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El último viaje

“Esimada amada:

Hay veces que el deber de un hombre está por encima de sus sentimientos personales…”

Así comenzaba la epístola que, en estos momentos, uno de sus fieles estaría depositando en el buzón de su amada.

Y, es que, en ciertos momentos de la vida, uno debe escoger  y él lo había hecho años atrás, con todas las consecuencias, cuando aquel grupo de hombres bien vestidos se habían acercado a él en el bar para ofrecerle un empleo. Le prometieron mucho a cambio, pero también le advirtieron del compromiso adquirido.

Su situación, en el paro y abandonado por su familia, era desesperada. Desahuciado y derrotado por las circunstancias tenía poco que perder y mucho por ganar, así que apuró su cerveza, se comió la última guindilla y aceptó.

Su vida cambió, y tanto que cambió: Coches caros, fiestas privadas, hoteles de lujo y, por supuesto, mujeres de escándalo.

Como contrapartida: Contrabando. Una palabra totalmente desconocida para él se hizo habitual. Nunca había oído hablar del wolframio y de sus aplicaciones para el blindaje de los proyectiles anti-tanque. Ni de que los rusos estuvieran tan interesados en dicho mineral. La guerra se había vuelto cruenta y lo necesitaban, pero los alemanes tenían su comercio muy controlado. De ahí el peligro de sus misiones.

Pero había decidido dejarlo, ya no podía más. Ese era su último envío y trabajo. Ahora sabía que le tocaría huir también del bando ruso, pero no le importaba, lo tenía todo pensado y en la carta cifrada a su amada estaban todas las instrucciones para poder ir a pasar el resto de sus vidas juntos a Argentina.

Echó un último vistazo a la veleta que coronaba la cabina de su zepelín, el único método de llegar a Stalingrado sin ser detectado por los radares alemanes y corrigió el rumbo, convencido de que su último cargamento sería entregado en tiempo y forma.

Todavía tuvo tiempo en pensar las últimas frases de su carta:

“… y tras este último viaje espero reencontrarme contigo en el más allá, para toda la eternidad.

Tuyo siempre,

tu amado.”

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La culpa de esta historia es de @Lailaelqadi

Gracias por tus tres palabras

…Espera… ¿tres?… ¡¡ en el texto hay más en negrita!!

Ya, pero es que nuestra amiga Laila tuvo un desliz y nos envió seis, así que las hemos reservado como traca final.

Gracias Laila!!!