Archivo de la etiqueta: Puri

Pendiente (3)

¿Vas perdido?, igual deberías empezar por el principio

Pendiente: Capítulo 1 –  Capítulo 2

–          Lola, voy a ir – dijo Nolo – te pongas como te pongas, no puedo dejar de saber qué ocurre. Me han pedido ayuda y la voy a dar

Lola dijo algo inteligible al teléfono y colgó. Lentamente se acercó a la mesa donde estaba sentado Nolo con la botella de Terry en la mano. Le llenó la copa de coñac y lo miró con ternura.

–          Tenía que intentarlo – dijo – Te conozco muchos años y sé perfectamente como  eres, pero es peligroso. Nada de lo que te hubiera dicho te habría hecho cambiar de opinión. Pero tenía que intentarlo. Sólo dime que tendrás cuidado.

–          Lo tendré.

Ella se levantó y le dio un beso en la mejilla. Se fue a la barra.

Nolo se quedó en la mesa, tomando su coñac lentamente mientras su mirada se perdía en las paredes de aquel bar que ya tenía por su casa.

Se acabó el coñac y esperó a que Lola no estuviera en la barra para salir del bar. No quería despedirse y ver la cara de preocupación de ella.

Paseó sin rumbo por la ciudad. Todavía quedaban un par de horas antes de la cita. Pasó por delante de unos grandes almacenes donde un grupo de chiquillos se hacían fotos ante un expositor con una gran Mafalda dibujado. Por lo visto, se editaban de nuevo las historias de Quino, que tanto le gustaban a Lola. Pensó en comprar un libro para regalárselo a la vuelta.

Sin darse cuenta, se fue acercando al parque del Este. Sus pasos lo habían dirigido hacia allí.

Estaba a punto de girar la última esquina antes de la gran avenida que desembocaba en el parque cuando escucho una llamada

–          Chsst!!.. guapo, ¿dónde vas tan solo?, ¿no quieres un poco de compañía?

Se giró hacía el lado del que provenía la voz.

Sonrió y se acercó hacia quien le había increpado.

De camino se fijó bien: zapatos rojos de un tacón de escándalo, medias de rejilla ajustadas sobre unas piernas muy bien torneadas que desaparecían justo dónde acababa una minifalda roja, muy corta, que casi dejaba al descubierto unos centímetros de una nalga que se adivinaba tersa, dura. Más arriba, una camisa blanca sin abotonar pero con un nudo justo debajo de un pecho generoso, dejando a la vista un escote de vértigo. Melena negra, ondulada sobre los hombros. Pestañas largas sobre unos ojos azules y labios rojos, muy rojos. Estaba apoyada en una farola de forja de varios brazos.

–          Siempre viene bien algo de compañía – le dijo cuando estuvo a su lado.

–          Vaya, Nolo, menudo trabajito te hicieron anoche. Esa gente de la taberna sabe lo que se hace. ¿Duele?

–          Coño, Alfredo!! ,¿estabas ahí?

–          Joder, Nolo. Vete un poquito a la mierda, ¿no me puedes llamar Puri?, como todos.

–          Lo siento.. Puri.. o “La Puri”, como todos te conocen. Pero lo mio es distinto, te conozco desde que éramos niños, coincidimos en “el cuerpo”. Entiende que me cueste. Lo siento de veras. ¿Me cuentas lo de anoche?

–          Venga, te perdono porque eres tu. Déjame que te vea esa cara. Buffff… mal de verdad, ¿eh? Eso si, la niña lo valía. Que monada.. que asco y que envidia me dio el verte charlando con ella. Aunque, por lo visto, a alguien no le gustó tanto vuestra conversación.

–          ¿qué pasó?

–          ¿no te acuerdas?, ¿tan mal ibas?

–          No se, supongo que será también de la paliza, pero no recuerdo nada.

–          Yo estaba en la puerta de la taberna, esa noche quería hacer la ronda por el puerto, que la cosa está últimamente fatal por el centro de la ciudad. Nos saludamos. Vi tu estado. Nada nuevo, también últimamente.

–          Vale, me he de cuidar, sigue.

–          Entraste a la taberna y te sentaste junto a ella, en la barra. La invitaste a una copa, tan cortés como siempre. Salí hacia fuera. Me estaban llamando. Al rato, se escuchó un gran jaleo dentro. No sé qué pasó, pero se armó gorda, eso sí. Tenías sobre ti a dos tipos. Gritabas algo de salvar, de rescatar. Te arrastraron por la puerta de atrás. Ahí te perdí la vista. No sé más. Supuse que te darían una patada en el culo y te dejarían tirado, como otras veces en otros bares.

–          Pues ya ves que no, que tuvieron un poco más de consideración conmigo. ¿Los viste?, ¿los conoces?

–          Realmente, me suena la cara de uno de ellos. No sé de qué. Supongo que de coincidir por el barrio. Pero no son buena gente, eso seguro. Y, por cierto, ¿dónde vas?

–          La chica me dejó una nota y su teléfono. He hablado con ella, hemos quedado en vernos aquí, en el parque. Espero que me explique qué pasó.

–          No vayas. Es una trampa.

–          Vamos, no me jodas. Primero Lola que no vaya, ahora tú.

–          Mira, bonito, para llegar a esta farola he pasado por el parque, por si había algún cliente allí. No he visto ninguna niña mona en ningún banco. Pero si he visto algunos de esos hombretones que frecuentan las tabernas del puerto por las noches defendiendo a sus protegidas.

–          Hostias, sabes como soy. Necesito saber algo más.

–          Nolo. Hazme caso, no vayas. Pinta mal. Has debido de tocar alguna cifra sensible. Vete a casa. Si quiere algo de ti y tiene tu número, te volverá a llamar.

 

……..

 

¿Y ahora, qué?

La Puri ya nos ha puesto sobre aviso de que puede haber peligro. Pero Nolo es un hombre de honor y ha dado su palabra.

Pero, ¿vale la pena correr riesgo por una palabra que ni tan siquiera sabemos por qué la hemos dado?

¿Qué debería hacer Nolo, ir al parque o ir a casa?

Como de costumbre, los votos en los comentarios.