles mezclados con unas fotos. Cogió las fotos y las empezó a pasar al azar, se las sabía de memoria de las veces que las había mirado. Sin embargo, en una de ellas algo le llamó la atención. Estaba en una esquina, un rostro conocido. Se centró en él, no le había llamado la atención hasta ese momento, pero ahora lo conocía. Sabía quién era.

Se dejó caer sentado en la cama, sin dejar de mirar la foto. Metió la mano en el bolsillo y sacó su móvil. Le dio a la tecla del historial de llamadas hasta que encontró la que buscaba.

Sonó varias veces, hasta que le contestaron. Cogió aire y dijo:

– Soy Nolo. Tenemos que vernos. Hoy mismo.

 

(Continuará)

No se puede votar, la historia ya tiene continuación, pero, ¿a quién creéis que ha llamado?

Me gustaría ver hasta qué punto estáis en la historia. Dejar en los comentarios vuestras impresiones. El viernes próximo veremos quién ha acertado.

 

 

 

 

Pendiente (7)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6

 

 

Nolo cerró el puño sobre las llaves con fuerza y se las metió al bolsillo. Dio un beso en la frente a Lola y la abrazó contra su pecho.

– Venga, Lola. Aquí ya no hay nada que hacer. Vámonos a casa.

Salieron del cementerio cogidos de la cintura, dándose calor y con la cabeza baja. Lentamente sentían que dejaban atrás a un gran amigo y una gran persona. Lola intentaba retener en su mente la última imagen de Puri, la madrugada que había dejado a Nolo en casa tras la paliza y posteriormente se había pasado por el bar a decírselo, para que lo cuidara. Nolo tenía la mente en otro sitio, buscando explicaciones.

Esa noche la cena fue frugal, un poco de caldo para calentar el espíritu y algo de pescado. Lo comieron mientras iban contando anécdotas sobre Puri en voz baja, como si fueran a despertarlo de un sueño. Riendo con ellas con gran dolor, pero con gran ternura. Posteriormente se fueron a la cama e hicieron el amor, como otras tantas veces, pero con mucha suavidad. Durmieron abrazados, sin soltarse por miedo a perder algo más ese día.

Cuando, a la mañana siguiente, Nolo despertó, Lola ya no estaba en la cama. Un intenso olor a café le llegaba de la cocina. Se levantó, se puso una bata de Lola y salió. Lola había preparado desayuno: café recién hecho, tostadas con aceite y magdalenas.

– Estás guapísima – Dijo Lola con una gran carcajada.

– No querrías que saliera en pelotas, con la ventana abierta y tus vecinas – replicó Nolo, también riéndose.

Nolo se sentó a desayunar. Lola sirvió el café y le dio un beso en la frente.

– Voy a abrir el bar, ¿te veo luego?

– Iré a casa un momento, antes de acercarme a casa de Puri y luego bajaré a comer.

– Te veo entonces.

Lola salió de casa cerrando con suavidad. Nolo acabó el desayuno, fregó y se metió en la ducha. Tras secarse se vistió y salió a la calle. Cogió el autobús y se dirigió hacia su casa. Estaba de buen humor, decidió subir andando a casa.

Al llegar al rellano y sacar las llaves para abrir la puerta algo llamó su atención, ésta estaba ligeramente entreabierta. Era un centímetro, pero alguien había entrado.

Abrió la puerta con cuidado, alerta, resguardando su cuerpo contra la pared del pasillo. Cuando estuvo abierta miró dentro y quedó desolado. Alguien había entrado y se había dedicado a tirarlo todo por los suelos: papeles, ropa, libros, enseres… Había hecho un trabajo a conciencia, parecía que por allí hubiera pasado un huracán.

Entró lentamente, mirando hacia todas partes, intentando no pisar nada. Se sentó en la cama, echó una última mirada al panorama que desde allí tenía. Se cubrió la cara con las manos y rompió a llorar.

 

(Continuará)

 

Pendiente (5)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4

 

La sala estaba fría. Nolo se ajustó el cuello de la chaqueta al entrar. Un chorro de vaho salió de su boca la primera vez que soltó aire, más para volver a coger que para respirar. No le gustaba el trago que tenía que pasar.

Había luz, mucha luz. Una luz blanca que dolía a los ojos y penetraba en el alma. Una luz que dejaba al descubierto algo más que los cuerpos. Esencial para poder ver las entrañas de los crímenes, de las injusticias, de los maltratos. Pero una luz que dejaba a la vista las miserias, los dramas, la realidad al fin y al cabo.

Al fondo estaba una camilla. Una sábana blanca servía para cubrir lo que se adivinaba como un cuerpo inerte. Un ser humano al que le habían quitado toda la humanidad en un instante.

Nolo se acercó. Lentamente. Arrastrando los pies y el alma hacia la camilla. Una vez allí levantó la parte de la sábana que cubría la cabeza de Alfredo, La Puri, se obligó a pensar. Estaba acostumbrado a la muerte. Tanto en su paso por la policía como después de ella, en los numerosos casos que había llevado como investigador privado había visto muchas veces los cuerpos sin vida de víctimas. Pero no estaba preparado para aquello.

La bala le había entrado por la parte derecha de la cabeza y le había salido por la parte posterior, que prácticamente no existía. Sin embargo, la cara estaba relajada. Todavía quedaban restos de la paliza, pero a Nolo casi le pareció que llegaba a sonreir.

Estuvo mirando un rato, hasta que notó que las uñas estaban a punto de hacerle sangre en la parte interna de la mano de la fuerza con la que apretaba los puños. Lentamente dejó caer la sábana otra vez sobre la cabeza de su amigo, como despidiéndose.

– Hijos de puta – murmuró.

Notó la calidez de la mano de Paco en su hombro y se giró hacia él.

– Lo siento, Nolo – dijo en voz baja, como si fuera a despertar a alguien que dormía cerca.

– No hay derecho. Siempre se van los mejores. Era una de esas personas que sabes que siempre están. En la sombra, pero con toda la luz. No merecía este final.

Paco asintió con la cabeza. Él también lo conocía desde hacía tiempo y sabía que se hacía querer con facilidad. Amable, siempre sonriendo y siempre dispuesto a ayudar. Tragó saliva con dificultad, tosió para aclararse la voz y se obligó a hablar más allá de sus sentimientos.

– Nolo. Siento que sea el momento. Pero necesito que me cuentes que ha pasado. Es mejor que me digas aquí en qué estabais metidos. No será oficial. Como amigo. Me servirá para posteriores investigaciones. Repito, no será oficial.

– No estábamos en nada – respondió Nolo – y hace tiempo que no somos amigos.

– Nolo, olvídate del pasado en este momento y ayuda a Alfredo.

– Jamás podré olvidar, Paco. Lo sabes. Y si estoy aquí es por Alfredo, no por ti, eso lo sabes de sobra – escupió con rencor Nolo – Y, repito, no estábamos en nada. Me ayudaba en algunos casos, pero últimamente no teníamos ninguno.

– El estado de tu cara dice lo contrario. Serías de gran ayuda si me contaras lo que piensas que puede haber pasado. Lo que sea. Sabes cómo funciona ésto.

………………

Bueno, ¿Le cuenta lo que ha pasado?

Por una parte, es posible que le ayude a esclarecer el caso o, por lo menos, a dar algo de luz.

Pero por otra, lo que ocurrió entre ellos hace tiempo le hace que desconfíe. Además de que en la carta J. le decía que no acudiera a la policía.

¿Qué creéis que debe hacer?, ¿se lo cuenta?, ¿o no?

 

 

 

Pendiente (4)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 Capítulo 2Capítulo 3

– Voy a ir. Debo ir. Lo sabes

– Lo tengo claro, pero te tengo que avisar. Esa gente no se va con pequeñeces. Sabes que conozco a la gente de la calle. Mucho cuidado.

– Sabes que lo tendré.

Puri le pasó la mano por la mejilla, lentamente. Con el cariño que siempre le mostraba. Nolo le cogió la mano, la besó y sonrió. Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia el parque.

Avanzó por la acera hacia la puerta del Este. Una vez alcanzada giró hacia la izquierda y entró al parque. Se detuvo y levantó la vista. Los vio.

Eran dos. Estaban sentados en un banco a unos cincuenta metros. Ellos también le vieron. El rubio le señaló con la barbilla y el moreno se levantó en el acto. Se metió la mano por la chaqueta, hacia la axila, hacia el sitio en el que se guardan las pistolas, como muy bien sabía Nolo.

No lo pensó. Dio media vuelta y empezó a correr. Ellos salieron disparados hacia él. Nada más salir del parque vio como en la otra acera un autobús urbano estaba a punto de salir. Corrió hacia él. Se puso delante obligándolo a parar y a abrir las puertas. Subió y deslizó un billete de 20 euros al conductor:

– Cierre y arranque. Rápido. No abra las puertas.

El conductor lo miró, cogió el billete y empezó la marcha. Nolo se giró justo para ver cómo llegaban sus perseguidores hasta la puerta del autobús y la golpeaban, pero éste ya se marchaba.

Pasó al fondo y se dejó caer en un asiento. Respiraba agitado. Al cabo de tres paradas pulsó el botón y se bajó del autobús. Cogió un taxi y le dio la dirección de su casa.

El taxi le llevó hasta su puerta. Pagó y se bajó. Cuando estaba metiendo la llave en la cerradura se le acercó un niño.

– ¿Señor Nolo?

– Umm.. si, ¿qué quieres?

– Me han dicho que le entregue esto – Llevaba un sobre en la mano y se lo tendía para que lo cogiera.

Nolo lo cogió. Leyó su nombre en el mismo y, cuando quiso levantar la vista, el niño ya no estaba. Lo vio girando por la esquina del final de la calle.

Acabó de abrir la puerta y subió a casa.

Una vez allí, se fue al congelador, puso hielo en un vaso y cogió la botella de Ron. Se sentó en la mesa con el sobre en la mano. No lo abrió hasta haber acabado el primer vaso y llenado el segundo.

“Nolo, debieron escuchar que hablaba contigo. Me pegaron hasta que tuve que decirles dónde había quedado contigo. Ahora me controlan todo lo que hago. Te he hecho llegar esta carta a través de una compañera que está como yo. Son peligrosos y no van a dejar cabos sueltos. Es mejor que lo dejemos, sobre todo para ti. Y, por favor, no vayas a la policía, seria peor. Gracias por todo. J.”

La leyó varias veces. Lentamente. Hasta que el sopor del alcohol le venció y se durmió sobre la mesa.

……

No supo cuántas veces había sonado el teléfono hasta que tuvo conciencia de ello. Con la boca pastosa del sueño y de la resaca lo cogió. Miró la pantalla y no conoció el número, pero si la hora. Eran las 6 de la mañana. Contestó.

– Dígame.

– Nolo, soy Paco. Paco Gómez.

– Coño. Algo gordo debe de ocurrir cuando el jefe de la pasma en persona te llama a tu móvil. ¿Alguna bomba?

– No me toques los huevos, que llevo una noche movidita.

– Va Paco. Que son las 6 de la mañana, ¿qué tripa se te ha roto?

– Esta noche han encontrado un cadáver. Le habían pegado una paliza y le habían rematado con un disparo. Yo no estaba de guardia, pero me han llamado, pues me tocaba de cerca…

– …¿y?

– Nolo…. Han asesinado a La Puri.

(Continuará)

Pendiente (3)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 –  Capítulo 2

–          Lola, voy a ir – dijo Nolo – te pongas como te pongas, no puedo dejar de saber qué ocurre. Me han pedido ayuda y la voy a dar

Lola dijo algo inteligible al teléfono y colgó. Lentamente se acercó a la mesa donde estaba sentado Nolo con la botella de Terry en la mano. Le llenó la copa de coñac y lo miró con ternura.

–          Tenía que intentarlo – dijo – Te conozco muchos años y sé perfectamente como  eres, pero es peligroso. Nada de lo que te hubiera dicho te habría hecho cambiar de opinión. Pero tenía que intentarlo. Sólo dime que tendrás cuidado.

–          Lo tendré.

Ella se levantó y le dio un beso en la mejilla. Se fue a la barra.

Nolo se quedó en la mesa, tomando su coñac lentamente mientras su mirada se perdía en las paredes de aquel bar que ya tenía por su casa.

Se acabó el coñac y esperó a que Lola no estuviera en la barra para salir del bar. No quería despedirse y ver la cara de preocupación de ella.

Paseó sin rumbo por la ciudad. Todavía quedaban un par de horas antes de la cita. Pasó por delante de unos grandes almacenes donde un grupo de chiquillos se hacían fotos ante un expositor con una gran Mafalda dibujado. Por lo visto, se editaban de nuevo las historias de Quino, que tanto le gustaban a Lola. Pensó en comprar un libro para regalárselo a la vuelta.

Sin darse cuenta, se fue acercando al parque del Este. Sus pasos lo habían dirigido hacia allí.

Estaba a punto de girar la última esquina antes de la gran avenida que desembocaba en el parque cuando escucho una llamada

–          Chsst!!.. guapo, ¿dónde vas tan solo?, ¿no quieres un poco de compañía?

Se giró hacía el lado del que provenía la voz.

Sonrió y se acercó hacia quien le había increpado.

De camino se fijó bien: zapatos rojos de un tacón de escándalo, medias de rejilla ajustadas sobre unas piernas muy bien torneadas que desaparecían justo dónde acababa una minifalda roja, muy corta, que casi dejaba al descubierto unos centímetros de una nalga que se adivinaba tersa, dura. Más arriba, una camisa blanca sin abotonar pero con un nudo justo debajo de un pecho generoso, dejando a la vista un escote de vértigo. Melena negra, ondulada sobre los hombros. Pestañas largas sobre unos ojos azules y labios rojos, muy rojos. Estaba apoyada en una farola de forja de varios brazos.

–          Siempre viene bien algo de compañía – le dijo cuando estuvo a su lado.

–          Vaya, Nolo, menudo trabajito te hicieron anoche. Esa gente de la taberna sabe lo que se hace. ¿Duele?

–          Coño, Alfredo!! ,¿estabas ahí?

–          Joder, Nolo. Vete un poquito a la mierda, ¿no me puedes llamar Puri?, como todos.

–          Lo siento.. Puri.. o “La Puri”, como todos te conocen. Pero lo mio es distinto, te conozco desde que éramos niños, coincidimos en “el cuerpo”. Entiende que me cueste. Lo siento de veras. ¿Me cuentas lo de anoche?

–          Venga, te perdono porque eres tu. Déjame que te vea esa cara. Buffff… mal de verdad, ¿eh? Eso si, la niña lo valía. Que monada.. que asco y que envidia me dio el verte charlando con ella. Aunque, por lo visto, a alguien no le gustó tanto vuestra conversación.

–          ¿qué pasó?

–          ¿no te acuerdas?, ¿tan mal ibas?

–          No se, supongo que será también de la paliza, pero no recuerdo nada.

–          Yo estaba en la puerta de la taberna, esa noche quería hacer la ronda por el puerto, que la cosa está últimamente fatal por el centro de la ciudad. Nos saludamos. Vi tu estado. Nada nuevo, también últimamente.

–          Vale, me he de cuidar, sigue.

–          Entraste a la taberna y te sentaste junto a ella, en la barra. La invitaste a una copa, tan cortés como siempre. Salí hacia fuera. Me estaban llamando. Al rato, se escuchó un gran jaleo dentro. No sé qué pasó, pero se armó gorda, eso sí. Tenías sobre ti a dos tipos. Gritabas algo de salvar, de rescatar. Te arrastraron por la puerta de atrás. Ahí te perdí la vista. No sé más. Supuse que te darían una patada en el culo y te dejarían tirado, como otras veces en otros bares.

–          Pues ya ves que no, que tuvieron un poco más de consideración conmigo. ¿Los viste?, ¿los conoces?

–          Realmente, me suena la cara de uno de ellos. No sé de qué. Supongo que de coincidir por el barrio. Pero no son buena gente, eso seguro. Y, por cierto, ¿dónde vas?

–          La chica me dejó una nota y su teléfono. He hablado con ella, hemos quedado en vernos aquí, en el parque. Espero que me explique qué pasó.

–          No vayas. Es una trampa.

–          Vamos, no me jodas. Primero Lola que no vaya, ahora tú.

–          Mira, bonito, para llegar a esta farola he pasado por el parque, por si había algún cliente allí. No he visto ninguna niña mona en ningún banco. Pero si he visto algunos de esos hombretones que frecuentan las tabernas del puerto por las noches defendiendo a sus protegidas.

–          Hostias, sabes como soy. Necesito saber algo más.

–          Nolo. Hazme caso, no vayas. Pinta mal. Has debido de tocar alguna cifra sensible. Vete a casa. Si quiere algo de ti y tiene tu número, te volverá a llamar.

 

……..

 

¿Y ahora, qué?

La Puri ya nos ha puesto sobre aviso de que puede haber peligro. Pero Nolo es un hombre de honor y ha dado su palabra.

Pero, ¿vale la pena correr riesgo por una palabra que ni tan siquiera sabemos por qué la hemos dado?

¿Qué debería hacer Nolo, ir al parque o ir a casa?

Como de costumbre, los votos en los comentarios.