Vértigo

Vértigo. Era una sensación extraña: veía lo que le rodeaba como si flotara, como si estuviera en una nube, la cabeza la tenía embotada, los sonidos le llegaban apagados, lejanos… Pero, si le preguntaban qué es lo que sentía, la palabra que le venía a la cabeza era vértigo.

Para eso no le habían preparado en la facultad. Habían sido años de estudio de formas, de redacciones, de maquetas, de luces. Pero no de sensaciones, de impresiones, de vivencias.

Estaba claro que la última clase y la más completa nunca te la enseñaban en la facultad, eras tú quien tenías que aprenderla una vez estuvieras en la calle, en el mundo laboral, en la empresa. Y ella pensaba que lo tenía aprendido.

Pero, por lo visto, estaba equivocada.

Vértigo.

La situación no era nueva, o, por lo menos, ella no creía que lo fuera. Había estado en situaciones similares, en varias partes del mundo, pero todas con un denominador común. Sin embargo, desde que aceptó este nuevo trabajo ya supo que iba a ser distinto. Lo había estudiado desde la distancia y creyó que sería capaz de adaptarse. Nunca pensó que fuera a ser tan distinto, pese a ser tan cotidiano.

Quizá era la edad, la situación, el motivo, el olor, el sonido. Quizá era ella, desbordada por lo absurdo de la situación. Quizá era la gente que la rodeaba, ciega de odio al contrario. El caso es que ahí estaba, paralizada, incapaz de hacer su trabajo.

Vértigo.

Sacudió la cabeza con fuerza, para sacar de ella la sensación que la atenazaba, para despertar a la realidad. Todo volvió de golpe: los ruidos, los lamentos, los colores, las sirenas, los gritos…

Ajustó el zoom de su cámara hacia el zapato ensangrentado del niño que había quedado tirado, en mitad de los escombros a los que un proyectil había reducido la pared en la que se creía seguro. Intentó que la cámara captara el zapato y la mano inerte que todavía apretaba una piedra, su arma, pero que no llegara más arriba, hacia la mueca en que se había convertido su cara infantil.

Por primera vez en todos sus años como reportera de guerra había sentido vértigo.

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La culpa de esta historia es de @Vimartiz

Gracias por tus tres palabras

 

4 Respuestas a “Vértigo

  1. Me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. ¡Qué chula! Estoy contenta de que tres palabritas mías hayan inspirado esto :-D

  2. te voy a confesar una cosa, como todo estudiante de periodismo siempre quise ser reportera de guerra. La vida me llevó por otros derroteros, pero un cachito de mí está en Palestina.

    • Todavía estás a tiempo de meter tu cámara en la mochila e irte de aventuras, pero, por favor, no tan peligrosas.
      Gracias por pasarte y comentar.
      Besos.

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