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Pendiente

 

 

Entreabrió un ojo. Lo justo para que el sol que entraba por la mañana le diera de lleno haciéndoselo cerrar con fuerza y con un gruñido. Giró lentamente la cabeza sobre la almohada hacia el lugar donde tenía la mesita y, sobre ella, el reloj.

– Joderrr.. Las once y media – Musitó a media voz, más como lamento que como reproche a si mismo.

Se levantó lentamente hasta quedar sentado sobre la cama. Cuando alcanzó la verticalidad notó como mil martillos golpeaban a la vez su cabeza mientras ésta se agitaba. Con un suspiro lleno de dolor se llevó las manos a la cabeza mientras se dejaba caer hacia atrás, quedando boca arriba sobre la cama. En el techo el ventilador se movía lentamente sobre una bombilla desnuda que bailaba al son del viento que le llegaba desde arriba.

Se incorporó antes de empezar a marearse y, una vez de nuevo sentado echó un vistazo a la habitación.

Sobre la mesita, tumbada, una botella de ron barato que había decidido acabar su existencia soltando las últimas gotas sobre la alfombra, la cual mostraba una mancha marrón todavía húmeda. Al lado, un vaso medio lleno con el líquido de lo que deberían haber sido un par de cubitos de hielo.

El resto del habitáculo, con su desorden natural: ropa por todas partes, a la par sucia y limpia, papeles en el escritorio, cartas sin abrir, un cuadro girado con una foto en la que aparecía él junto a lo que siempre fue su amor..

Se levantó y se dirigió hacia el baño con la intención de lavarse la cara y afeitarse antes de bajar a desayunar al bar de Lola, como todos los días. Una vez allí, saltó por encima de lo que debió ser su ropa de la noche anterior, en un montón en el suelo y se dirigió hacia el lavabo.

–  Pero, ¿qué coño? – juró cuando levantó  la vista hacia el espejo.

Su cara parecía un mapa. El ojo derecho estaba totalmente morado y la ceja hinchada. Sobre su labio, dos veces el tamaño que debería tener, todavía quedaban restos de sangre que le deberían haber caído desde la nariz, la cual estaba tomando el color de una ciruela madura.

Se sentó en la taza del inodoro intentando recordar lo que había pasado la noche anterior. Alargó la mano hacia la chaqueta, que estaba en el suelo, en búsqueda de un cigarro que le pudiera aclarar las ideas, a la vez que calmar su ansiedad por no recordar nada.

Una vez con la chaqueta en la mano rebuscó en el bolsillo hasta hacerse con un paquete que parecía tener algo de contenido dentro. Sacó un cigarrillo y se lo llevó a la boca mientras seguía buscando el mechero en otros bolsillos. Al darle la vuelta a la chaqueta dejó caer el paquete de tabaco al suelo.

Le llamó la atención. Entre la funda de plástico y el cartón del paquete aparecía una tarjeta con algo escrito. Lo cogió y la sacó, olvidando encender el cigarro, que caía con desgana de su labio hinchado.

Una vez en sus manos, se la acercó a su ojo sano. Allí, en letras azules de una caligrafía redonda había un mensaje. Leyó:

“Prometiste ayudarme como el caballero que eres.

                               No me defraudes. J.

                               658455125”

Lo leyó un par de veces para cerciorarse del mensaje. Cerró los ojos intentando hacer memoria. Los abrió al momento para darle la vuelta a la tarjeta. En el otro lado, junto a un dibujo de un ancla azul pudo leer.

“LA LINTERNA APAGADA. TABERNA

                               Tu local en el puerto”

Puso cara de extrañeza. Le sonaba la taberna de haberla visto alguna vez en sus  paseos nocturnos por el puerto, pero nunca había entrado.

Se levantó, dejó el cigarrillo sobre el lavabo y se dirigió de nuevo hacia la habitación, a buscar el móvil que días antes le había regalado su hija para intentar tenerlo controlado tras haber perdido los tres anteriores.

Lo cogió con una mano mientras en la otra sostenía la tarjeta con el número de teléfono a la vista. Al tercer número marcado paró.

No conocía a la persona, no sabía su nombre ni qué quería suyo. ¿Era buena idea llamar?, ¿qué iba a decir?. Pensó que igual era mejor acercarse al puerto a la taberna primero. Igual allí le aclaraban su aspecto, primero, y lo de la tarjeta después.

……

¿Qué haríais vosotros?

¿Llamaríais?, ¿O primero os acercaríais a la taberna?

La historia continuará con la opción que tenga mas comentarios. Animaros a seguir la historia. Hacerla vuestra con vuestra decisión. Dejar cómo os gustaría que continuara en los comentarios.

Gracias.