Zozobra

Se dejó caer sobre la cama, a plomo. Un zapato salió despedido de su pie y tropezó contra la cómoda para caer después al suelo de forma violenta, golpeando el tacón contra el parqué, como un martillo.

Se llevó las manos a los ojos y los frotó, suavemente, como intentando quitarse el sueño que se pega a los párpados por la mañana. Solo que era poco antes de la cena, y ella no había dormido.

Suspiró y se quedó mirando el techo. Su corazón latía con fuerza, desbocado. Al igual que su respiración, agitada, entrecortada. Imposible de acompasar ambos, optó por intentar calmar la segunda.

Su mente bullía. Su cabeza era una amalgama de ideas, imágenes, mensajes, sentimientos cruzados y confusión. Por mucho que intentaba ordenar todo lo que pasaba por su mente, nunca llegaba a atar todos los cabos. Su corazón se lo impedía, volviendo a enmarañar todo lo ordenado hasta el momento y añadiendo más elementos discordantes.

Empezó a tirar de hilo, intentando recordar en qué momento su vida cambió de sentido, cuándo las aguas tranquilas del mar por el que navegaba se habían transformado en una marejada que movía su bote de un lado al otro haciéndole perder el equilibrio constantemente.

Cerró los ojos intentando dejar la mente en blanco, no pensar en nada, vaciar sus ideas para empezar de cero. Únicamente el sonido del agua de la ducha de su marido, en el baño al lado de la habitación, rompía el silencio en que la estancia estaba sumida.

De pronto, otro sonido la sacó de sus pensamientos. Una campana digital sonaba en su tablet, apoyada en la mesita. Se levantó sobresaltada, como un resorte y la cogió. Con dedos temblorosos pulsó los números correspondientes al desbloqueo del aparato.

El corazón le dio otro vuelco al leer las letras que le devolvía la pantalla: “No puedo esperar a volver a imaginarte. ¿Qué llevas puesto?”. 

Sonrió, se sonrojó y volvió a suspirar.

La marejada se estaba convirtiendo en tormenta.

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Fue @Bebra_enf quien vino de visita y nos propuso las tres palabras que han estimulado mi imaginación para este relato (Zapato, marejada, tablet).

Gracias, Bea, por tu visita y tus palabras. Espero que te haya gustado y vuelvas a esta casa de vez en cuando. Este es tu relato.

 

29 Respuestas a “Zozobra

  1. Este tendrías que continuar la historia. Tiene buena pinta y seguro que le puedes poner sangre. Me gusta.

  2. No me ha gustado, Carlos. ¡Me ha encantado!
    Me declaro fan del amante, directo al grano, sin palabrería bonita ni estrategias absurdas.
    Ella formando parte de un matrimonio próspero y feliz, pero sumido en la monotonía.
    Y el marido… en la ducha. Ufff. Lo imagino tremendamente atractivo, marido amantísimo que vive para y por ella. Feliz.

    Me da curiosidad (mucha!) saber cuál podría ser el final. Y ya que me siento un poquito parte del relato, me gustaría inventarme un final para esta historia, desde mi humilde capacidad literaria. Nada tendrá que ver con el que podrías escribile tú, pero me hace mucha ilusión. ¿Puedo, puedo, puedo? :-) Aquí va:

    «”¡Hola, cariño! ¡No te había sentido llegar! ¿Qué tal el día?” – le dijo mientras se dirigía a ella para darle un suave y sutil beso en los labios.
    “Ha sido agotador. Y mi jefe, como siempre, dando el coñazo. Ufff…” Y mientras la abrazaba, recordó el efecto terapéutico de los abrazos de su marido. Conseguían sosegarla y devolverle a la vida por mal que fuesen las cosas. Los de su marido. Su marido. “Pero, ¿qué coño estoy haciendo?!” – pensó, mientras él se ofrecía a prepararle un baño caliente. “Sería perfecto, Cariño. Pero sólo si lo compartes conmigo”, le dijo sonriéndole pícaramente. Él le devolvió la sonrisa, la besó suavemente en los labios y fue a preparar lo que sería un final perfecto para un día complicado.

    Volvió a coger su tablet, introdujo el código y allí estaba el mensaje. Releyó sólo la última frase: “¿Qué llevas puesto?” Y sin pensarlo ni un momento escribió: “Te lo he dicho. Ni debo, ni puedo, ni quiero. No me busques más, por favor”. Envío el mensaje, borró la conversación y lo eliminó de sus contactos. Y de su vida.

    Suspiró profundamente, se quitó la ropa, se vistió con su sonrisa más bonita y se dirigió junto a su marido. Había capeado el temporal y recuperado el timón de su vida. Nunca, jamás, volvía a perderlo. Se lo prometió a sí misma y siempre cumplía todo aquello que prometía…»

    Espero que te haya gustado el final alternativo, Carlos. Me hacía mucha ilusión escribirlo, de verdad.
    Mil gracias por todo.
    Besos mil:
    Bea.

    • Fantástico final.
      Pero seguro que hay otros, ¿alguien se anima a entrar en el debate y terminar la historia a su manera?

      Gracias por este gran comentario. Me alegro que te haya gustado.

  3. Vamos a otro! :
    Ella tenía los cabos atados desde hace tiempo.
    Él llegaba a casa, y ni siquiera le preguntaba como le había ido el día.No era él precisamente una persona cariñosa con ella.Nunca lo fue.
    Y entonces es cuando ella pensaba : si era miedo a demostrar sus sentimientos, miedo a perderla, miedo al fracaso.
    Esa mañana se oyó la tablet, y ella la apagó, pues consideró que al fin y al cabo, eso no era real.
    Se puso en pie, cogió su bolso dispuesta a marcharse y le dijo: “piénsalo : ¿porqué te cuesta tanto un abrazo ó un beso, ó un¿ cómo estás?, sinceramente, tú me quieres?, ¿ alguna vez me has querido?, porque si es que no”, estamos perdiendo el tiempo, y si es que sí, por qué no lo demuestras?”

  4. Aunque éste post, darí para muchas más.Interesante.

    • Muchas gracias, Maria, por aportar tu granito de arena a esta historia.
      Perfecto final también, en esta ocasión, con despedida.

  5. Charo Fernández Flórez

    ¿Me atreveré? Creo que sí.

    …y supo que su vida era la tormenta, que ella no amaba la calma, que la zozobra era su medio y no quería, ni podía evitarla.

    • Charo, me ha encantado como has descrito en dos líneas todo un sentimiento y una decisión.

      Gracias por pasarte y comentar.

  6. Dubitativa, desplazó el índice derecho sobre la superficie de la 7″, hasta llegar al icono de la cámara. La pantalla le devolvió el ruborizado esbozo de su cara. Sonrió. Estaba lanzada.

    Apoyó la tablet sobre el sinfonier, y comenzó a desabrochar los botones de la ceñida blusa que llevaba.

    El corazón volvía a galopar. La respiración de nuevo, entrecortada.
    Y mientras el sonido del agua continuaba.

    Programó el disparo en ráfaga, encuadró la estancia. Retrocedió un par de metros y se puso de espaldas.

    De reojo se veía en el espejo y por primera vez en años, se gustaba. Insinuante, delicada, sus manos recorrían su cuerpo mientras posaba. El vello erizado, las curvas pronunciadas, la plenitud de sus pechos, la húmeda encrucijada… Sentía como algo en su interior le quemaba.

    Sumergida en un mar de dudas envió el mensaje. Agarrada a las sábanas, se sentó temblorosa a esperar en el borde de la cama.
    Y al poco tiempo, por segunda vez, sonó la campana.

    Y volvió a sonreir, encantada, una sirena decía que la amaba.

  7. “Y que es la vida, sino una búsqueda constante del equibrio para luego acabar en un jardin”
    Gracias Carlos por tus relatos

  8. Y es que no sólo la campana la avisaba de un mensaje entrante. El esperar oir esa campana especial le recordaba que su a vida le faltaban cosas, entre otras, la emoción. No sabía desde cuándo, sólo sabía que las necesitaba y el cuánto era lo más preocupante. Se debatía si contestar ya o hacerle esperar un poco. Necesitaba más tiempo para procesar lo que había vivido la noche anterior en aquella “cena de trabajo” improvisada que tuvo que inventarse. Estaban demasiado frescas las imágenes y las sensaciones en su mente y en su cuerpo. Cesó el murmullo del agua. No le quedaba mucho tiempo para decidir qué hacer. No, ahora no era el momento para contestarle. Decidió apagar la tablet y sólo tuvo el tiempo suficiente para poner una clave a su protector de pantalla. Era lo más sensato dadas las novedosas y excitantes circunstancias que invadían su vida de pasión y deseo. Sabores que había dejado de experimentar hacía tiempo, demasiado tiempo. Le vió salir del baño con el torso desnudo y la toalla tapando sus piernas. Recibió el beso amistoso de costumbre en sus labios, pero sólo amistoso porque no le acompañaba el brillo que necesitaba ver en sus ojos. Lo devolvió, como siempre, por inercia. Recogió el zapato y recordó que por él todo empezó. Decidió darse una ducha. Tal vez así borraría un poco las huellas de la última noche. La cena de hoy sería más complicada que las anteriores. Su mente estaría en otra mesa y en otra cama que no era la suya. Y camino del baño oyó el aviso de un mensaje entrante en el móvil de su marido mientras éste le preguntaba qué le apetecía cenar. “Cualquier cosa, cariño, no tengo mucha hambre …” le contestó dándole la espalda. Su apetito, por primera vez en mucho tiempo, era de otras cosas. Y por primera vez también vez se preguntó de quién serían los mensajes que, como de costumbre y a la misma hora, recibía su amistoso y cordial marido…”

    • Vaya, el marido también tiene su protagonismo.
      Genial, me ha gustado mucho.

      Gracias, Teresa. No ha sido tan difícil. ¿Para cuando tu blog?

  9. Lo prometido es deuda. Gracias por compartir tus letras y dejarnos participar. Un abrazo.

  10. Pues me toca… Aunque el nivel es muy alto!

    Al oir la campana, reocordo tantas cosas. Recordo los ultimos años. Y los ultimos dias. Sabia lo que tenia que hacer. Sabia lo que no queria hacer. Sabia que de una vez tenia que decir lo que habia pospuesto ya hacia demasiado tiempo.

    Sabia cual era el problema. Pero siempre es mas facil no decidir, a pesar de las complicacionese.

    Sabia que no decidir era, tambie, decidir.

    Y desbloqueo la tablet. Y escribio, pausada y tranquila: “gracias. Gracias por tanto. Disculpa tambien por tanto. Pero tengo que pedirte, que rogarte, que te vayas. Que me dejes. No se cuanto, puede que poco o puede que para siempre. Tengo que poner mi vida en orden y solo puedo hacerlo… sola..”

    Cerro la tablet y la apago. Apago el telefono y dijo, suave, pero firme:”cariño, tenemls que hablar. O sea, quiero decirte muchas cosas, sientate a mi lado…”

    Y empezo…

  11. Sonrío y escribió “Sólo lo que tú quieras que lleve”. El rubor le subió a la par que subió el comentario. Miró pensativa hacia la puerta del baño. La ducha seguía cayendo con tal fuerza arroyadora, que se llevaba su deseo al otro lado de la puerta.

    Se desnudó con premura, dejó las joyas en la mesita y fue sigilosa hacia la puerta del baño. Y abrió con cautela.

    El hombre, quieto bajo la ducha, se giró sorprendido:

    – ¿Quién coño es usted?- Gritaron al unísono, corriendo ambos a por una toalla.

    En ese mismo momento, La puerta del apartamento se cerró con fuerza y se escuchó:

    – ¡Cariñooooo! Ni una pieza de ropa quiero que roce tu cuerpo… Ya voy…

    Aterrados, los dos desconocidos del baño se miraron a la cara, porque no sabían a donde mirarse. En ese mismo instante, mientras permanecían petrificados en el baño él, en la puerta ella, los dos desnudos, el marido abrió la puerta del dormitorio tarareando una canción cómplice de los dos.

    -Hola mi vida, quítate esa toalla -tirando sus pantalones y calzoncillos sobre la cama, le recordó- te he dicho que nada de ropa… ¿Qué te pasa?

    La mujer giró lentamente la cabeza hacia el interior del baño. El marido se asomó con curiosidad y se quedó boquiabierto…

    – ¡Santo Dios, Ramón! Qué susto me has dado.
    – ¿Ramón? -Repitió la mujer con sorpresa- ¿Os conocéis?
    – Hummm, Si – reconoció el marido, encogiéndose de hombros- Es una sorpresa – mirando a Ramón añadió – Ya te vale. Podías haberme esperado. Anda sal.

    La mujer no salía de su asombro. No atinaba a pedir una explicación. Su marido decidió no dejar pasar un segundo más. Se acercó a su mujer, le besó el cuello y le susurró al oido.

    – ¿Te acuerdas de lo que me contaste, hace una mes, en aquel hotel del congreso de cultivadores de fresón del Ampurdá?- Y le mordisqueó la oreja.
    La mujer se sonrojó y afirmó con un gemido.
    – Pues he decidido que ¡Por qué no! Ramón sabrá lo que hacer. Hemos hablado.

    La mujer sonrió y empezó a sentir un calor irrefrenable por todo su cuerpo. Pensó “Un deseo cumplido”, en el mismo momento que Ramón se sumó al beso marital…

  12. Otra:
    Y ella respondió : “sinceramente, lo que llevo puesto es el delantal de la cocina, poco erótico no crees?
    Así que se armó de valor, se quitó el delantal, volvió a sus zapatos de tacón, cerró la tablet, y le dijo a su marido, :”corazón, está la paella a medias, termínala tú, que yo me las piro.
    Se fué al armario, cogió su tableta preferida, la de chocolate O-o, y con una sonrisilla malévola salió por la puerta.
    Y no me pregunteis el porqué, que todavía no lo entiendo…jeje

  13. No tuvo que pensar mucho para contestar:

    -Sabes perfectamente lo que llevo puesto.
    Acabas de ver como me vestía, despacio,
    delante de ti. Sabes que me gusta provocarte.
    Además todavía no me he quitado la ropa interior
    tan bonita que me has regalado.
    Es preciosa, querida. Gracias. Nos veremos mañana.
    Buenas noches amor.

  14. no se yo si voy a estar a la altura

    ¿Y si era lo que llevaba esperando toda su vida? Un amor así, vibrante, cómplice , cariñoso, emotivo, sensual, tierno…
    Pero sólo de pensar en la reacción de su marido….En ese momento empezó a temblar y las lagrimas recorrieron su rostro.
    No, él jamás la dejaría marchar.
    Su brazo se encargaba de recordárselo todos los días

    • ¿A la altura?
      Madre mia, con los pelos como escarpias. Un giro que nadie había previsto hasta ahora.

      Muchas gracias por participar.

  15. Cansada, trató de recordar cómo seguía aquella frase: “Cariño, tú…”
    Cerrando los ojos y con la música de fondo del agua, rememoró antiguas y agradables sensaciones. La emoción de los encuentros furtivos, las mariposas en el estómago, las prisas para borrar los mensajes. Le gustaba volver a los recuerdos, pero estaba tan agotada que no podía pensar. Además, recordar se hacía cada vez más costoso. Tanto tiempo ante las pantallas, tanta información que procesar, habían convertido su memoria en una serie de imágenes superficiales. Y el esfuerzo en ese momento, a la vuelta del trabajo, era excesivo. Llevaba ya tantos años trabajando que no podía más.
    Cómo era la frase: “Cariño, tú que eres…”
    Volvió a sus pensamientos. En aquella época las emociones a la vez que placer le producían un constante desasosiego. Se debatía entre sus deseos y sus obligaciones. Se preguntaba si lo que ocurría era consecuencia o causa de la situación con su marido, sin encontrar la respuesta que podría ayudarle con la solución.
    Él también llevaba demasiados años trabajando. Por culpa de aquella lejana crisis de 2008, ninguno de los dos había podido jubilarse cuando lo tenía previsto.
    De pronto, la recordó:” Cariño, tú que eres tan habilidoso, ¿podrías…” Y se completaba con lo que se quisiera pedir. Hoy estaba claro, echar un vistazo a Zozobra. Esta aplicación anda fatal. Cuando estoy cansada y vestida no debe preguntar qué llevo puesto. Antes funcionaba perfectamente. Detectaba mi estado de ánimo y mi imagen y actuaba en consecuencia para complacerme, pero hoy a saber con qué habrá confundido mis sofocos. Qué complicadas eran nuestras vidas antes de que Zozobra llegara para ayudarnos. Aunque tal vez podamos intentar…

  16. Llevaba suspirando desde que llegaron al hotel. Sólo habían pasado dos noches allí. Estaba haciendo lo que creía que debía hacer una buena esposa: complacer a su marido en absolutamente todo. No sabía cómo escapar de aquella angustiosa situación.

    Volvió a mirar la pantalla y con dedos temblorosos respondió al mensaje:

    – No me hagas esto, mi amor. Dame tiempo. Sólo han pasado un par de días y me estás volviendo loca. ¿Qué se supone que debo hacer?

    Inmediatamente una nueva notificación:

    – Te sigo pensando con tu vestido blanco y soy yo el que se está volviendo loco. Vuelve cuanto antes de ese maldito viaje. Esto es una tortura.

    Él no podía tener más razón. Sólo ansiaba poder regresar en el tiempo y deshacer la estupidez que había cometido casándose con alguien a quien no quería. Únicamente deseaba que acabase por fin aquella amarga Luna de Hiel.

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