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Nueva colaboración impresa

 

Cuando desde @SilencioEsMiedo me comentaron el tema del número 3 de su revista y me propusieron colaborar, no tuve ninguna duda: lo iba a hacer con uno de los relatos a los que más cariño le tengo desde que publico en el blog.

 

“Tierna mirada” surgió en la primera temporada del juego de las tres palabras gracias a la propuesta de la fantástica Rosa @mrsrosaperez, que me retó a escribir un relato que incluyera las palabras: Bicicleta, manzana y cuchara. Con ellos, escribí el texto que está incluido en la revista. Un relato de amor desde la inocencia pero con la potencia justa para llegar a los sentimientos. Cada vez que lo leo me enternece y ha sido, desde el primer día, uno de mis favoritos.

 

Desde aquí no quiero más que agradecer a @SilencioEsMiedo el que haya vuelto a contar conmigo para su fantástica revista y os animo a todos a que os la descarguéis en alguna de sus versiones que podréis encontrar en el post que se abre al pinchar en el siguiente link:

 

El silencio es miedo Nº3

 

Además del mio, podréis encontrar más relatos, poesía y artículos de ensayo que hacen de la revista una delicia para leer.

 

Si, por casualidad, me leéis desde Palencia, recordad que os podéis hacer con una copia en papel en los establecimientos colaboradores, así que no perdáis la ocasión.

 

El silencio es miedo

Que, en los tiempos que corren, alguien se dedique a editar una revista en papel, gratuita y literaria es para pensar que aún quedan locos románticos que hacen de este mundo un lugar mejor.

Que, además, te den la oportunidad de participar en ella y formar parte de este maravilloso proyecto es todo un placer y un gran honor.

“Un mal día” es el relato con el que participo en este número y que podréis leer si os descargáis la revista.

Por todo eso no puedo dejar de compartir desde aquí este proyecto para difundirlo e intentar poner mi pequeño grano de arena para que crezca y se consolide.

Podéis conseguir la revista en formato digital en estos enlaces:

Versión digital

Versión PDF para imprimir

Pero, si estáis por Palencia, hay varios sitios en los que se puede conseguir físicamente y de forma gratuita. Corred a por ellos.

Y, por supuesto, no dejéis de visitar el blog “El silencio es miedo”. Ahí encontraréis más información sobre este número 2 de la revista, todos los que en ellos hemos colaborado y muchos otros textos que vale la pena leer.

 

 

Su momento

El tiempo pasaba. Inexorable. Hora tras hora. Día tras día. Año tras año. La rutina estaba instalada en su vida como un órgano más de su todavía joven cuerpo, acompañándolo en su camino por la existencia en este mundo, de su mano, de su mente, de su corazón.

Como cada día, se había levantado. Tras la ducha, en la que dejaba que el agua recorriera por su cuerpo durante unos instantes, llegaba la hora de afeitarse. Camisa, corbata, americana y a desayunar. El café recalentado que había sobrado de la noche anterior, ni tan siquiera una tostada, no tenía tiempo.

Diez minutos en metro. Con las mismas caras de siempre, las mismas miserias, las mismas tristezas. Muchos días se sorprendía al pensar por qué tan poca gente sonreía a aquellas horas en el suburbano. Y, enseguida, se quitaba esa idea de la cabeza, él tampoco lo hacía.

Las siguientes ocho horas las pasaba entre papeles, números, asientos contables, facturas, albaranes y llamadas de teléfono. Su único descanso era la  hora que tenía para comer, y que pasaba aburrido junto a un periódico ya manoseado en la sala que habilitada para esos menesteres, con la única compañía de una nevera y un microondas.

Tras la jornada vespertina, apagaba el ordenador, se volvía a colocar la americana y volvía a casa, en el metro, con las mismas caras de todos los días, que, pese a haber cambiado respecto a las de la mañana, no habían cambiado su semblante.

Cena ligera, viendo la televisión, las malas noticias de todos los días narradas por un presentador de telediario monótono. Y, tras ella, vuelta a la cocina, a fregar los restos.

Ahí empezaba a sonreír. Al olor de café recién hecho que salía de la cafetera. Porque sabía que llegaba su momento, su instante, su lugar en el mundo. Llegaba la hora de ser él, de quitarse la máscara, de disfrutar su libertad.

A partir de ese momento, como todos los días, recuperaba la ilusión, la sonrisa, el llanto, la alegría, la pena, el amor, la tragedia, la comedia, el drama, el optimismo.

A partir de ese momento la vida se ponía a sus pies, decidiendo él, en cada instante sobre ella. Sobre la suya y sobre la de muchos otros.

Se sentó, tomó el primer sorbo de su café, abrió su libreta, quitó la capucha a su pluma y comenzó a escribir.

“Ella llegó a casa, dejó caer el abrigo al suelo. Como única vestimenta le quedaron las medias de rejilla que acentuaban sus largas piernas. Él, que la estaba esperando, sonrió, mientras acariciaba la pistola que guardaba bajo su axila derecha.”

Dejó de escribir y miró la ventana. Había comenzado a ser libre. Había comenzado a volar.

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Fue @criscondediaz quien vino de visita y nos propuso las tres palabras que han estimulado mi imaginación para este relato (libreta, ilusión, volar).

Gracias, Cristina, por tu visita y tus palabras. Espero que te haya gustado y vuelvas a esta casa de vez en cuando. Este es tu relato.

 

 

Sonrisa obligada

Como cada día, suena el despertador. Me levanto, voy al baño, me echo agua fría en la cara y me miro al espejo mientras dejo que las gotas resbalen por mi piel.

Como cada día, me quedo unos segundos mirando mi expresión en el espejo, haciendo balance del día anterior, del descanso obtenido y pensando lo que, espero, me depare el día que entonces empieza.

Sin embargo, hoy ha habido algo distinto: Antes de coger los utensilios para afeitarme, he seguido un poco más viendo mi cara reflejada y me he obligado a sonreír. De varias formas; con la boca más abierta o cerrada, enseñando los dientes, escondiéndolos, forzando los labios… De varias maneras y durante un buen rato, me he obligado a sonreír.

Y es que llevo unos días de bajón, triste, deprimido, sin ganas de nada, ni de escribir, ni de crear, ni de fotografiar. Parece que mi creatividad, tanto profesional como personal se ha ido, se ha esfumado, dejándome huérfano de letras, miradas, números e ideas.

Y realmente me extraña, pocas veces me había pasado el tener una sequía de estas dimensiones. Habitualmente, cuando estoy triste es cuando mejor salen las palabras de mi imaginación y se plasman en letras sobre el teclado, dejando relatos que fluyen por lo más oscuro de mi ser. Es en esos momentos de bajón cuando parece que las ansias de contar historias, de narrar situaciones, se apodera de mi, dejando que bailen mis dedos sobre las teclas al son de un cerebro lúcido, rápido. Suelen ser mis mejores relatos, los más completos, los más perfectos, aquellos con los que más disfruto con su lectura posterior.

Sin embargo, hoy no he querido seguir la tendencia y me he obligado a pensar en positivo, a sonreír, a ver la vida con alegría. He querido dejar de lado todas esas maravillosas historias que escribo cuando estoy deprimido, y que hablan de desamor, violencia, asesinatos, suicidios y sangre.

Porque, eso si, cuando estoy triste escribo, y mato.

¿Y por qué no quiero que sea así?

Porque el problema es que no siempre es en ese orden.

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Este breve relato está escrito junto a una copa de Cardhu con hielo, como bien me aconsejaron que hiciera @inesbajo, @bebra_enf y @dtorresd6

Va por ellos.