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Pendiente (y 11)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5 – Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8 – Capítulo 9 – Pendiente 10

Lo primero que notó Nolo fue la sangre en su cara. Caliente, espesa. Le llegó de repente, mojando su rostro más de lo que lo hacía el sudor.

Después notó todo el peso del grandullón rubio sobre sus piernas al desplomarse. Rebotó en sus rodillas y cayó al suelo. Nolo miró su cara, le faltaba la parte de la mandíbula por la que le había salido la bala.

Levantó la cabeza lo justo para ver a Paco apuntando a la nuca de Pietr con una mano mientras con la otra le cogía las manos a la espalda para ponerle las esposas. Tras él, una puerta abierta de par en par por la que iban entrando policías, todos ellos con las pistolas por delante apuntando al resto de componentes del grupo de Pietr que se encontraban en la nave. Uno de ellos llevaba una manta que se la estaba poniendo a la chica sobre los hombros, con delicadeza. En una de las ventanas pudo ver el cañón de un rifle asomando, todavía atento. Supuso que de él había salido la bala que le había salvado la vida.

Vio a Paco acercarse a él. Ponerle la mano en el hombro y hablarle:

– ¿Estás bien?

Nolo simplemente asintió con la cabeza, lentamente. Todavía le dolían los oídos, supuso que del disparo. Se dio cuenta que eran las primeras palabras que escuchaba, aunque supo que anteriormente había habido mucho ruido y gritos, pese a que su cerebro no lo había registrado, quizá preocupado todavía en su propia existencia.

Notó como le desataban las manos de su espalda y de la silla. Cuando las tuvo sueltas, se frotó las muñecas para darse algo de calor en ellas y hacer que la sangre volviera a sus manos. Cogió y soltó aire lentamente y se levantó.

Se dirigió hacia la chica. Una vez a su lado le cogió la mano y notó cómo temblaba. Estaba llorando. La abrazó y le susurró al oido:

– Ya está, todo ha acabado.

Ella le puso la mano en la mejilla, apretó los labios y asintió con la cabeza, incapaz de soltar palabra.

Nolo se levantó. Caminó unos pasos hacia una de las esquinas de la nave, palpándose el pantalón hasta que encontró el móvil.

Lo sacó. Buscó en la agenda un número que había anotado una semana antes y llamó. Esperó tres tonos hasta que descolgaron desde la otra parte. Tomó aire y dijo, todo lo sereno que pudo.

– ¿Señor Ruiz? Soy Nolo… Me contrató hace tres años para localizar a su hija Julia, ¿lo recuerda?… Bien… Tengo buenas noticias… Hemos localizado a su hija, está viva… Se la paso.

Levantó la vista hacia la chica, se dirigió hacia ella y le dio el móvil. Ella sonrió al cogerlo, pero comenzó a llorar en el momento en que escuchó la voz que salía de él.

Nolo se giró y sonrió también, justo antes de que una lágrima cayera sobre su mejilla.

Lo decía en su tarjeta de visita: “Nunca dejo un caso PENDIENTE”

 

FIN

 

Pendiente (3)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 –  Capítulo 2

–          Lola, voy a ir – dijo Nolo – te pongas como te pongas, no puedo dejar de saber qué ocurre. Me han pedido ayuda y la voy a dar

Lola dijo algo inteligible al teléfono y colgó. Lentamente se acercó a la mesa donde estaba sentado Nolo con la botella de Terry en la mano. Le llenó la copa de coñac y lo miró con ternura.

–          Tenía que intentarlo – dijo – Te conozco muchos años y sé perfectamente como  eres, pero es peligroso. Nada de lo que te hubiera dicho te habría hecho cambiar de opinión. Pero tenía que intentarlo. Sólo dime que tendrás cuidado.

–          Lo tendré.

Ella se levantó y le dio un beso en la mejilla. Se fue a la barra.

Nolo se quedó en la mesa, tomando su coñac lentamente mientras su mirada se perdía en las paredes de aquel bar que ya tenía por su casa.

Se acabó el coñac y esperó a que Lola no estuviera en la barra para salir del bar. No quería despedirse y ver la cara de preocupación de ella.

Paseó sin rumbo por la ciudad. Todavía quedaban un par de horas antes de la cita. Pasó por delante de unos grandes almacenes donde un grupo de chiquillos se hacían fotos ante un expositor con una gran Mafalda dibujado. Por lo visto, se editaban de nuevo las historias de Quino, que tanto le gustaban a Lola. Pensó en comprar un libro para regalárselo a la vuelta.

Sin darse cuenta, se fue acercando al parque del Este. Sus pasos lo habían dirigido hacia allí.

Estaba a punto de girar la última esquina antes de la gran avenida que desembocaba en el parque cuando escucho una llamada

–          Chsst!!.. guapo, ¿dónde vas tan solo?, ¿no quieres un poco de compañía?

Se giró hacía el lado del que provenía la voz.

Sonrió y se acercó hacia quien le había increpado.

De camino se fijó bien: zapatos rojos de un tacón de escándalo, medias de rejilla ajustadas sobre unas piernas muy bien torneadas que desaparecían justo dónde acababa una minifalda roja, muy corta, que casi dejaba al descubierto unos centímetros de una nalga que se adivinaba tersa, dura. Más arriba, una camisa blanca sin abotonar pero con un nudo justo debajo de un pecho generoso, dejando a la vista un escote de vértigo. Melena negra, ondulada sobre los hombros. Pestañas largas sobre unos ojos azules y labios rojos, muy rojos. Estaba apoyada en una farola de forja de varios brazos.

–          Siempre viene bien algo de compañía – le dijo cuando estuvo a su lado.

–          Vaya, Nolo, menudo trabajito te hicieron anoche. Esa gente de la taberna sabe lo que se hace. ¿Duele?

–          Coño, Alfredo!! ,¿estabas ahí?

–          Joder, Nolo. Vete un poquito a la mierda, ¿no me puedes llamar Puri?, como todos.

–          Lo siento.. Puri.. o “La Puri”, como todos te conocen. Pero lo mio es distinto, te conozco desde que éramos niños, coincidimos en “el cuerpo”. Entiende que me cueste. Lo siento de veras. ¿Me cuentas lo de anoche?

–          Venga, te perdono porque eres tu. Déjame que te vea esa cara. Buffff… mal de verdad, ¿eh? Eso si, la niña lo valía. Que monada.. que asco y que envidia me dio el verte charlando con ella. Aunque, por lo visto, a alguien no le gustó tanto vuestra conversación.

–          ¿qué pasó?

–          ¿no te acuerdas?, ¿tan mal ibas?

–          No se, supongo que será también de la paliza, pero no recuerdo nada.

–          Yo estaba en la puerta de la taberna, esa noche quería hacer la ronda por el puerto, que la cosa está últimamente fatal por el centro de la ciudad. Nos saludamos. Vi tu estado. Nada nuevo, también últimamente.

–          Vale, me he de cuidar, sigue.

–          Entraste a la taberna y te sentaste junto a ella, en la barra. La invitaste a una copa, tan cortés como siempre. Salí hacia fuera. Me estaban llamando. Al rato, se escuchó un gran jaleo dentro. No sé qué pasó, pero se armó gorda, eso sí. Tenías sobre ti a dos tipos. Gritabas algo de salvar, de rescatar. Te arrastraron por la puerta de atrás. Ahí te perdí la vista. No sé más. Supuse que te darían una patada en el culo y te dejarían tirado, como otras veces en otros bares.

–          Pues ya ves que no, que tuvieron un poco más de consideración conmigo. ¿Los viste?, ¿los conoces?

–          Realmente, me suena la cara de uno de ellos. No sé de qué. Supongo que de coincidir por el barrio. Pero no son buena gente, eso seguro. Y, por cierto, ¿dónde vas?

–          La chica me dejó una nota y su teléfono. He hablado con ella, hemos quedado en vernos aquí, en el parque. Espero que me explique qué pasó.

–          No vayas. Es una trampa.

–          Vamos, no me jodas. Primero Lola que no vaya, ahora tú.

–          Mira, bonito, para llegar a esta farola he pasado por el parque, por si había algún cliente allí. No he visto ninguna niña mona en ningún banco. Pero si he visto algunos de esos hombretones que frecuentan las tabernas del puerto por las noches defendiendo a sus protegidas.

–          Hostias, sabes como soy. Necesito saber algo más.

–          Nolo. Hazme caso, no vayas. Pinta mal. Has debido de tocar alguna cifra sensible. Vete a casa. Si quiere algo de ti y tiene tu número, te volverá a llamar.

 

……..

 

¿Y ahora, qué?

La Puri ya nos ha puesto sobre aviso de que puede haber peligro. Pero Nolo es un hombre de honor y ha dado su palabra.

Pero, ¿vale la pena correr riesgo por una palabra que ni tan siquiera sabemos por qué la hemos dado?

¿Qué debería hacer Nolo, ir al parque o ir a casa?

Como de costumbre, los votos en los comentarios.

Pendiente (2)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1

Pendiente

 

“Tiempo tendré de ir a la taberna”, pensó y siguió marcando los números sobre el teclado del móvil.

Cuando acabó de pulsar las nueve teclas se quedó mirando un momento la pantalla del teléfono.  Sobre ella se podían ver los números que acababa de marcar. Tomó aire y pulsó la tecla verde.

Se llevó el aparato al oído y esperó.. un tono… dos tonos..

–          Hola – una voz femenina respondió antes del tercer tono – Sabía que no me defraudarías.

Era una voz joven, pero no demasiado. Suave, pero un punto brusco, como acostumbrada a una vida dura. Hablaba en voz baja, no en un susurro, pero se le notaba que intentaba que alguien no la escuchara.

–          Hola – respondió él, todo lo neutro que pudo – Todavía no se si voy a defraudarte, depende de…

–           Sé que no lo harás – le cortó – No eres de ese tipo de hombres, se te nota en la mirada.

–          Algo más me tendrás que decir para poder cumplir mi pacto, ¿quién eres?

–          No puedo hablar mucho. Escucha con atención – Lo dijo bajando más la voz, una voz que se volvió mucho más dura, angustiada – Necesito que me ayudes, ya te lo dije, pero no te lo puedo contar todo por teléfono. Acude esta tarde, sobre las 7 al parque del Este. Entra por la puerta que está junto al parque infantil. Estaré en un banco del primer pasillo a la derecha. Ven sólo.

–          ¿Cómo te conoc..

–          Tut.tut.tut….

No le dio tiempo a acabar la frase. Había colgado. Se quedó mirando la pantalla como  al principio, con cara de incredulidad. Le hubiera gustado saber más de la noche en que le dejó la tarjeta, saber quién era, cómo era y qué quería. Pero no le había dado tiempo, sólo instrucciones.

Dejó el teléfono en la mesa de la habitación y se sentó en la cama. Estaba confundido. El dolor de cabeza continuaba. Intentó recordar algo de la noche anterior, pero los recuerdos se negaban a volver a su cabeza.

Miró el reloj, las 12 y media. Se levantó lentamente y se fue hacia la ducha. Se desnudó y se metió debajo, dejando que el agua caliente le resbalara desde la cabeza hasta los pies. Se quedó un rato allí, esperando que el agua le aclarara las ideas.

Salió de la ducha, se afeitó y se vistió. Se puso la chaqueta y cogió las llaves de casa. Una vez en la puerta para salir echó un último vistazo. La casa estaba hecha un desastre, como de costumbre. Ya tendría tiempo de arreglarla, tenía hambre.

Bajó a la calle y decidió ir paseando hasta el bar de la Lola, a comer allí, como de costumbre. Entró cabizbajo, intentando disimular el estado de su cara. Se sentó en la mesa de la ventana y esperó a que Lola le llevara la cerveza de todos los días.

–          ¿Qué?, ¿ni un buenos días? – le dijo Lola dejando un tercio sobre la mesa.

Levantó la cara e intentó sonreir, pero le salió una mueca por la hinchazón del labio

–          Jesús, María y José, ¿qué te ha pasado?

–          Si te lo digo, ya no es un secreto – bromeó él.

Ella puso el dedo índice bajo la barbilla y le levantó la cara, moviéndola hacia los lados lentamente, observándola.

–          Pues como quieras guardar un secreto con esa cara, la llevas clara. Está diciendo a gritos que la de anoche fue una noche movidita. ¿Me equivoco?

–          Ja!, eso quisiera saber yo.

–          ¿Y eso?, no me digas que no te acuerdas.

–          Ni un solo minuto.

–          Joder, Nolo. Eso es grave. Algo recordarás, ¿no?

–          Que no, Lola. Que va en serio. Sabes de mi vida, y nos conocemos años. Esta vez te juro que no sé que ha pasado.

–          ¿Has ido al hospital?

–          ¡Qué coño!, me he despertado hace un par de horas en casa y no me he dado cuenta hasta que me he visto en el espejo.

Poco a poco le fue contando lo que le había sucedido por la mañana. Desde que se despertó hasta la llamada telefónica. Le enseñó la tarjeta.

–          ¿Y dices que has quedado con ella? – Preguntó

–          Eso creo, no me ha dado tiempo de replicarle.

–          Nolo, no me gusta. Siempre te digo que eres adicto a meterte en problemas, pero este me huele mal. No vayas.

–          ¿Cómo no voy a ir?, y me quedo así, sin saber nada más. No, Lola. Iré.

–          Podemos hacer otra cosa. Mi sobrino trabaja en una compañía de esas de teléfono. Tiene acceso a los dueños de los números. ¿Por qué no quedamos con él y que te diga de quién es el teléfono antes de ir? Será más seguro.

–          No me parece mala idea. ¿Cuándo podría ser?

–          No lo sé, espera, te pongo la comida y le llamo.

Se levantó y se dirigió a la barra. Antes de cinco minutos tenía sobre la mesa un plato de ternera estofada que olía a gloria. Estaba a punto de hincarle el diente cuando Lola le llamó desde la otra punta del bar, donde tenía el teléfono.

–          Nolo, sin problemas. Dice que puede estar esta tarde sobre las 7 aquí. Trae el portátil y lo mira. ¿Le digo que OK?

–          Joder, Lola. A esa hora he quedado con ella.

–          Tu no vas sin saber quién te llama. No es seguro. Como que me llamo Lola.

 

……

¿Qué creéis que debe hacer? ¿acudir a la cita?¿asegurarse de quién llama?

Por una parte, no es seguro, Lola tiene razón. Es mejor ver primero de quién se trata y luego decidir.

Pero por la otra, quizá sea la única oportunidad de saber lo que le ha pasado. Pero es muy arriesgado, vista como tiene la cara.

¿Cómo queréis que continúe la historia?. Votad en los comentarios.

Pendiente

 

 

Entreabrió un ojo. Lo justo para que el sol que entraba por la mañana le diera de lleno haciéndoselo cerrar con fuerza y con un gruñido. Giró lentamente la cabeza sobre la almohada hacia el lugar donde tenía la mesita y, sobre ella, el reloj.

– Joderrr.. Las once y media – Musitó a media voz, más como lamento que como reproche a si mismo.

Se levantó lentamente hasta quedar sentado sobre la cama. Cuando alcanzó la verticalidad notó como mil martillos golpeaban a la vez su cabeza mientras ésta se agitaba. Con un suspiro lleno de dolor se llevó las manos a la cabeza mientras se dejaba caer hacia atrás, quedando boca arriba sobre la cama. En el techo el ventilador se movía lentamente sobre una bombilla desnuda que bailaba al son del viento que le llegaba desde arriba.

Se incorporó antes de empezar a marearse y, una vez de nuevo sentado echó un vistazo a la habitación.

Sobre la mesita, tumbada, una botella de ron barato que había decidido acabar su existencia soltando las últimas gotas sobre la alfombra, la cual mostraba una mancha marrón todavía húmeda. Al lado, un vaso medio lleno con el líquido de lo que deberían haber sido un par de cubitos de hielo.

El resto del habitáculo, con su desorden natural: ropa por todas partes, a la par sucia y limpia, papeles en el escritorio, cartas sin abrir, un cuadro girado con una foto en la que aparecía él junto a lo que siempre fue su amor..

Se levantó y se dirigió hacia el baño con la intención de lavarse la cara y afeitarse antes de bajar a desayunar al bar de Lola, como todos los días. Una vez allí, saltó por encima de lo que debió ser su ropa de la noche anterior, en un montón en el suelo y se dirigió hacia el lavabo.

–  Pero, ¿qué coño? – juró cuando levantó  la vista hacia el espejo.

Su cara parecía un mapa. El ojo derecho estaba totalmente morado y la ceja hinchada. Sobre su labio, dos veces el tamaño que debería tener, todavía quedaban restos de sangre que le deberían haber caído desde la nariz, la cual estaba tomando el color de una ciruela madura.

Se sentó en la taza del inodoro intentando recordar lo que había pasado la noche anterior. Alargó la mano hacia la chaqueta, que estaba en el suelo, en búsqueda de un cigarro que le pudiera aclarar las ideas, a la vez que calmar su ansiedad por no recordar nada.

Una vez con la chaqueta en la mano rebuscó en el bolsillo hasta hacerse con un paquete que parecía tener algo de contenido dentro. Sacó un cigarrillo y se lo llevó a la boca mientras seguía buscando el mechero en otros bolsillos. Al darle la vuelta a la chaqueta dejó caer el paquete de tabaco al suelo.

Le llamó la atención. Entre la funda de plástico y el cartón del paquete aparecía una tarjeta con algo escrito. Lo cogió y la sacó, olvidando encender el cigarro, que caía con desgana de su labio hinchado.

Una vez en sus manos, se la acercó a su ojo sano. Allí, en letras azules de una caligrafía redonda había un mensaje. Leyó:

“Prometiste ayudarme como el caballero que eres.

                               No me defraudes. J.

                               658455125”

Lo leyó un par de veces para cerciorarse del mensaje. Cerró los ojos intentando hacer memoria. Los abrió al momento para darle la vuelta a la tarjeta. En el otro lado, junto a un dibujo de un ancla azul pudo leer.

“LA LINTERNA APAGADA. TABERNA

                               Tu local en el puerto”

Puso cara de extrañeza. Le sonaba la taberna de haberla visto alguna vez en sus  paseos nocturnos por el puerto, pero nunca había entrado.

Se levantó, dejó el cigarrillo sobre el lavabo y se dirigió de nuevo hacia la habitación, a buscar el móvil que días antes le había regalado su hija para intentar tenerlo controlado tras haber perdido los tres anteriores.

Lo cogió con una mano mientras en la otra sostenía la tarjeta con el número de teléfono a la vista. Al tercer número marcado paró.

No conocía a la persona, no sabía su nombre ni qué quería suyo. ¿Era buena idea llamar?, ¿qué iba a decir?. Pensó que igual era mejor acercarse al puerto a la taberna primero. Igual allí le aclaraban su aspecto, primero, y lo de la tarjeta después.

……

¿Qué haríais vosotros?

¿Llamaríais?, ¿O primero os acercaríais a la taberna?

La historia continuará con la opción que tenga mas comentarios. Animaros a seguir la historia. Hacerla vuestra con vuestra decisión. Dejar cómo os gustaría que continuara en los comentarios.

Gracias.